Economista ciudadano

El Gobierno y la CEOE matan la negociación colectiva

La CEOE, pero también otros think tank como FAES o FEDEA, llevaba años clamando por la desaparición de la negociación colectiva, tal y como la hemos conocido en las últimas décadas.

Esta modalidad, que por supuesto contenía vicios a modificar y actualizar, ha sido la responsable de muchos años de paz social, moderación salarial y cierto equilibrio entre el poder de negociación entre las partes. Así, se han podido introducir mecanismos de avance social para hombres y mujeres en aras de la conciliación laboral, tímidos avances en mecanismos de resolución de conflictos y sobre todo una seguridad jurídica para las partes a la hora de prever la dinámica laboral interna de una empresa.

El Gobierno y la patronal han logrado desactivar la negociación colectiva tal y como la hemos conocido hasta ahora

Esto es así porque el modelo de negociación colectiva imperante en España es el llamado “Open Shop System”, el de la Europa continental. Es decir, todas las resoluciones de un convenio colectivo se aplican a todos los trabajadores, independientemente que estén afiliados o no a un sindicato. El modelo contrario, “Close Shop System”, el del Reino Unido, solo afecta a aquellos trabajadores que deciden afiliarse a algún sindicato miembro de la mesa negociadora. Esta realidad pone de relieve la injusta campaña, no solo mediática, en contra de las organizaciones sindicales, cuyo alcance ha traspasado cualquier lógica social. Porque la gran parte de la sociedad desconoce que las organizaciones sindicales se enfrentan cada cuatro años a elecciones en cada empresa, las que tienen secciones sindicales propias, y donde no, se eligen los delegados sindicales, con una participación electoral muy superior a las elecciones políticas. Al mismo, tiempo, el nivel de afiliación sindical  real supera con creces la misma en partidos políticos mayoritarios, por lo que el grado de representatividad es, sin duda, superior al de muchos dirigentes políticos que se empeñan en ningunear el valor de la negociación colectiva.

El modelo de negociación continental beneficia a todos los trabajadores, estén o no afiliados a ningún sindicato

Con estos mimbres, y tras la aprobación de la reforma laboral, llega el ansiado momento para la gran patronal y un número ingente de empresarios que consideran que la equidad en el poder de negociación entre empresarios y trabajadores es una rémora para el crecimiento. La gran presión de esta masa empresarial, junto a sus medios de comunicación afines, empezando por RTVE, y disfrazando el acuerdo del supuesto rigor científico de entes como FEDEA o FAES, ha logrado su gran objetivo. Este objetivo era, primero, eliminar de forma drástica los convenios de sector, eliminar toda posibilidad de poder de negociación a los trabajadores y que se girase a un modelo anglosajón de negociación, básicamente individual y eliminando todos los derechos adquiridos. Los números hablan por sí solos, el objetivo está casi cumplido y la fecha del 8 de julio, cuando vencen los convenios para 1,6 millones de trabajadores, al eliminarse completamente la ultraactividad.

La reforma laboral puede deja sin convenio colectivo a más de 1,6 millones de trabajadores, al margen de reducir drásticamente los salarios

Desde un máximo de 6,01 millones de convenios firmados en 2007, se ha pasado a 3,2 millones en 2012, lo que se traduce en que hoy hay menos de 7 millones de trabajadores cubiertos por convenio colectivo, frente a los 10 millones en 2007, y solo 1,7 millones en lo que llevamos de 2013.

La mayoría de convenios son de empresa, ya que la clausula de suelo salarial que regía con anterioridad, se ha eliminado con la reforma laboral, y crece de forma exponencial, un 73%, mientras que los sectoriales se reducen un 65%. Otra victoria para la parte empresarial es que la inaplicación de convenios no deja de aumentar, más de 1.165 este año, afectando a 81.000 trabajadores, especialmente en PYMES de menos de 50 trabajadores. El resultado empírico, al margen del cuantitativo, es que la deflación salarial es ya una práctica común, que tendría su lógica en época de recesión, pero ha venido para quedarse. Esto está abocando a grandes sectores de la actividad económica al cierre, curiosamente muchos empresarios que soñaban con la reducción salarial y empeoramiento de las condiciones laborales de sus trabajadores ahora sufren el estallido de la crisis en toda su amplitud.

La duda que surge ahora es qué ocurrirá a partir del 8 de julio cuando los convenios de muchos trabajadores decaigan y finalicen las clausulas de aplicación y los derechos adquiridos. Los juristas están divididos entre los que creen que si no hay convenio de orden superior, hay que ir directamente al Estatuto de los Trabajadores, lo cual deja a los trabajadores afectados al abur de lo que decida unilateralmente el empresario. La otra parte estima que aunque el convenio decaiga, no lo hace el contrato vinculante entre las partes, por lo que seguirían vigentes las condiciones, aunque ahora desde una óptica estrictamente individual. El acuerdo firmado en mayor por las cúpulas de la CEOE y sindicatos ha aliviado algo la tensión existente, pero el daño asestado a la negociación colectiva, hasta que esta reforma laboral se derogue, es irremediable. El poder de negociación se ha trasladado de forma descarada a un lado de la mesa, la parte más fuerte, y va a dejar a miles de trabajadores sin la posibilidad de negociar mejoras en sus condiciones laborales, salariales, incluso cuando la situación económica mejore.

El fin de la ultraactividad el 8 de julio puede suponer volver a las normas básicas laborales para todos aquellos no cubiertos por un convenio colectivo

En suma, la revolución laboral silenciosa ha comenzado y ya solo veremos ganancias de las rentas empresariales en la distribución de la Renta Nacional. Los convenios colectivos serán historia, salvo en las grandes empresas industriales y el Sector Público. En el resto de sectores, que sepan los trabajadores que todo lo que han ganado, gracias a los sindicatos, lo perderán, y mientras se seguirá hablando de relojes, cruceros y mariscadas. Justo lo que quieren los que han posibilitado esta revolución. 


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