OPINIÓN

Reducir los costes de despido no reducirá la temporalidad

Hay un total de 1,277 millones de hogares con todos sus miembros en paro, cuya probabilidad de ser empleados es tan baja, que muchos de ellos van abandonando la actividad y pasándose a las cifras de la economía sumergida, o simplemente la inactividad.

Fátima Bañez charla con Cristóbal Montoro en el Congreso.
Fátima Bañez charla con Cristóbal Montoro en el Congreso. EFE

Cada vez que llega el trimestre veraniego, la publicación de la EPA en España reabre el debate sobre la calidad y cantidad del empleo, la temporalidad y la productividad. Año tras año, salvo en épocas de fuerte recesión, la tendencia en el segundo trimestre es simétrica: se crea mucho empleo, se reduce el paro y los políticos de turno, y los académicos de la corte, se aplauden ellos mismos, como si fuesen los responsables de la contratación de tanto camarero y socorrista.

Como cada verano, se reabre el debate sobre la temporalidad y la calidad del empleo al calor de la EPA.

En el caso del segundo trimestre de 2017 en España, se han conjurado, además, otros factores. En primer lugar, por fin, el PIB ha alcanzado el nivel de 2007, inicio teórico de la crisis sistémica, que no coyuntural o cíclica, en la que todavía seguimos. Esta noticia, tan triste como discutible estadísticamente, dados los problemas de medición del PIB, sin embargo, no ha venido unida la recuperación del empleo EPA, ni de la afiliación a la Seguridad Social. Por tanto, una primera conclusión que se puede extraer, con limitaciones, es que el crecimiento que se está generando no es tan intensivo en factor trabajo, sin que ello suponga una mejoría clara de la productividad.

En junio de 2017 se ha igualado el PIB del 2007, pero el empleo sigue un 50% por debajo de dicho periodo

En concreto, de los 3,8 millones de empleos perdidos entre 2007 y 2017, quedarían por recuperar más de 1,9 mill., es decir un 50%. Esto indica que las horas de trabajo no se han recuperado, el empleo total se trocea y la temporalidad no deseada se multiplica. Si a esto se une que los salarios tampoco han recuperado los niveles previos a la crisis, más de 35.000 mill€ menos de masa salarial, tenemos una economía claramente enferma. El denostado Zapatero, no él, sino bajo su mandato, situó la tasa de paro en el 7,9% y una ocupación máxima de más de 20 mill. de personas. Hoy con casi la misma población activa, tenemos una tasa de paro del 17,2% y un número de ocupados de 18,8 mill, todavía muy lejos de 2007. Pero sigue siendo muy grave la baja tasa de empleo, un 48,6% y una población activa que sigue disminuyendo desde el año pasado. Con todo, el empleo crece a tasas del 2,8% anual, similar al crecimiento del PIB, lo que vuelve a mostrar un país poco productivo, cuyo gran impulso sigue siendo la hostelería, aunque industria y construcción hayan experimentado crecimientos del empleo de más del 5%, teniendo en cuenta que vienen de cifras muy bajas.

Este mercado laboral dual, poco productivo y con elevada temporalidad no deseada, nos sitúa en cifras de tasa de paro extendida (similar a la que se calcula en EEUU) de más del 30%

Este mercado laboral dual, poco productivo y con elevada temporalidad no deseada, nos sitúa en cifras de tasa de paro extendida (similar a la que se calcula en EEUU) de más del 30%, algo que se sigue escondiendo en todos los debates públicos y privados, centrándose todo en la regulación del mercado, el contrato único y el absentismo de los trabajadores de baja por enfermedad, pero también la rémora de la negociación colectiva, algo que ha unido a los conservadores, libertarios, liberales moderados y social progresistas.

El mercado laboral sigue igual: dual, elevada temporalidad no deseada, baja productividad y cada vez con menos convenios colectivos

Pero el drama del desempleo estructural y el número de hogares donde todo el mundo está en desempleo, fruto en muchos casos de darwinismo social creado por la propia sociedad, que tiende a estigmatizar la pobreza, tampoco mejora al ritmo deseado. Hay un total de 1,277 millones de hogares con todos sus miembros en paro, cuya probabilidad de ser empleados es tan baja, que muchos de ellos van abandonando la actividad y pasándose a las cifras de la economía sumergida, o simplemente la inactividad.  

