Economista ciudadano

Retos para una España en quiebra

Los dos próximos meses van a ser frenéticos para el conjunto de políticos profesionales que, después del letargo de la legislatura, van a conocer por fin a algunos ciudadanos de sus propias circunscripciones. De los bares del Congreso y aledaños, pasarán a sufrir las peticiones de pensionistas, madres solteras en situación de pobreza, niños escolarizados en barracones o parados de larga duración. La manada de diputados y senadores, acompañados por los líderes regionales, más desconocidos aún que sus representantes, recorrerán pueblos y ciudades prometiendo mejoras en aspectos cruciales como el empleo, la educación, la violencia de género, sólo algunos, la justicia, la agricultura, los salarios, la limpieza, infraestructuras, en muchos casos inservibles, para después retirarse a confesarse por el pecado de mentir con tanta desfachatez.

El país se prepara para otro aluvión de carteles caros e irrelevantes, propaganda en papel que nadie utiliza, mítines estériles que sufragarán personajes oscuros, comisiones para empresas de afines al partido de turno

Los políticos volverán a prometer lo que saben que no van a cumplir

Con este panorama, el país se prepara para otro aluvión de carteles caros e irrelevantes, propaganda en papel que nadie utiliza, mítines estériles que sufragarán personajes oscuros, comisiones para empresas de afines al partido de turno, y sobreactuación en los medios de comunicación que también son parte del entramado mercantil que caracteriza una contienda electoral con metodología del siglo XX. Todo ello regado con financiación pública poco transparente, que será analizada por el Tribunal de Cuentas dentro de cuatro años, cuando esta camada de actores políticos estén cerrando la próxima legislatura.

Se avecina una nueva campaña con métodos caros y propios del siglo XX

Con estos apriorismos, el escaso prestigio social e intelectual de gran parte de los contendientes electorales favorece una tipología de campaña simple, vacía de contenido, solo salpicada por ocurrencias y mucho marketing de los creadores de líderes mediocres, que tanto daño han hecho a este país. Este envoltorio de celofán, que tanto brilla en programas estrella como Salvados, esconde una falta de preparación alarmante para acometer los gravísimos problemas que aquejan a España. Un país con una economía quebrada a largo plazo, con un sistema de Seguridad Social insostenible, con un grado de formación y cualificación de gran parte de la población realmente preocupante. Pero también con un entramado empresarial caduco, que se aprovecha de su poder de negociación para esquilmar gran parte de las rentas internas sobre la base de baja productividad, salvo sectores y zonas puntuales, bajos salarios y desprecio absoluto por la participación de los trabajadores en la toma de decisiones.

Los grandes retos son el empleo, nuevo modelo productivo y un empresariado diferente

Una economía atrofiada, obnubilada todavía por una herencia de dinero fácil, gracias a la burbuja inmobiliaria y crediticia, que todos quieren resucitar. Sin señales de ningún cambio en el patrón de crecimiento, los lobbys inmobiliarios, turísticos y financieros, junto a las constructoras, ya están tomando posiciones para volver a engañar a los futuros inquilinos de la Moncloa para venderles la cuadratura del círculo. Dinero fácil y barato, crédito sin restricciones, empleo abundante, temporal y mal pagado, compra compulsiva de coches y casas por esa población joven, que anestesiada por esa falsa riqueza, devolverá el voto a los dos grandes partidos, como en el pasado.

Los grandes partidos tratarán de resucitar una nueva burbuja

Este esquema de producción, que se complementa con temporadas turísticas boyantes, favorece la aceleración temporal de las cifras de crecimiento, otra cosa es si están bien medidas o no, falsea la realidad estructural de nuestro crecimiento a largo plazo, pero permite tener legislaturas cómodas y placenteras, como la segunda de Aznar y la primera de Zapatero. Pero nadie presta atención a que la tasa de empleo media en España está en el 47%, y la tasa de actividad en el 58%. Que el desempleo crónico, sumando el subempleo, nos llevaría a una tasa de paro del 28%, pero para ello el INE debería calcular estas estadísticas, como se hace en EEUU.

Sin industria, todo el mundo sabe que la productividad se resiente y que el empleo y los salarios quedan a meced de la temporalidad y la devaluación salarial

Sin industria, todo el mundo sabe que la productividad se resiente y que el empleo y los salarios quedan a meced de la temporalidad y la devaluación salarial. La política industrial, devastada tras la entrada en la UE, ha sido castigada en multitud de sectores, salvándose de momento, algunos puntuales como el automóvil, aunque nos hayamos convertido en meros ensambladores de utilitarios. Ello también ha devastado el incipiente modelo de ciencia e innovación que se intentó instalar a partir de 2004. Fue un claro espejismo que fue fulminado por la crisis, creyendo que la investigación y la ciencia es un gasto y no una inversión. Como los réditos de todo ello no sirven para cortar cintas, y su maduración supera claramente una legislatura, los insignes diputados del PP y otros, decidieron que aquí no vale la pena investigar. A cambio, expulsamos población bien formada al exterior, y con experiencia investigadora, para que el fruto de todo ello se lo queden en Alemania o EEUU. Colbert ha vuelto encarnado en De Guindos y Rajoy.

La investigación y la educación de calidad solo se puede obtener yéndose de España

Si todo esto falla es porque el sistema educativo ya no cumple su papel esencial. Ha dejado de ser la escalera del ascensor social, segregando cada vez más a los millones de alumnos que vegetan en las aulas, que son obligados a obtener títulos que ya no sirven para nada. Los que defienden un modelo educativo al servicio del sector productivo son los mismos que preconizan un modelo universitario cada vez más endogámico y cuya burbuja explotará alguna vez. Ese sistema que impone una barrera a la entrada en el ámbito universitario consistente en publicar artículos de supuesta investigación que nadie controla y que, en la mayoría de los casos, no tiene ninguna incidencia en la sociedad. Estos investigadores se autocitan entre ellos y mantienen revistas prestigiosas que apenas se leen, pero que suponen el mayor hito para enseñar en la gran mayoría de Universidades. Pero nadie se ocupa de controlar si la docencia que se imparte cumple los mínimos estándares de calidad o utilidad. Algunos de estos brillantes investigadores, defensores de esta burbuja endogámica, se postulan como futuros Ministros de España.

La asimetría en las dotaciones de capital humano y físico en España son tan sangrantes, que es imposible que haya una convergencia si no se prepara a conciencia un verdadero cambio estructural

Esta desigualdad incipiente, que ya nace en la escuela, se ha convertido en el gran cáncer, no solo de la economía española, sino que se ha generalizado a nivel internacional. La asimetría en las dotaciones de capital humano y físico en España son tan sangrantes, que es imposible que haya una convergencia si no se prepara a conciencia un verdadero cambio estructural en materia educativa, productiva, empresarial y también política. Los diferentes grandes partidos han tomado sus respectivos feudos como agencias de colocación se sus huestes, y favorecen a empresas afines que han colaborado en la gran parte de casos de corrupción a lo largo de toda la geografía. De nada servirá que los líderes cambien y ahora luzcan juventud, buen vestir y aseados discursos. Seguirán siendo marionetas en manos de los grandes lobbys, incluso los que se arrogan la etiqueta de nuevos, limpios y vírgenes.

En suma, España se encamina hacia el abismo por falta de voluntad real de cambio en una sociedad vieja, cansada y hastiada de líderes carismáticos y huecos, cuya única aspiración es acabar en algún Consejo de Administración de una multinacional. Una sociedad demasiado acostumbrada a caudillos que les solucionen sus problemas y que tiene en el dinero el becerro de oro que suple la carencia de espíritu crítico y formación de vanguardia para luchar por una sociedad libre y próspera de verdad.


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