OPINIÓN

Nacionalización de la plusvalía del suelo para evitar burbujas

Nadie se ha atrevido a dar el paso de introducir mecanismos contundentes para evitar la especulación con la tierra, ni tampoco un sistema fiscal que permita sostener el gasto público con el gravamen de las tierras ociosas. Ello traspasaría la carga fiscal desde los activos, trabajadores y empresas, hacia los pasivos, terratenientes y rentistas de suelo.

Nacionalización de la plusvalía del suelo para evitar burbujas.
Nacionalización de la plusvalía del suelo para evitar burbujas. Brian Sugden

España es un páramo económico donde se espera como agua de mayo que la propiedad inmobiliaria vuelva a revalorizarse para comenzar la rueda de especulación inmobiliaria y se recuperen las plusvalías por no hacer nada, tras la recalificación de la tierra. La llegada de turismo barato, y a veces miserable en su actitud para con los demás, es el mejor escaparate para que británicos, alemanes o suecos, se enamoren de lo que queda por alicatar de la costa y pongan a trabajar a los intermediarios en la búsqueda de una propiedad que, en muchos casos, estará en sexta línea de playa, pero con una buena publicidad engañosa se logrará el objetivo.

A la espera de la próxima burbuja, los tenedores de suelo ya sueñan con nuevos pelotazos gratuitos

El sueño de todo propietario de un trozo de tierra, especialmente si es rústico, será sentarse en dicha parcela, tratar de sobornar al político de turno, y sin arriesgar un duro, lograr una enorme plusvalía, de la que solo tendrá que entregar en prenda un 15% al Ayuntamiento de turno. Es la mejor forma de no trabajar y hacerse rico de la noche a la mañana, por el mero hecho de tener un trozo de tierra, prácticamente libre de fiscalidad. Esta forma tan primitiva de empresarios, llamados terratenientes, que logran amasar fortunas por el mero hecho de tenencia de tierras es difícil de explicar en el mundo anglosajón, y en otros mundos racionales, pero que nadie se ha atrevido a atajar desde un punto de vista político.

Sin arriesgar nada, el dueño de un suelo podrá hacerse millonario sin apenas pagar impuestos

No hay que olvidar que en la ecuación: suelo-concejal-partido político-sistema financiero-plusvalía infra gravada-suelo y vuelta a empezar han cimentado la actividad y el crecimiento numerosos municipios y CCAA, con el señuelo del turismo masivo y la caza de residentes extranjeros. Mientras, las autoridades fiscales tratan de cuadrar los presupuestos inclinando todo el peso fiscal hacia el mundo del trabajo, salarios, y el consumo, perjudicando a las clases medias y bajas y dejando a salvo a los especuladores, terratenientes y rentistas, curiosamente los que no generan riqueza para el colectivo, y sí para sí mismos.

El peso fiscal recae en el factor trabajo y capital y nada en la tierra

Por tanto, queda mucho por hacer en materia de fiscalidad en el sector inmobiliario, pero especialmente en el campo de las plusvalías del suelo, y en el gravamen especifico de la tierra, obviamente la no agrícola o ganadera. Sin embargo, aquí discrepo de algunos colegas que tratan de ver en esta revolución fiscal una herramienta muy potente para el eterno cambio de modelo productivo que necesita España, algo que nunca llegará por la fiscalidad, y sí por la formación y el tamaño de las empresas.

Las sucesivas Leyes del Suelo nunca se han atrevido a modificar el estatus de los cazadores de plusvalías del suelo

En este sentido, las sucesivas Leyes del Suelo nunca se han atrevido a modificar el estatus de los cazadores de plusvalías del suelo, algo que dice muy poco de los legisladores, pero sobre todo de los partidos de la izquierda clásica, socialdemocracia, que se arrogan la defensa de los más débiles.

Las sucesivas leyes del suelo han consagrado la plusvalía del suelo sin gravamen algunos, a diferencia del Reino Unido

La ley de Aznar de 1998 consagró una de las mayores falacias económicas que siguen en boca de los economistas del mainstream: la oferta masiva de suelo hará caer su precio y abaratará el precio de las futuras construcciones. En cualquier economía de nuestro entorno, por ejemplo, la británica, el valor del suelo siempre es residual y tiende a cero, básicamente porque la plusvalía del suelo es recaudada al 100% por las autoridades municipales, es decir se nacionaliza. Ante esto, los tenedores de suelo no tienen ningún incentivo a retener suelo en espera de la recalificación, y por tanto su valor es prácticamente nulo.