Pero lo verdaderamente grave sigue siendo la baja tasa de empleo y tasa de actividad, aunque estas variables no tienen el glamour de la temporalidad

No hay que olvidar que la economía española es una de las pocas en las que crece el empleo a tasa del 3% y la población activa desciende, probablemente porque la precepción del futuro siga siendo muy negro. Con todo ello el empleo estacional crece en el último año un 7,7%, frente al 1,8% el indefinido, seguramente por la dichosa regulación y los enormes costes de despido de los pérfidos trabajadores españoles. La pregunta es sencilla. 

Si los costes de los trabajadores temporales son significativamente más bajos, ¿por qué no se contratan solo temporales?

Si los costes de los trabajadores temporales son significativamente más bajos, ¿por qué no se contratan solo temporales? ¿Qué empuja a un empresario a contratar a un trabajador indefinido, si puede contratar a un temporal, cuyos costes de extinción son muchos menores, incluidos los judiciales? Tal vez la respuesta esté en el tipo de trabajo y/o en las expectativas, amén del tamaño de empresa y la capacidad de generar rentas.

La solución para algunos es igualar costes de despido entre indefinidos y temporales, lo cual no es la panacea

Un claro ejemplo es la propia administración, empleador de trabajadores temporales por antonomasia en algunos sectores, como la educación, sanidad, etec. Es decir, es una decisión que tiene que ver con la cuenta de resultados y las expectativas, y no tanto de los costes de despido como algunos se empeñan en pontificar, utilizando correlaciones que en algunos casos son espurias y que no incluyen factores específicos de algunos sectores, tipología de empresa y probabilidad de quiebra.

Expectativas, estacionalidad, la propensión al fraude, laxitud de la justicia y la sociedad explican la propensión a la temporalidad

La solución mágica que proclaman algunos académicos es tan fácil que bastaría con cambiar el Estatuto de los Trabajadores y la reforma laboral sobre la base de igualar los costes de despido entre temporales e indefinidos (obviamente a la baja, aunque no se atrevan a decirlo), dos o tres contratos delimitando sus usos, y ello haría que el mercado español convergería a la media de temporalidad europea. Tal vez deberían saber que en España básicamente se utilizan tres, o como muchas cuatro figuras contractuales, obra y servicio, temporal ordinario e indefinido (en sus versiones a tiempo completo o tiempo parcial).

En España la gran mayoría utiliza tres tipos de contratos, no alejado de los deseos de los social liberales

Por supuesto, la inspección de trabajo no controla el fraude porque la patronal no le interesa que se investigue y al gobierno tampoco. La pregunta entonces es por qué las empresas siguen contratando a tiempo parcial, pero exigiendo que se trabaje a tiempo completo, lo que sin duda mejora la cuenta de resultados. Muchas empresas también obligan a trabajar como falsos autónomos, por lo que les importa poco si el coste de despido de temporales e indefinidos se iguala.  En los modelos de determinación de la decisión de contratar temporal o indefinidos muchas de estas variables no se introducen, en parte porque son imposibles de detectar.

El fraude no es perseguido ni por la justicia ni por la sociedad, por lo que es más barato contratar temporales y utilizarlos como trabajadores a tiempo completo

Lo que no quieren asumir es que, tal vez no seamos genéticamente diferentes, pero sí éticamente dispares. Contratar a niños que cosan en Bangladesh para engordar tu cuenta de resultados no se puede modelizar, y responde a la codicia o avaricia de grandes fortunas que muy pocas veces se fijarán en la regulación existente, ya que siempre encontrarán vericuetos para soslayarla. Mientras esos factores no se puedan incorporar a los modelos econométricos, como la laxitud de la justicia en España para con los fraudes laborales, la regulación no será lo que explique la elevada tasa de temporalidad española. Miren otras variables, como las expectativas, pero también la estructura productiva, y sobre todo el arbitraje regulatorio para engordar la cuenta de resultados, y seguramente el coeficiente R2 mejorará sustancialmente. No hay medidas milagrosas, y por supuesto las de oferta no son las más significativas.


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