Economista ciudadano

¿Quedarse en esta UE? No, gracias

Los ciudadanos británicos van a tener la posibilidad de decidir si permanecen en la UE, incluso después de todas las excepciones que ya atesoran desde su adhesión. Por lo general, la población y la clase política británica han sido hostiles hacia el gobierno de Bruselas y hacia los mecanismos de trasvase de soberanía, de manera que siempre han logrado arrancar concesiones a los burócratas de Bruselas para calmar a su población, que añora un imperio que ya no existe. El resultado es que la UE no participa de la Unión Monetaria, a pesar del carácter obligatorio de los tratados, tampoco aplica el acuerdo de Shengen, tiene un tratamiento financiero específico en la PAC, y ahora permitirá discriminar a los no residentes, todo para intentar que el Reino Unido no se vaya y abra un precedente muy dañino para una estructura dañada y herida de muerte.

El virus del Brexit se va a extender por otros países que ven que su razón de pertenecer a este club solo les reporta sacrificios y dolor

El Reino Unido es miembro a tiempo parcial de la UE, habiendo arrancado muchos privilegios

A pesar de todos estos privilegios, que demuestran la debilidad política de la propia UE, el sentimiento de los británicos hacia su pertenencia a la UE, lejos de mejorar, ha ido empeorando, sin que los esfuerzos hipócritas de conservadores y laboristas en estos días, parece puedan inclinar la balanza hacia el sí a la pertenencia. Pase lo que pase, la UE está herida de muerte, y el virus del Brexit se va a extender por otros países que ven que, una vez agotados los fondos de cohesión o estructurales, que durmió a la opinión pública de los países más pobres, su razón de pertenecer a este club, solo les reporta sacrificios y dolor. La ausencia de un verdadero espíritu solidario, plasmado en la inexistencia de una política fiscal o presupuestaria común, redunda en un desprecio creciente de las sociedades más ricas hacia las más pobres, como se puede apreciar pulsando el sentimiento de la política en Austria, Alemania, Holanda, e incluso en Francia.

La profunda crisis policía de la UE explica el auge del fascismo en países centrales

Lo que el Reino Unido ha podido percibir es que su no pertenencia al euro les ha salvado de la irracionalidad de la consolidación fiscal a martillazos, como ha practicado Bruselas con Grecia, Portugal o España, y que ha acrecentado los efectos de la recesión, al no entender el concepto de recesión de balances que tan bien explica Richard Koo. Ello ha posibilitado que Reino Unido pueda disponer de tres instrumentos cruciales: tipo de cambio, política fiscal discrecional y política monetaria, sin perder los beneficios de una zona de libre comercio de mercancías, aunque no de personas. Todo ello, les ha permitido sortear mejor la crisis, impulsar su actividad sin el reproche alemán y holandés, y entender que el gasto público no se pude desplomar al mismo tiempo que los agentes privados están en fase de desapalancamiento financiero. A pesar del carácter conservador del gobierno actual, fueron inteligente y cambiaron el paso, lo que, junto a EEUU, les ha permitido salir antes, formalmente, del estancamiento.

La no pertenencia al euro del Reino Unido les ha permitido una política keynesiana sin reproches de Bruselas

Con estos mimbres, el debate público durante la campaña del Brexit se ha centrado en dos fenómenos: la inmigración y especialmente la soberanía en sentido amplio. La aparición de racismo económico en Reino Unido, un país hecho de inmigrantes, es el resultado de la depauperación de las sociedades maduras, pero sobre todo de la ausencia de una política real de redistribución de renta en origen que evite la emigración económica, algo que España sabe mucho. El falso debate de primero los nacionales, que también está llegando a España, es tan falso como peligroso, pues reabre la canibalización del hombre por el hombre que ya Marx predijo hace unos cuantos años.

