Economista ciudadano

Japonización económica, italianización política

La realidad económica y política en España, pero también en otras zonas del mundo occidental, nos está llevando a un callejón sin salida, cuya salida no se vislumbra. La ausencia de líderes políticos sabios, pero también la contumaz persistencia del ideario económico fracasado en aparecer como única solución, proyecta una realidad social que para algunos es estremecedora.

Desde una óptica económica, el ejemplo de Japón de los 90 sobrevuela todas la cancillerías económicas, salvo la norteamericana o británica, y sus perversos efectos ya se dejan notar en las principales economías europeas, con una clara ralentización estructural de la actividad, riesgos severos de deflación y desempleo (real, no estadístico o camuflado) que supera ampliamente cifras de dos dígitos. Aquí España y Grecia son las grandes campeonas, con rúbricas de más del 20%. Solo una rápida mirada a la hemeroteca, deleita la incongruencia de los que entonces criticaban tanto las políticas llevadas a cabo por Japón para atajar la trampa de la liquidez, la atonía del consumo y la deflación,a pesar de ser el país exportador por excelencia, especialmente en el segmento de tecnología punta.

Los grandes errores de Japón en los 90 se vuelven a producir en Occidente

Entonces se pensaba que si EEUU o Europa Occidental entraba en una fase similar, las respuestas serían tan inmediatas y virtuosas que el ejemplo de Japón, sería una mala pesadilla. Pero el hombre (o mujer) occidental sí que cae dos veces en la misma piedra, y desde 2008 se han llevado a cabo políticas equivocadas que nos han llevado a una crisis peor que la japonesa de entonces. Estos errores tienen que ver con los instrumentos de política económica, tanto la política fiscal, como la monetaria.

En materia de política fiscal, Japón inició un programa de expansión fiscal, en forma de inversión pública, pero que fue truncado en 1996, lo que resultó ser un gravísimo error que ahora está pagando. Esto es equiparable a lo realizado por la UE y EEUU, con el desplome del gasto público en infraestructuras puesto en marcha a partir de 2010. Esta política ha cercenado el crecimiento de forma activa, impulsado por los defensores de la austeridad expansiva, concepto que todavía no han explicado los doctos defensores del mismo. En suma, Japón pecó por defecto y fue, de alguna forma involuntario, el caso Occidental ha sido deliberado.

Uno de los grandes males es abandonar la política fiscal como herramienta

En el campo monetario los errores también son mayúsculos. Se criticó mucho a Japón por reaccionar tan tarde ante los síntomas de deflación y aumento del desempleo, pero también por subir los tipos al menor atisbo de recuperación, algo que va en el ADN de los monetaristas y que tanto daño ha hecho en la historia económica reciente. Sin embargo, el mayor patinazo monetario lo cometió el BCE subiendo los tipos de interés en 2011, que ayudó de forma deliberada también a que Europa cayera otra vez en recesión. Ejemplos varios en Europa que también llegaron a países como Suecia, que subió los tipos de interés cuando la inflación estaba por debajo del objetivo y su desempleo creciendo, lo que les ha llevado a una deflación y estancamiento económico muy pernicioso. Esperemos que EEUU no haga lo mismo creyéndose que sus cifras macroeconómicas son infalibles, cuando tiene un paro real (sumando el subempleo) del 12%-15% y una tendencia salarial decreciente.

La ilusión óptica de la recuperación puede conllevar errores en el manejo de los tipos de interés

Con estos mimbres, tanto a nivel político, como económico, y los errores cometidos surge con fuerza una conclusión. Las políticas convencionales y políticamente correctas, las abrazadas por las dos grandes familias políticas europeas, conservadores y socialdemócratas, es decir equilibrar el presupuesto, miedo atávico a la inflación, han desencadenado en una maquina de generar situaciones de recesión, deflación y paro estructural de largo plazo. Lo peor es que nada, ni nadie, puede mover el armazón ideológico y académico que hay detrás, lo que no deja surgir brotes verdes, de verdad, en lo político y en lo económico.

Junto a este panorama tan lúgubre, en España vamos hacia un proceso de italianización política vertiginoso. El expolio económico que han hecho los dos grandes partidos políticos, ayudados en menor grado por los nacionalistas catalanes y una parte de Izquierda Unida, en clara coalición con una generación de empresarios sin escrúpulos, ha llegado al cenit y está provocando una desmoralización social sin parangón. Estas prácticas, consentidas y refrendadas por los electores bajo el eslogan: “Son corruptos, pero son mis corruptos” ha minado el núcleo del sistema democrático y va a tener una clara influencia en las decisiones económicas a corto y medio plazo. De hecho, en los últimos datos de confianza del consumidor y productor ya se puede apreciar una parte de esta desazón.

La podredumbre política en España afectará gravemente a su crecimiento futuro

Lo más grave es que no hay visos de solución a corto y medio plazo. Las estructuras políticas, económicas, financieras  y sociales están podridas, sin liderazgo y con una propensión al experimento político, muy necesario por cierto, que podría generar un prolongamiento de la agonía económica y social en la que ya nos encontramos. Cuando un agente económico observa que no hay institución que se salve de la corrupción se retrae y prefiere esperar a la hora de acometer una inversión o un gasto. El estado de ánimo es crucial en el análisis económico y eso no lo pueden modelizar los que insisten en matematizar la economía.

Si a todo esto, unimos el indecente aumento de la desigualdad económica y social, cuya medición nos lleva al periodo de entreguerras del siglo XX, estamos ante lo que Antón Costas denomina el asesinato de la democracia. Sin diferencias entre los sistemas políticos o sensibilidades políticas, la nueva gilded age de la desigualdad comienza a preocupar entre aquellos que la crearon y la jalearon, como el FMI, la OCDE o Credit Suisse, los llamados intelectuales orgánicos del propio capitalismo.

En conclusión, estamos ante el mayor reto económico, político y social de las últimas décadas y lo estamos afrontando con grandes dosis de mediocridad, marketing político y ocurrencias, sin ningún atisbo de liderazgo sólido, heterodoxo y riguroso. Qué lástima.   


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