Economista ciudadano

Europa es el problema

La economía europea no para de dar bandazos demostrando que falta realmente una política económica solvente que pueda enderezar el rumbo y permita salir no solo de esta crisis, sino del estancamiento político y social secular. Las últimas noticias económicas no dejan de asombrar a algunos, lo que también da idea de la pobreza del análisis económico de la eurozona y de la escasa fiabilidad de las previsiones de los analistas.

La economía europea no para de dar bandazos, fruto de la profunda crisis social y política

El origen de los problemas de la eurozona no son nuevos, sino que se asientan casi en el propio diseño institucional, en la asimetría en dotaciones iniciales de los Estados miembros, en la varianza tan enorme en cualificación del capital humano y en la dispersión de la tipología, tamaño y especialización de empresas. Al margen de esto, el condicionante geopolítico también juega un papel crucial, lo que se traduce en la política de alianzas que preconizan los países centrales de la UE.

Con estos mimbres, lo que en su día se gestó como una mera Unión Aduanera, ha dejado paso a una amplia Unión Monetaria, eso sí, sin estructuras comunitarias en materia bancaria, fiscal, legislativa, presupuestaria o laboral. Por todo ello, las turbulencias exógenas se ha demostrado que no se pueden manejar de forma conjunta, al existir una gran asimetría en los ciclos económicos, en la cuantía del PIB per cápita y en los mecanismos de corrección o estabilizadores automáticos que sólo están disponibles a nivel individual.  Esta falta de instrumentos, como pueden ser la unión bancaria, la política fiscal o la política presupuestaria, unido al egoísmo nacional y falta de liderazgo de la propia Unión Europea, ha provocado una desazón social y política que está abocando a la propia UE al estancamiento económico y social que se puede tornar estructural.

La ausencia de instrumentos colectivos de política económica es uno de los grandes déficits de la UE

La preponderancia política y económica de Alemania, un país que a pesar de su buena imagen presenta una decadencia social preocupante, ha contagiado al resto de economías hacia un escenario en el que lo relevante es mantener la inflación cercana a cero, deflacionar los salarios, precarizar el mercado laboral y entorpecer cualquier intento de crear mecanismos supranacionales de gestión de política económica comunitaria. Su negativa a impulsar la Unión Bancaria, a una política fiscal comunitaria, un presupuesto comunitario verdadero y útil, o a solventar de forma coordinada el sobreendeudamiento de algunos países, son algunos ejemplos.

La realidad política, con demasiadas componendas entre las dos grandes familias políticas europeas, conservadores y socialdemócratas, no permite albergar muchas esperanzas en que se puede provocar un giro que cambie el rumbo de las economías europeas. El gran problema es que, incluso con algunas de estas políticas, la UE no podrá funcionar con la gran asimetría entre las economías grandes y pequeñas, lo que da idea de la gran complejidad de la gestión de una Unión Económica, y mucho más de una Unión Monetaria.

La elevada asimetría económica entre países no permitirá nunca la convergencia

Esto se traduce en que la inequidad entre países se va a mantener, la pobreza va a seguir creciendo en buena parte de las economías europeas y el desempleo estructural será una característica más del declive europeo. Por eso sorprende mucho que los nuevos líderes de la izquierda europea, Renzi o Pedro Sánchez sigan proponiendo medidas muy manidas, sin tener en cuenta los grandes retos de la economía europea.

En primer lugar, ya resulta muy cansino hablar de la expansión monetaria (QE) como bálsamo que cura todos los males, comparando esa situación con EEUU. Lo único que genera este tipo de acciones es reactivar nuevas burbujas, en este caso de deuda pública, algo que solo favorece a las clases dominantes, es decir a los tenedores de bonos y acciones en bolsa, cuyo acceso a la información les permite salirse antes que al resto de pequeños inversores.

Decir también que el BCE no ha llevado a cabo una política monetaria expansiva es desconocer el mecanismo de actuación del mismo, pues el balance del BCE se ha multiplicado por dos en los últimos años, aunque la transmisión al sector privado no haya sido el deseado. Lo que ha demostrado esta política monetaria en presencia de recesión de balances es que es completamente ineficiente, ya que nos encontramos en presencia de lo que comúnmente se conoce como trampa de la liquidez. La combinación de tipos de intereses nulos o negativos, exceso de liquidez presente y futuro y un sistema financiero inflado, solo sirve para generar nuevas burbujas financieras, dejando el sistema productivo como algo marginal en el montante de transacciones internacionales.

La política monetaria expansiva a la americana solo nos lleva a nuevas burbujas

Otro tópico muy recurrente es el tipo de cambio o la necesidad de un plan de empleo juvenil, muy socorrido cuando no se sabe que recetar. La realidad del tipo de cambio en la zona euro es muy clara. Los países que podrían depender más de él, como Alemania o Francia, apenas lo han notado cuando el flujo de comercio internacional es positivo. Alemania tiene el monopolio de oferta en muchos productos y servicios, por lo que el tipo de cambio es una variable que deja de tener valor. Está bastante estudiado el escaso peso del tipo de cambio en las decisiones de exportar de economías muy abiertas y con poder de mercado. En economías escasamente industriales, como la española, la portuguesa o la griega, el tipo de cambio es simplemente irrelevante y apenas tiene incidencia sobre su sector exterior, salvo en casos puntuales y coyunturales como el momento que vive Rusia.  El caso de los planes de empleo juvenil europeo es otra de las propuestas vacías cuya aplicación y contendido son una incógnita, dada la diferente legislación, cualificación, disponibilidad, tipología de estructura económica, etc. Es realmente descorazonador que se siga por esta dinámica tan vieja y estéril.  Alguien debería pararse a estudiar qué han supuesto los numerosos planes de empleo regionales y nacionales aprobados pomposamente en España, tanto por parte del PP, como del PSOE.

Ni la depreciación del tipo de cambio, ni un plan de empleo juvenil son soluciones plausibles

De lo que no se habla es de reducir drásticamente a nivel internacional el tamaño del balance financiero, restringir las transacciones financieras mediante una fiscalidad real y efectiva, cambiar la regulación financiera internacional, recualificar el mercado laboral europea, reindustrializar la economía europea, o crear un mecanismo ordenado y coordinado de restructuración de deuda. Por supuesto, cambiando las reglas de disciplina fiscal analizando qué parte del déficit público se podría sacar del cómputo, y qué política fiscal es necesaria ahora y a futuro. Para todo ello, es imprescindible una nueva sociedad civil y por supuesto un tsunami que se lleve esta clase política miope, miedosa, servil, poco cualificada, dando paso a nuevas estructuras de poder y de representación.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba