Economista ciudadano

Europa se ha vuelto xenófoba

La Europa solidaria, integradora y cuna de la civilización tiene los días contados. Tras décadas preconizando la libre circulación de personas y capitales, las elites políticas y financieras, se han dado cuenta que es mejor que sólo fluyan los capitales, y que las personas mejor se queden en sus territorios, y los que busquen asilo o una oportunidad en la vida, se alojen en el fondo del mar.

Las costas italianas, españolas o maltesas son escenarios dantescos de la barbarie humana que cierra los ojos y solo atiende a razones supuestamente económicas: aquí no cabe más gente. Al mismo tiempo que se cierran fronteras para los inmigrantes pobres, se cortan los servicios públicos esenciales para los inmigrantes sin documentación, las sociedades de la opulencia van exigiendo a sus políticos que asuman las posturas que otrora fueron el cáncer de Europa: neofascismo y xenofobia.

El virus de la xenofobia recorre Europa de norte a sur

Las distintas contiendas electorales en el núcleo europeo, desde el Frente Nacional en Francia a Pegida en Alemania, van dibujando un panorama desolador para el drama humano, pero también económico, que supone cerrar y sellar fronteras, denigrar y vejar a los inmigrantes que logran llegar a las costas europeas. Todo el debate se circunscribe a contar a estas personas como animales y asignarles números para ver si caben en los cupos, casi como la cuota láctea o vacuna, que tanto daño ha hecho a una gran parte de los países de origen de estos ciudadanos.

Europa se muere, la demografía es una bomba de relojería que estallará tarde o temprano, y sin natalidad y crecimiento poblacional, los viejos países europeos serán absorbidos por las nuevas fuerzas asiáticas

Lo que la sociedad debería saber y nadie le explica es que Europa se muere, la demografía es una bomba de relojería que estallará tarde o temprano, y que sin natalidad y crecimiento poblacional, los viejos países europeos serán absorbidos por las nuevas fuerzas asiáticas, que se han dado cuenta del problema. Un caso paradigmático es España que en la fase alcista del ciclo importó casi 6 millones de ciudadanos, muchos de los cuales ya son españoles, y que han contribuido, y siguen contribuyendo los que siguen entre nosotros, al desarrollo y a entender la multiculturalidad  y mestizaje, tras décadas de asilamiento, racismo y autarquía durante el franquismo. Pero además, esta llegada de inmigrantes, junto a otras medidas, consiguió elevar la tasa de natalidad durante algunos años, dada la propensión a la misma entre la población inmigrante, algo que pocos economistas señalan, tal vez enfrascados en debates estériles sobre el AVE.

La crisis demográfica y la caída de la natalidad solo se solventarán con más inmigración

Este debate europeo sobre demografía y natalidad, curiosamente un debate egoísta e individualista, parece no tener cabida entre la podredumbre intelectual y económica que rigen los destinos de la UE desde hace décadas. Esta ausencia de discusión, además, se une a las políticas tan dañinas que la UE ejercer en el campo del comercio internacional, especialmente agrícola. Estas medidas tratan de aislar la competencia con el campo africano, tan rico o más que nuestros plásticos en Almería, eso sí trabajados por inmigrantes a los que se trata peor que a esclavos.  Estas trabas al comercio y la anulación de políticas de cooperación con buena parte de los países de origen, explican el trasvase de personas buscando simplemente salir de la miseria, del hambre y de la persecución política.

Adicionalmente al drama económico, lo que sí es cierto es que el reparto de la distribución de inmigrantes que buscan asilo debe ser generoso entre los 28 miembros de la UE. No es de recibo que el 45% de las peticiones de asilo las tengan que tramitar apenas 9 países, lo que genera, con cierta razón, un rechazo adicional por el sobrecoste que supone. Esto es así, porque la UE carece de una política migratoria común, y únicamente se ocupa de la emergencia, en lo que llaman Operación Tritón, pero no de dar estabilidad y cabida a tanto drama humano. Lo más llamativo es que a los inmigrantes con dinero, sí se les acepta rápidamente, como las normas que garantizan la residencia a quien invierta más de 500.000 euros en deuda pública o compren viviendas de lujo en España.

Es urgente llevar a cabo un reparto más equitativo entre los 28 miembros de la UE

Las causas de este éxodo ya no son solo económicas, que también. Hay mucho refugiado político que huye de conflictos creados y financiados por Occidente, como el caso de Siria, Libia o Yemen. El crecimiento del extremismo religioso no es más que el resultado, al margen de otros factores, de la mala política occidental para con los países más conflicticos; Irak, Irán, Líbano o Israel.

Europa es un polvorín político y campo de pruebas de la llegada de una nueva oleada de fascismo disfrazado de populismo xenófobo que esconde el miedo y la impotencia que tienen muchos nostálgicos

Las causas de la diáspora tienen orígenes culpables en las políticas comerciales europeas y en conflictos bélicos

Con estos mimbres, Europa es un polvorín político y campo de pruebas de la llegada de una nueva oleada de fascismo disfrazado de populismo xenófobo que esconde el miedo y la impotencia que tienen muchos nostálgicos a que la era de la pureza de raza se ha acabado. La natalidad solo crecerá si los inmigrantes son recibidos como se merecen, porque Europa necesita crecimiento demográfico y la idea de que el paro es causado por la inmigración, solo cabe en mentes enfermas o analfabetas. Al mismo tiempo, Europa, pero también EEUU, deben derogar las normas proteccionistas que empobrecen a los países africanos, que deben empezar a ser considerados como países aliados y cooperantes en materia de tráfico de personas, única solución para acabar con dicha lacra.

En suma, urge en Europa un cambio profundo de estructura normativa, de visión a largo plazo del fenómeno de la inmigración y de concienciar a la sociedad de las bondades de la misma. Para ello, el fantasma del fascismo y la xenofobia debe ser erradicado desde la razón, la educación y la militancia activa de ciudadanos y nuevos políticos. Lamentablemente los que no gobiernan están infectados por el virus del discurso de que aquí no cabemos todos. El mismo mantra que nos ha llevado a la destrucción controlada del Estado del Bienestar que ahora gestionará desde lo privado los delegados de empresas americanas tras el TTIP.    


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