Economista ciudadano

¿Puede salirse Grecia unilateralmente del euro?

Las elecciones en Grecia, con la victoria inapelable de Syriza, ha recrudecido el debate sobre una posible salida del euro del país heleno, en el caso de que incumpliese los acuerdos o se negase a pagar su deuda. Esta aproximación a un problema complejo se banaliza entre muchos economistas, algo inaudito, pero sobre todo entre los medios de comunicación.

Con la llegada de Syriza, se ha recrudecido el debate sobre la salida del euro de Grecia

La batalla que ha comenzado entre el nuevo gobierno griego y Alemania tiene unas connotaciones que van más allá del peso real de la propia economía griega y tiene que ver con un juego de estrategia que puede servir de espita para nuevos episodios de especulación contra la soberanía de algunos estados miembros en dificultades.

Si fuese posible salirse unilateralmente del euro, los mercados financieros lo interpretarían como el principio del fin de la irrevocabilidad de la moneda única

Si fuese posible salirse unilateralmente del euro, los mercados financieros lo interpretarían como el principio del fin de la irrevocabilidad de la moneda única, lo que perjudicaría notablemente a la economía alemana. El miedo a la ausencia de financiación de la economía griega no tiene sentido en un mundo en el que el mayor poseedor de fondos a nivel mundial, China, junto a Rusia, está más que dispuesta a ser el prestamista de última instancia de economías que, como la griega, pueden ser estratégicas, de cara a la introducción de sus productos, pero sobre todo para convertirse en el principal actor económico a nivel planetario.

La posibilidad de salida unilateral del euro daría pie a ataques especulativos

Por todo ello, la ortodoxia alemana y sus acólitos europeos, apenas han entendido nada del nuevo orden político y estratégico a nivel internacional. El monopolio de la financiación europea se ha acabado y hay nuevas formas de conseguir financiación que la barra libre de Draghi. Es por ello, que las amenazas, propias de un matonismo económico y político, impropio de un país democrático, no han calado entre el electorado griego y han abierto una grieta enorme en el monolitismo y el gusto por la inacción que caracterizaba a los sucesivos gobiernos europeos, tanto conservadores, como socialdemócratas.  

Por eso sorprende aún más, la posición numantina de Alemania que ya nada tiene que ver con la supuesta ortodoxia macroeconómica, sino con un miedo al cambio profundo que se manifiesta con la aparición diaria de los riesgos, inexistentes, de la inflación que tanta desgracia causó entre sus gentes durante la I Guerra Mundial. La posición del ciclo europeo, y el nuevo escenario de pecios del petróleo, no favorecen la aparición de inflación, algo que favorecería a los países más endeudados, y que alejaría la depresión en la que se haya inmersa la inversión en bienes de capital.

La posición alemana no tiene nada que ver con la ortodoxia económica

Aún así, el debate se ha generalizado en los mercados financieros, pero también entre las opiniones públicas de los países afectados, sobre la inminente salida del euro de algunos Estados, fundamentalmente Grecia, el cual  adolece de rigor jurídico y económico. Si uno estudia los tratados internacionales que dan forma a la UE, y también a la Unión Monetaria, no encuentra apenas reseñas a dicha posibilidad. Esto es crucial que sea conocido por los jugadores de los mercados financieros, ya que ello puede elevar la especulación, como les gusta hacer a muchos de estos fondos especulativos, contra la deuda soberana de algunos de los Estados miembros en apuros.

Yendo al fondo, a diferencia de los aspectos relacionados con la entrada en la UE o la EMU, ningún tratado, salvo tras la ratificación del Tratado de Lisboa, hace referencia a la posibilidad de salirse unilateralmente de la UE o del euro, de forma voluntaria, o incluso ser expulsado. Este puede implicar dos cosas. Por un lado, se puede interpretar que existe el derecho a la salida unilateral, incluso en la ausencia de cualquier referencia explícita en los tratados, ya que los Estados son soberanos para denunciar y denunciar tratados internacionales. La segunda hace referencia a que, salvo en el Tratado de Lisboa, la ausencia explícita de cláusulas de salida en el Derecho comunitario primario es intencionado, dando por hecho a los Estados miembros la irreversibilidad de la Unión Europa primero y la Unión Monetaria después, lo cual es irreconciliable con el derecho al abandono unilateral.

Los tratados internacionales no especifican la posibilidad de salirse del euro

Por tanto, lo que es nítido es que antes del Tratado de Lisboa no existía ninguna cláusula legal en los tratados previos que permitiese el abandono voluntario de la UE, primero, y del euro después. Este aspecto es también crucial, pues parece que podría darse el caso de que un país se saliese, si pudiese, del euro, pero no de la UE. Pues esto es imposible, pues van unidos de forma indisoluble, salvo para los países que firmaron la cláusula específica opt-out (Reino Unido y Dinamarca), cuya pertenencia a la UE no les obliga a integrarse en el euro, algo que sí opera para el resto, es decir la pertenencia al euro es obligatoria, siempre con unos plazos determinados.

Esta solicitud de salida se debe hacer al Consejo Europeo, que es el garante de llevar las negociaciones con el país en cuestión, las cuales pueden durar hasta un máximo de dos años

Con la promulgación y ratificación del Tratado de Lisboa, la cuestión cambió, al menos sobre el papel. El artículo I (50) del tratado sí especifica una cláusula de salida voluntaria de la UE, pero no hace ninguna referencia a la salida del euro. Este mecanismo, que es tremendamente complejo, permite, por tanto, a un país solicitar la salida unilateral de la UE. Esta solicitud de salida se debe hacer al Consejo Europeo, que es el garante de llevar las negociaciones con el país en cuestión, las cuales pueden durar hasta un máximo de dos años. Transcurrido ese tiempo, e incluso sin acuerdo, el país teóricamente podría abandonar la UE, pero existe aquí la laguna legal de si podría abandonar también el euro. El silencio sobre el impacto del abandono del euro en la cláusula de salida del tratado es problemático porque deja espacio a la especulación de que se puede uno salir del euro sin salirse de la UE.

Salirse del euro implicaría salirse de la UE

La única forma de salirse del euro es salirse de la Unión Europea

En resumen, una salida del euro sin salirse de la UE es inconcebible. En consecuencia, la única forma de salirse del euro es salirse de la UE. Sin embargo, esto puede tener consecuencias de encaje jurídico problemáticas. Un Estado se puede salir de la UE, aunque fracasen las negociaciones con el Consejo de la UE. Esto choca contra parte de la arquitectura legal de la Tercera Fase de la Unión Monetaria, en particular los artículos 4 (2), 118 y 123 (4) y el protocolo 24. La única interpretación alternativa es que nunca se ha pensado en el derecho a abandonar el euro, por las dificultades jurídicas y trastornos económicos que supone, especialmente en lo referente al papel de los bancos centrales nacionales.

En conclusión, la cláusula de salida que incluye el Tratado de Lisboa es uno de los principales errores de dicho tratado y deja grandes lagunas interpretativas en relación a un tema tan complejo y tan determinante como la salida de la Unión Monetaria. También deja una laguna importante y es la posibilidad de que existan dos vías distintas para Estados miembros de la Unión Europea y para los que además forman parte de la Unión Monetaria. Por ende,  podría generar un incentivo a retrasar lo más posible la incorporación al euro, que es obligatoria, ya que la salida de la UE es aparentemente más laxa y menos problemática.


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