Economista ciudadano

Rajoy y Zapatero: optimistas patológicos

Los últimos ejecutivos se han caracterizado por destilar un discurso económico muy poco riguroso, alejado de la realidad y con dosis de incompetencia impropios de un país que llegó a ser la décima potencia económica.

En el caso de Zapatero, su desconocimiento sobre la realidad económica y su cierta frivolidad al analizar la magnitud de la crisis le acompañará durante toda su vida, lo que, sin duda, impidió tomar algunas medidas anticíclicas que podían haber mitigado el efecto. Es cierto que la crudeza del impacto sobre la economía española ha sido muy superior a las peores perspectivas, pero su acción de gobierno dejó mucho que desear en materia de política fiscal y presupuestaria, y especialmente en políticas de infraestructuras.

El gobierno de Zapatero fue famoso por un exceso de optimismo económico irracional

Las continuas llamadas a que lo peor estaba ya superado, lo que le permitió implementar el famoso Plan E, tuvieron un ligero episodio favorable a mediados de 2010, pero dado el daño del sistema bancario y su efecto sobre el tejido empresarial, unido al desplome del sector de la construcción, propiciaron la entrada en una de las recesiones más profundas desde el crack del 29. Aunque una parte de este ciclo depresivo es exógeno, hay un componente endógeno muy determinante que fue ignorado por las autoridades económicas elegidas por Zapatero. En ningún momento, las previsiones presupuestarias reflejaron la magnitud de la recesión, por lo que los errores de previsión fueron realmente notables, fruto a la postre de una concepción optimista institucional que ha confundido y perjudicado a una gran parte de agentes económicos.

Este optimismo no permitió llevar a cabo una política presupuestaría creíble

El cambio de gobierno, en un momento en el que todavía la economía tenía una mínima inercia de actividad, pareció que los nuevos inquilinos de la Moncloa tenían en mente la verdadera situación económica del país. Las primeras cifras, tras algo más de un año de acción de gobierno, no pueden ser más decepcionantes. Lo peor, sin duda, ha sido el fortísimo incremento del desempleo, hasta el 26%, con una mínima corrección del déficit público, al margen de trucos contables y la no contabilización de la ayuda bancaria, una reducción de la actividad que terminó 2012 en el -1,4%, y unas previsiones económicas institucionales para 2013 que provocan sonrojo a cualquier economista mínimamente informado y formado.

Las previsiones para 2013 han quedado completamente desfasadas en apenas tres meses

Lo que no ha cambiado es el optimismo patológico, probablemente consecuencia de la incapacidad de resolver endógenamente la profunda recesión, y una vez eliminado una buena parte del catálogo de servicios públicos, subvenciones a la explotación a una gran parte de sectores, y eliminada toda inversión pública, procede manipular la información para contentar a parte de su electorado. Este proceso, simétrico al gobierno anterior, busca encontrar indicadores que anticipen que el ciclo económico tiene cerca un punto de giro. Pero los que, de forma consensuada, se utilizan para medir los cambios de ciclo, lo que utiliza por ejemplo el NBER americano, son concluyentes. La economía española en 2013 sufrirá, previsiblemente, una caída del PIB cercano al 2%, el déficit público se mantendrá en el umbral del 7-7,5% y el desempleo podría alcanzar cifras cercanas al 28%. Frente a esta realidad el Gobierno presentó un presupuesto con un irrisorio dato de reducción del PIB del 0,5%, algo que no era creíble, pero fue votado, y tuvo que ser defendido aquí y en Bruselas por el ministro Montoro, lo que al final podría hacer buena a su antecesora, Elena Salgado.

No hay ninguna señal de recuperación para este ejercicio, a pesar de declaraciones vacías de empresarios y Ministros

Las sucesivas declaraciones de ministros, pero también de grandes empresarios, cómplices de este optimismo irracional, no hacen sino desprestigiar la política y a los políticos, pues reflejan una inmadurez y una falta de respeto a los ciudadanos, que acabarán por tirar por la borda todo el esfuerzo de concienciación democrática en España, y también el europeísmo que parecía había cuajado, tras la larga noche de aislacionismo del franquismo. El latiguillo de que en el segundo semestre de 2013 comenzará la recuperación y que en 2014 habrá creación de empleo neto no tiene justificación económica alguna. De hecho, con las cifras alcanzadas de deuda pública, cerca del 90% del PIB, y con expectativas de superar el 110% en 2013, el Gobierno ya ha tenido que reconocer que tendrá que modificar las previsiones, apenas tres meses después de aprobar los presupuestos.

En resumen, necesitamos un equipo económico que deje de tratar a los agentes económicos como meros comparsas y sea capaz de realizar un análisis económico riguroso, diseñe un cuadro macroeconómico creíble, y deje de declaraciones falsas y llenas de tópicos. Las empresas necesitan tener un marco razonable para poder realizar sus propios presupuestos, y los hogares también necesitan tener cifras que les permitan tomar sus decisiones de ahorro e inversión tendentes a superar el impasse en el que estamos inmersos. Lo peor es que ahora se ha cruzado el episodio de Chipre, que puede dar al traste con lo único que ha mejorado en los últimos meses, y no por efecto gubernamental, que ha sido la prima de riesgo. Si la incertidumbre y el riesgo llegan a los depositantes, podríamos estar ante el punto de no retorno para una gran parte de las clases medias y bajas, precisamente las más perjudicadas por la acción de gobierno endógena. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba