Economista ciudadano

Díaz Ferrán y Gao Ping eran los modelos a seguir

En estos momentos convulsos, en los que el diálogo social parece que está en punto muerto, sorprende mucho los argumentos de las partes, y muy en particular las preocupaciones, especialmente los del mundo empresarial. Pero en España en esta fase de orgía del nuevo rico, se encumbró a un modelo de empresario feliz, guapo y de tradición de buena familia. Este era Díaz Ferrán, el gran apoyo de la antigua Presidenta de la Comunidad de Madrid, como el actual de Cepyme, Arturo Fernández, personajes que suponen la antítesis de lo que debería ser un ciudadano y un empresario. La segunda sacudida ha sido la de la detención, y posterior rocambolesca liberación, del presunto cabecilla de la gran red de blanqueo de dinero negro, el ciudadano chino que lideraba el gran complejo de empresas low cost que han invadido y hundido a un gran parte del tejido empresarial español.

La figura de Díaz Ferrán como ejemplo de empresario modelo auspiciado por Esperanza Aguirre es una mala señal para el resto de empresarios de este país

Esta red, ahora, se está destapando como la banca negra de las mejores familias y empresas de España, encontrándome, incluso, con antiguos pupilos en mí antaño tarea como entrenador de baloncesto, en la figura de uno de los hijos del ex ministro Rosón. Triste espectáculo, este del patriotismo fiscal, que denota el desprecio hacia la legalidad y hacia lo que representa ser un ciudadano comprometido con tu país. El fracaso de la amnistía fiscal, auspiciada por el Ministro Montoro, que cuando no es Ministro le gusta aconsejar y asesorar en la “optimización fiscal”, es una señal de que existiendo estas redes de notables y discretos amigos del país, no es necesario exponerse al escarnio público de saber la identidad de los ilustres habitantes del Conde de Orgaz.

El descabezamiento de la red de blanqueo de dinero negro por la mafia china explica el fracaso de la amnistía fiscal de Montoro

Sabido es que la tradición económica en España ha sido la de un país de asalariados y funcionarios, con una muy baja densidad empresarial y con una querencia inusitada por la protección del Estado. Esta fue fruto de una dictadura autárquica primero, y luego por el juego de las barreras arancelarias y las devaluaciones. Esta estructura empresarial ha generado unos usos y costumbres muy alejados de los de las empresas modernas y competitivas, es decir aquellas que luchan por tener las mejores plantillas, compitiendo en salarios altos y prestaciones, y cuyo principal objetivo es preservar y cuidar el talento, como arma esencial para ganar cuota de mercado y expandirse.

Frente a esto, la empresa española desprecia el talento, busca el menor salario, pide al Estado que le libere de impuestos y cotizaciones, todo esto para seguir produciendo peor, con peores condiciones laborales y generar el máximo beneficio posible. Si a esto añadimos la lacra del desconocimiento idiomático, la escasa dimensión del tejido empresarial, el nuevo riquismo en muchas actitudes y el escaso amor por la responsabilidad social corporativa o la transparencia, cuadramos el círculo del déficit de competitividad de la empresa española y las dificultades para cambiar el patrón de crecimiento de la economía española.

Hay pocas empresas que busquen el modelo de la excelencia, el mejor talento, y pagar salarios altos y la vez contribuir con mayores impuestos para el sostén del país

Con este panorama, parecería lógico que la cúpula empresarial tratase de demandar otras mejoras estructurales, especialmente el funcionamiento de la Administración. Pero no, el programa de máximos de la CEOE consiste en una rebaja de cotizaciones sociales, que casi desmantelaría la protección social, o la reducción del coste de despido. Nada se habla de cambiar la organización del tiempo de trabajo, tenemos la peor estructura de horarios de trabajo, de cómo evitar que las mejores mentes se tengan que ir del país o de por qué no hay vocación empresarial, algo que apenas suscita debate.

La Administración, en todas su vertientes, es una rémora para el empresariado, salvo para proteger a los oligopolios y rentistas

Pero vayamos a analizar lo que debería ser una Administración al servicio de la empresa, es decir que cuando uno se acercase a una ventanilla le tratasen como uno de los suyos, y no como un apestado o un enemigo. Dentro de este análisis conviene señalar dos especificidades. En primer lugar, la Administración interior, para luego señalizar el servicio exterior.

La relación entre la Administración y la empresa es manifiestamente mejorable desde las instancias más cercanas, los ayuntamientos, hasta las más altas, ministerios o entidades de financiación pública. El caso de las licencias en Madrid es palpable. El grado de desconocimiento de la actividad empresarial entre el administrador y el administrado es un abismo que acaba consumiendo el ya de por sí escaso fervor empresarial. La figura del jefe de servicio aquí surge como un fantasma y se erige en juez sumarísimo para decidir cuándo y en qué condiciones se otorga un permiso o licencia a un empresario. El poder de esta figura, muy de Larra, aleja la teoría de que el poder lo ejercen los diferentes Gobiernos, y nos retrotrae al oscuro mundo de la tecnocracia tan querida por los nostálgicos del régimen.

Qué decir de la Administración exterior. La guerra permanente entre la diplomacia y los representantes comerciales es eterna y sin resultado. Cada Ministro de Exteriores lo intenta, pero fracasa pues el poder de aquellos es omnímodo, pero entre medias se puede observar, cómo otros países se llevan muchos más proyectos que nosotros, porque aquí siempre se está a la espera de que el ICEX trate de encontrar la información a las necesidades de la empresa. Qué envidia de Francia, donde el embajador es a la vez diplomático y agregado comercial, y así les va de bien en el exterior.

Y si finalmente uno quiere financiación pública, sabrá que las personas que evaluarán su proyecto jamás han montado una empresa, la idea del riesgo la tienen muy distorsionada, y sobre todo esa máxima que dice que el tiempo es oro, no entraba en los 400 temas de la oposición. En suma, la burocracia no está en la mesa del diálogo social. ¿Por qué será?


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba