Economista ciudadano

Globalización y democracia, ¿son incompatibles?

Los últimos acontecimientos vividos en Grecia, pero también con la espiral de ira social desatada en España a raíz de las primeras grandes reformas del nuevo Gobierno, surge la pregunta de si la globalización económica ha desnaturalizado la democracia. La sensación de que las grandes decisiones ya no las toman los ciudadanos, a través de sus representantes, está encendiendo las alarmas  de muchos colectivos, y despertando, de nuevo, la conciencia de clase.

La globalización sin controles ha encendido las alarmas sobre la utilidad de la democracia liberal

La senda temporal del rescate griego es todo un ejercicio de egoísmo, ineficiencia e incapacidad de una supuesta Unión Económica para vencer al poderoso lobby financiero. Si a esto unimos, una cierta saña ideológica, un racismo económico contra los países periféricos, nos encontramos con el resultado de Grecia, al que podrán acompañar Portugal, Irlanda y a lo mejor España. Todo el mensaje lanzado para justificar la tardanza, y ahora la pérdida de soberanía fiscal, se asienta en las malas prácticas del gobierno griego, por cierto ayudado y aconsejado por el hoy Presidente del BCE, la desfiscalización del país, y la ausencia de gobernanza efectiva de una sociedad corrupta y vaga.

Siendo ciertas algunas de estas justificaciones, Grecia ha sido víctima también de la dinámica comunitaria. La banca alemana y francesa se han llenado de bonos griegos, no por imperativo legal, lo mismo que de subprime americanas, lo cual les ha llevado a una situación de riesgo de solvencia que chocaba frontalmente con las soluciones a la islandesa o a la sueca de los años 90.  Por ello, el retraso deliberado infringiendo a Grecia no solo un gran castigo económico y social, pero también psicológico, ha venido provocado por la negociación con el BCE para que se hiciese cargo de todos los activos tóxicos de las instituciones financieras alemanas y, en menor grado, francesas.

El retraso y la presión sin piedad sobre Grecia solo tenía el objetivo de salvar la banca alemana

Esta progresiva pérdida de  soberanía, fiscal, pero también política, podría ser el caldo de cultivo para futuras aventuras políticas, alejadas del concepto clásico de democracia liberal. No hay que olvidar que este concepto se asienta sobre la base de una gran clase media que poco a poca va perdiendo posiciones, ante la brusca ampliación de la brecha de renta, con la consiguiente pérdida de equidad social. Este factor empuja a la sociedad hacia un fenómeno denominado desclasamiento, que se traduce en una sociedad donde el miedo genera inseguridad e incertidumbre,  que a la postre son los efectos perniciosos de la globalización.

El aumento progresivo de la inequidad, que nada tiene que ver con el igualitarismo, está provocando ya efectos políticos. La nueva franja, cada vez más amplia, de desclasados tiende a apoyar el autoritarismo y la restauración de valores nacionales y tradicionales, curiosamente deshaciendo los efectos positivos de la globalización, como son el aumento del comercio y la eliminación de trabas al intercambio de bienes y servicios que antes estaban restringidos a ciertos colectivos.

La pérdida de equidad social y el desclasamiento son el caldo de cultivo del surgimiento de soluciones autoritarias

Pero, sin duda, el detonante de esta corriente es que la globalización, con el auge de las economías emergentes, está afectando no ya a los salarios de los percentiles de renta más bajos, sino que ya ha hincado el diente en salario y empleo de las clases medias, lo cual resquebraja la calidad y la viabilidad de la democracia como la hemos conocido hasta ahora. Si a esto añadimos que las instituciones europeas, y los lobbys financieros tratan de imponer sus criterios, y sus dirigentes, en los gobiernos supuestamente elegidos, el resultado es que muchos ciudadanos se encuentran huérfanos de elementos de cohesión política y social.

En conjunto constituyen lo que se denomina precariados o nómadas urbanos, unidos por cuatro características: ira, anomía, ansiedad y alienación. Su extensión y aumento puede ser peligroso por varios factores, como son el populismo, extremismo, nacionalismo exacerbado y antieuropeismo. No sigamos por este camino y anticipemos la solución. Esta solo pasa por generar, de nuevo, conciencia de equidad social y económica, solidaridad intergeneracional y desarrollo sostenible, en lo económico y en lo social.


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