Economista ciudadano

Propaganda con la garantía juvenil de empleo

Después de grandes debates en la sede de la UE sobre qué hacer con el desempleo juvenil, como si fuera el único problema, finalmente se ha aprobado ya el desbloqueo de los escasos fondos, 6.000 millones de euros. Es lo que pomposamente se ha venido a llamar la 'garantía juvenil de empleo'.

La mal llamada garantía juvenil no deja de ser una subvención directa a la contratación

El objetivo, parece ser, es que se garantice a una parte de los desempleados menores de 25 años una ocupación o un periodo formativo remunerado durante seis meses, para así tratar de solventar una parte del abrupto drama del desempleo europeo que alcanza a más de 46 millones de personas.

Sin embargo, la aproximación al problema fundamental es errónea. Se parte de premisas de oferta que tienen que ver con los costes relativos del factor trabajo. Es decir, si abaratamos costes, incluso en un contexto de depresión interna, el empleo florecerá cual margarita en primavera. O lo que es lo mismo, las empresas sólo contratan cuando el coste del factor trabajo se acerca a cero. Pero desgraciadamente, y baste tener una empresa para saberlo, la decisión de contratar trabajadores tiene que ver, principalmente, con la evolución de la demanda interna y externa, en función de cuál sea nuestro mercado natural.

La aproximación del problema del paro por el lado de costes relativos es errónea

Este común error, la demanda de empleo depende del coste relativo, nos ha llevado siempre a socializar una parte de dichos costes de empleo, a través de subvenciones o bonificaciones a la Seguridad Social que se han demostrado muy ineficientes para mantener la ocupación, tras el impulso inicial. Estas prácticas, que perduran en el tiempo en su mayoría, tienen su origen en intereses empresariales, tanto globales, como sectoriales, que aprovechan su cercanía con el poder para introducir reducción de costes que financia toda la población. Es decir, los trabajadores empleados también pagan su propia empleabilidad a través de etas figuras de dudosa utilidad.

En el caso que nos ocupa el Gobierno ha limitado las ayudas al colectivo que se le denomina, ni ni, es decir ni estudia, ni trabaja. Este colectivo, según la EPA del 1trimestre de 2014 apenas alcanza los 550.000 ciudadanos y ciudadanas, lo que limita mucho el espectro, y también complica aún más la contratación. Los requisitos para acceder a esta ayuda se basan en un criterio de edad, menores de 24 años, y que no hayan trabajado, legalmente,  durante los últimos 30 días. Para ellos habrá una subvención de 300€ por mes, durante 6 meses, siempre que el contrato sea indefinido, lo que equivale a una reducción del coste de contratación de 1.800€ que pagaremos todos. Eso sí, a los seis meses la empresa podrá despedir al trabajador sin tener que devolver las ayudas recibidas, lo que lo convierte en una subvención a fondo perdido, con el único objetivo de maquillar las estadísticas de contratos indefinidos, previamente a la convocatoria electoral de 2015. Además, estas ayudas son compatibles con las ayudas existentes, como la tarifa plana, lo que a muchos empresarios el contratar le saldrá gratis.

Socializar los costes de emplear a los menores de 24 años no tiene ningún sentido

Esta supuesta Garantía Juvenil  en la mayor parte de los países europeos tiene el carácter de obligación para el Estado, no así en el caso español. Aquí, al tener una tasa de paro superior al 20%, es solo una recomendación, por lo que no se podrá exigir que todos aquellos potenciales beneficiarios puedan tener acceso a este empleo subvencionado.

Pero hay otro elemento que falta en este puzle, y es la formación. Sabemos por las cifras del INE y otras fuentes, que en España, contrariamente a lo que se piensa, el nivel formativo de una gran mayoría de desempleados es baja o muy baja.  Esta oferta suponía 150 horas para personas sin formación y que lleven más de 4 meses sin trabajar o estudiar y 90 horas para los que tengan que complementar su formación. Esta parte, tan importante o más que maquillar estadísticas a corto plazo, sigue siendo la asignatura pendiente de todas las administraciones públicas.

No aparece por ningún lado la pata de la formación para jóvenes

Falta un compromiso con la confección de un mapa productivo alternativo en España, como está haciendo por ejemplo Ecuador con doctores españoles, para saber qué formación y en que sectores se puede emplear al elevado excedente de mano de obra no cualificada en España, pero también cualificada. Frente a eso solo se le ocurre al Gobierno gastar 1.800 millones, 900 millones con cargo al presupuesto español, en subvencionar a las empresas en un contexto de un elevado output gap, es decir exceso de capacidad instalada. Es conocido que subvencionar costes de empleo en esta tesitura, solo va a engordar los márgenes de las empresas, no fija el empleo y no cambia para nada el patrón de crecimiento.

Falta una conjura, como en Ecuador, para cambiar la matriz de producción del país

Mientras no haya una conjura entre la comunidad científica, productiva, sindical y política que lo urgente es recualificar, cambiar la matriz de producción y apoyar a los parados sin prestación a transitar hacia el empleo, no se empezará a ver la luz en España. Mientras tanto, las mejores cabezas pensantes se van, y los que nos quedamos, vegetamos entre la pobreza real y la vergonzante.


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