Economista ciudadano

Paris duele mucho

Como homenaje a todas estas personas que han sufrido el azote del terrorismo, este artículo se dirige a todas ellas, personalizadas en las victimas de la ciudad de Paris, antaño cuna de la libertad y fraternidad. Ahora no toca empezar a elucubrar con las causas de esta barbarie, sino restablecer cauces para mitigar el dolor humano y poder seguir viviendo sin la psicosis en la que quieren que entremos los que activan los rifles de asalto y los cinturones de la muerte.

Tiempo habrá para saber, si es que se puede saber, qué hay detrás de esta estrategia de muerte y destrucción, por lo que sobran muchos arrebatos irracionales sobre la urgencia de la venganza y el recrudecimiento de los ataques sobre determinados países que, curiosamente, Occidente ha intervenido para, supuestamente, pacificar la zona y dotarla de estructuras democráticas a la occidental, sin recabar si son homologables dichos regímenes.

El sufrimiento humano no se puede medir económicamente

En este contexto, con la mayoría del mundo en estado de shock, de qué pueden hablar los agentes económicos y financieros, en quién pensarán a la hora de evaluar las implicaciones de esta brutalidad, qué decisiones se pueden tomar sin verse reflejado en ese espejo impasible que tradicionalmente son los mercados financieros, cuya preocupación máxima es quién está detrás de los hechos. El impacto sobre el turismo en Francia, sin duda, será una de las variables que las autoridades políticas traten de medir, espero que tras un tiempo prudencial de duelo.

No hay ninguna justificación política que pueda explicar el ensañamiento de los activistas, que como parece, son ciudadanos comunitarios

El efecto más cuantificable es la pérdida de capital humano que deja a la sociedad sin el principal motor de desarrollo, sin el brazo ejecutor de tantas ilusiones y proyectos que no podrán llevarse a cabo. Sueños rotos, familias partidas y proyectos de vida truncados frente a una copa de vino, simplemente por estar en el sitio equivocado en el día equivocado. Ante esto, que es irrecuperable, sólo cabe soñar con una realidad distinta, que además no incorpora costes de transacción, ni tiene efectos secundarios sobre el medio ambiente. Las vacantes que dejan, junto a los que se quedan en una situación muy delicada, deberían ser el objeto de discusión permanente para que nunca más tengamos que analizar los efectos económicos de este tipo de acontecimientos. No hay ninguna justificación política que pueda explicar el ensañamiento de los activistas, que como parece, son ciudadanos comunitarios. Pero tampoco hay ninguna justificación a invadir países, destrozar territorios para apropiarse de parte de la riqueza de dichos países, como ha perpetrado Occidente en Irak o Libia. También toca reflexionar, sin caer en la equidistancia, en el mundo que estamos dejando a nuestros hijos.

La pérdida más relevante es la del capital humano destrozado por la barbarie

La supuesta recuperación económica en la UEM, algo que muchos venimos poniendo en duda, no puede en estos momentos permitirse, de nuevo, una crisis de confianza de esta magnitud, dada la fragilidad de la actividad de consumo e inversión. Por ello, habrá que repensar qué se puede hacer para relanzar el ánimo de inversores y consumidores, no sólo para gastar más en bienes de consumo, sino para cambiar un modelo de convivencia que respete al ser humano como dogma supremo.

Europa se hunde, no solo por la barbarie, sino porque han optado por el suicidio asistido, por tensar la cuerda fiscal de tal forma que, una vez constatado el deterioro del comercio internacional y la crisis china, no tiene ya herramientas ni palancas para impulsar una sociedad envejecida, obsoleta y sin rumbo industrial. Solo Francia, curiosamente, avanza como una locomotora diesel, a pesar de sus múltiples problemas de empleo y desigualdad en algunas zonas como los suburbios de Paris. Ahora, habrá que sentarse de una vez y comenzar a diseñar una estrategia de crecimiento, que pueda erradicar algunos de los focos más proclives al ensoñamiento que seduce a tantos jóvenes que nada tienen que perder, salvo la vida.

La UEM puede hundirse aún más con el impacto del terrorismo

La felicidad, el bienestar y el respeto entre personas proporciona una base de crecimiento interior tan profunda, que sin duda se trasladará al exterior generando un crecimiento, no sólo más elevado, sino más duradero.

Entiendo que este tipo de factores, que ya han sido tratados desde la óptica del análisis económico por el premio Nobel Becker, no tienen cabida en las funciones objetivo, ni de los bancos centrales, ni de las principales instituciones económicas, pero merecería la pena reorientar dichos objetivos, para internalizar todos estos activos intangibles en un modelo de crecimiento más sano, más humano y con menos desigualdad.

Son los más jóvenes los que destilan más odio interracial o inter religioso, como se puede apreciar entre las personas que son detenidas o los propios ejecutores de las órdenes emanadas de un supuesto Dios

Un primer intento de este nuevo mundo sería no preocuparnos de cuánto puede perder la Bolsa, o si deben bajar o subir los tipos de interés. La alternativa a esto es comenzar a estudiar profundamente las causas de tanta sinrazón, rehacer las relaciones fluidas entre Estados, sin salvadores de patrias, adquirir hábitos de política económica que conlleven el desarrollo real y autónomo a todo el planeta y erradicar el odio entre personas de distintas razas o que profesen distintos credos. Este modelo económico intangible tendría tres variables, amor, tolerancia y desarrollo, y sería fácil de estimar, pero difícil de implementar mientras sigamos en la inercia física de cuantificar económicamente el dolor y aboguemos por alianzas perversas para culminar la venganza tras la masacre vivida en Paris.

Urge un modelo de desarrollo que introduzca la tolerancia, paz y amor al prójimo

Para que esto funcione, las nuevas generaciones deben verse reflejadas en personas con este tipo de talante, internalizar lo intangible y sufrir por lo que hay que sufrir. Son los más jóvenes los que destilan más odio interracial o interreligioso, como se puede apreciar entre las personas que son detenidas o los propios ejecutores de las órdenes emanadas de un supuesto Dios. Por todo esto, las instituciones económicas, políticas y sociales deben conjurarse para construir una arquitectura más habitable. En esto también debemos participar los que movemos los mercados financieros, para que dentro de la sana búsqueda del beneficio, tengamos tiempo y ganas de hablar, escuchar, y por qué no, querer a todos los que nos rodean. Espero que este grito en la soledad de un despacho lo puedan oír todos los que hoy no me podrán leer.


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