La inmigración y la soberanía copan el debate del Brexit, falseando la realidad de los efectos económicos

Las cifras sobre las bondades de la inmigración son demoladeras. En primer lugar, utilizan menos la sanidad pública ya que la mayoría de cohortes que aterrizan están edad laboral temprana, y por ende no necesitan atención sanitaria. Son pagadores netos de impuestos, incluso descontando los mitos sobre que se aprovechan de todos los subsidios, ya de por sí muy magros en el Reino Unido. En el Reino Unido, con una tasa oficial de paro del 5%, la existencia de 330.000 inmigrantes netos, la mayoría comunitarios, no parece que el peligro de esta población amenace la estabilidad macroeconómica. Pero, además, aportan mano de obra joven, fértil y que mejoraran el balance de los sistemas públicos de pensiones, como se demostró en España. Por tanto, existen prejuicios de raza, religión y estrictamente económicos (reducción del salario medio) para explicar el odio profundo de las otrora sociedades abiertas europeas hacia este flujo migratorio europeo, pero también agravado con el conflicto de los refugiados sirios.

No hay política fiscal común, ni presupuestaria, ni cohesión social, y sí sobra el egoísmo nacional

Solo prejuicios de raza y religión explican el rechazo de la inmigración, cuyo beneficio económico es notable

Lo que ha quedado claro en esta crisis es que la UE, y también el euro, hace agua por todas partes. No hay política fiscal común, ni presupuestaria, ni cohesión social, y sí sobra el egoísmo nacional, impulsado por unas sociedades envejecidas, empobrecidas y faltas de liderazgo político. El resultado tangible es que los principales países europeos están siendo sometidos a un test de estrés democrático sin precedentes ante el avance del fascismo, que se ha cobrado una víctima política en el Reino Unido, y que no hay nadie capaz de poner orden. La indiferencia social y política en la UE ante el drama de los refugiados es el claro ejemplo de dejadez e incapacidad para solventar los problemas reales que tiene la UE ante sí.

Esta UE hace aguas por todas partes, por lo que solo cabe salir

La pregunta que sobrevuela esta apuesta arriesgada de Cameron, pero valiente porque trata de ir a solventar de raíz el conflicto latente, es si fuera de la UE al Reino Unido le irá mejor o no. En este punto, ya se están publicando los informes ad hoc y de parte de los agentes del sistema, léase FMI o las casas de análisis como JP Morgan. Precisamente estos estamentos que son la cara más amarga de la crisis que seguimos soportando, tratan de amedrentar con informes muy cuestionables, a la población menos informada y formada, sobre el riesgo de la salida de la UE. En estos momentos, es prácticamente imposible saber dichos efectos porque no se sabe el status que tendría el UK en el futuro. Por ejemplo, Noruega y Suiza tiene un status privilegiado, aunque no pertenecen a la UE, que les permite aprovechar las bondades de las uniones aduaneras, sin tener que sufrir los cotes regulatorios que tanto espantan a los liberales. Así mismo, tampoco tiene instaurada la libre circulación de personas, algo que el reino Unido ya ha conseguido. Por supuesto, que la UE sufriría en términos de financiación la salida de UK, pero apenas mejoraría en el resto de aspectos si se queda, dado el particular acuerdo que mantiene el Reino Unido.

El miedo a los afectos del Brexit no están probados y muestran la manipulación política que ejercen los agentes económicos involucrados

También se especula con la depreciación de la libra y el cataclismo de las bolsas, único aspecto que preocupa al mundo financiero que nos gobierna, pero de nuevo, es solo una lectura interesada y sin base científica.

La realidad es la UE es ya un estado fallido. Es un proyecto agotado, sin alma, sin cerebro y sin futuro

En suma, los ciudadanos británicos tienen hasta el miércoles para escuchar soflamas en ambas direcciones, pero descontando el lenguaje en épocas electorales y las mentiras que se suelen decir, la realidad es la UE es ya un estado fallido. Es un proyecto agotado, sin alma, sin cerebro y sin futuro, dadas las condiciones de partida y el gobierno que nos hemos dotado. Ya hay suficientes experiencias, tras 19 años de la existencia del euro, para saber que hemos fracasado en la construcción de un verdadero Estado europeo. Tras el espejismo de los fondos de cohesión que logró el pedigüeño de González, hoy solo nos resta el drama de refugiados y la pobreza creciente, fruto de la desigualdad de origen, y que las políticas de consolidación fiscal no han hecho más que cronificar. Con estos mimbres, la respuesta de los británicos debería ser clara: hay que salir de esta UE porque dentro no hay esperanza de regeneración y cambio para los graves problemas que asolan Europa.


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