Esta norma, que algunos tacharán de soviética y leninista, favorece la aparición de plusvalías entre los industriales del sector, es decir aquellos que realmente arriesgan capital y trabajo para la construcción de un bien. Sin este instrumento, la ley de Aznar solo permitió destrozar zonas protegidas y dejar todavía más descuidado el litoral y las costas españolas, sin que los precios de los inmuebles descendiesen como erróneamente vendió su propaganda. Esa ley, además, permitía que el valor del suelo se contabilizase por las expectativas que tenía cada suelo y no con la categoría actual. Esto introdujo un sesgo inflacionista que solo benefició a los grandes tenedores de suelo que se encargaron de retenerlo y no sacarlo al mercado, buscando la plusvalía fácil.

La Ley de Zapatero de 2007 cambió, al menos, esta anomalía y estableció que el valor del suelo se correspondía con la categoría del mismo en cada instante, sin introducir expectativas. Ello fue calificado como confiscatorio por algunos altos funcionarios del Estado que tuvieron que informar de la norma, muchos de ellos nombrados por Zapatero para altas responsabilidades, en un alarde se vista y compromiso político con el PSOE. También trató de introducir un mecanismo creíble de expropiación en caso de incumplimiento de los plazos de urbanización, algo que con la crisis se vino abajo.

Una módica tasa del 2% sobre el 80% del valor del suelo rústico y urbano en España permitiría recaudar más de 49.000 millones de euros

Como se puede apreciar nadie se ha atrevido a dar el paso de introducir mecanismos contundentes para evitar la especulación con la tierra, ni tampoco un sistema fiscal que permita sostener el gasto público con el gravamen de las tierras ociosas. Ello traspasaría la carga fiscal desde los activos, trabajadores y empresas, hacia los pasivos, terratenientes y rentistas de suelo (rústicos y urbano), que viven de las plusvalías que generan con cada cambio en el planeamiento, y lo barato que les sale mantener las tierras sin producir.

Hay algunas propuestas muy interesantes, como las que plantean Scornik Gerstein y Fred Harrison en su libro “La especulación inmobiliaria y el silencio de los corderos”. Los autores plasman una idea que debe ser estudiada. Cambiar drásticamente la fiscalidad del trabajo y el capital por la de la renta de la tierra. Esto ya lo ha propuesto Stiglitz que apuesta por una tasa del 100%. 

Scornik y Harrison plantean una revolución fiscal gravando la tierra, lo que podría sustituir a figuras fiscales como el IRPF o el IVA

Estos autores estimaron que una módica tasa del 2% sobre el 80% del valor del suelo rústico y urbano en España permitiría recaudar más de 49.000 millones de euros, sin tener ningún efecto sobre la producción, ya que el propietario ya tiene internalizado la renta en sus costes, como alquiler del suelo que ocupa o como propietario del mismo. Por supuesto, este gravamen dejaría exentos los terrenos de menor valor y los que aquellos propietarios con menor capacidad económica. Esta cantidad permitiría reducir la carga por IRPF en dos tercios y un 6,5% lo recaudado por IVA. Si la tasa la subimos al 3%, permitiría no recaudar nada por IRPF.

La realidad económica es que la riqueza general no aumenta al vender un inmueble varias veces a precios cada vez más elevados

La realidad económica es que la riqueza general no aumenta al vender un inmueble varias veces a precios cada vez más elevados, mera inflación del suelo ya que la construcción se deprecia desde el primer día, como los automóviles, en palabras de Ricardo: mera transferencia de valor. Si, además, la tierra no se reduce si la gravamos drásticamente, ni su renta crea valor alguno, estamos ante un bien perfecto para extraer recaudación fiscal, desincentivando los rentistas y los especuladores de suelo.

El gravamen sobre la tierra no disminuye la oferta de la misma, ni su renta genera valor y es neutra en relación a la producción

En resumen, hasta que lleguemos a esta pequeña revolución podríamos instaurar un sistema como el británico y municipalizar al 100% la plusvalía del suelo en bruto. Seguramente llegaríamos al punto en el que toda construcción se edificaría en régimen de derecho de superficie que, tras un periodo, revertería de nuevo al municipio. Ciencia ficción mientras gobiernen el PP y el PSOE en el Estado y en las CCAA y principales Ayuntamientos. No olviden que la próxima burbuja ya está en marcha.


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