Economista ciudadano

El Supremo restaura la ultractividad de los convenios

El Tribunal Supremo ha dictado una sentencia que restaura uno de los tantos  atropellos a los derechos de los trabajadores que la Reforma Laboral del Gobierno del PP consagró. Se trata de la llamada ultractividad de los convenios, es decir la vigencia del mismo a pesar de su caducidad, más allá de un año tras el fin del acuerdo.

El TS  ha desmontado el pilar fundamental de la Reforma Laboral del PP

Esta medida eliminaba cualquier incentivo de las empresas a negociar la renovación de los acuerdos, especialmente en aquellas empresas a las que no se aplicaba el convenio de ámbito superior. Esto significaba, de facto, que la empresa podía eliminar todos los acuerdos firmados y acordados, incluidos el salario, la jornada laboral u otros derechos adquiridos, lo que reducía el poder de negociación de los trabajadores hasta el mínimo.

La justificación a la pérdida de este derecho laboral se basaba en que había dolo para las empresas en la vigencia de los convenios sine die, y que solo rompiendo esta práctica, las empresas podían sobrevivir, sin ajustar plantillas. En la práctica, esta medida ha sido la responsable de que se hayan reducido los salarios de forma notable en los últimos años, eliminando prácticamente el derecho a la negociación colectiva a casi un 25% de los trabajadores españoles.

Los derechos adquiridos en los convenios se mantienen una vez vencido el acuerdo

La teoría de juegos nos ilustra que los juegos cooperativos son una garantía de eficiencia en la resolución de conflictos, frente a los juegos no cooperativos. Por eso, sorprende que se pretenda desde el ámbito político y empresarial, romper el equilibrio entre las partes involucradas en un convenio colectivo, es decir empresarios y trabajadores. La apuesta por la pérdida de derechos laborales ha sido la máxima desde que el PP llegó al gobierno, algo que el PSOE también contribuyó con las sucesivas reformas laborales y que fueron objeto de varias huelgas generales en el pasado. La conculcación de prerrogativas de los trabajadores sólo se explica en por un conflicto de clase entre el capital y el trabajo, que se debería haber resuelto como en otros países de nuestro entorno.

La cogestión en las empresas, como pasa en Alemania es un ejemplo de juego cooperativo en el que las partes pierden poder de negociación a cambio de paz interna y reparto más equitativo de los frutos de la actividad empresarial: los propios agentes son los responsables de buscar el óptimo paretiano que permita pactar la distribución de rentas, a diferencia de lo que facilitaba la redacción y aprobación de la Reforma Laboral.

La negociación colectiva entre iguales garantiza el óptimo para los agentes

La sentencia dicta un cambio tajante. Los convenios mantienen la vigencia, y con ellos todos los derechos de los trabajadores, para todos los trabajadores que estén en plantilla en el momento que un convenio finalice su vigencia, lo que deja una cierta laguna jurídica para los trabajadores que se contraten con posterioridad, y también qué elementos del convenio pierden vigencia y cuáles no. Con esta sentencia, que gracias a la existencia de comités de empresa y sindicatos de clase, los trabajadores ganan el derecho a mantener vivas las conquistas logradas en la negociación colectiva, elemento clave que dignifica y dota de eficiencia a las relaciones laborales. Esta sentencia, además, abre de nuevo un debate que en España no se acaba de cerrar. Más allá de factores de corrupción y malas prácticas, que las ha habido y son denunciables, lo que se pone de manifiesto es que la existencia de negociadores, es decir sindicatos, es imprescindible para defender los derechos de los trabajadores, ya que estas conquistas no vienen del cielo, hay que ganarlas en las mesas de negociación.

El gran problema es que los ciudadanos, por el hartazgo de la corrupción y la crisis institucional y política, han dejado de luchar creyendo que no tiene sentido. Pero estas sentencias devuelven a la realidad a todos los free riders, es decir los gorrones, que sin arriesgar nada, sin afiliarse a ningún sindicato, consiguen aprovecharse de todas las mejoras de un convenio o de hechos como el que la sentencia del Supremo suprime, es decir un verdadero atropello a los empleados de una empresa, pero sobre todo a la lógica de la cooperación entre iguales.

Los derechos laborales no caen del cielo

Las razones económicas de las empresas responden a la forma de hacer empresa en España. Es decir, aquella que prefiere trabajadores sin derechos, mal pagados, sin formación y con horarios de trabajo irracionales. Esas mismas empresas que prefieren el conflicto a la negociación, la extracción de rentas a la distribución equitativa y en suma, el abandono de la paz social.

Esta forma de hacer empresa la han transmitido muy bien, salvo las grandes empresas que van por libre, a los diferentes ejecutivos y han creado un verdadero trending topic: este tipo de medidas es lo que garantiza el empleo y el crecimiento a largo plazo. Los lobbys empresariales, junto a los gobiernos del PP y del PSOE, han logrado desarmar la negociación colectiva, que sólo volverá a fortalecerse si se conjuran los trabajadores y los jueces, porque de los políticos actuales poco se puede esperar. 


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