Economista ciudadano

Despido gratis, desahucio ancianos

Esta semana ha estado plagada de acontecimientos lúgubres para nuestra sociedad. Estos hechos nada tienen que ver con el fallecimiento de la Duquesa de Alba o la entrada en prisión de la reina de la copla, sino con dos episodios que dan muestra de la degradación moral y social.

Po un lado, el fallo de la Audiencia que obliga a la embotelladora de Coca Cola a pagar los salarios atrasados a algunos de los trabajadores afectados, más de 1250 familias que han sido despedidas simplemente por el deseo de reorganización de la empresa en España. Esta es una de las múltiples fórmulas de flexibilización y pérdida de derechos laborales que han traído las últimas reformas laborales en España auspiciadas por el PSOE y el PP. Es decir, una multinacional, con beneficios por supuesto, decide que puede disponer de la fuerza laboral a su antojo, puede cerrar sus fábricas al libre albedrío y por supuesto, en muchos casos, con un coste ridículo o incluso sin coste, como ha puesto de manifiesto el fallo de la Audiencia.

Dos hechos han marcado la semana: el desahucio de una anciana de 85 años y el fallo a favor de los trabajadores de Coca Cola

El ya escaso empleo industrial sigue languideciendo, sin que las autoridades públicas hagan nada por salvarlo, plegándose a los intereses de las grandes multinacionales que usan el territorio nacional como campo de pruebas, recibiendo en muchos casos, generosas ayudas en  forma de subvenciones directas, cesión gratuita de terrenos, cuyos réditos nunca devuelven cuando deciden que van a probar una nueva fuerza laboral más dócil. Este concepto de flexibilidad, que ahora se añade el vocablo seguridad, se desentiende completamente de la variante humana del trabajador. Es decir, uno debe obedecer sin rechistar los designios de los Consejos de administración, que en muchos casos operan a miles de kilómetros, y por supuesto agradecer encima la posibilidad de haber trabajado durante quince o veinte años al servicio de una fábrica, eso sí con salarios en muchos casos miserables. El premio a partir de ahora será una mochila liberal que podré trasladar conmigo a la próxima estación, que por supuesto no será el empleo, sino el desempleo cuasi vitalicio para muchos de los despedidos de Coca Cola y otras grandes multinacionales.

Las multinacionales siguen dando muestra de despotismo consentido para con la fuerza laboral

El factor trabajo es ya una mera mercancía que va y viene sin tener en cuenta los condicionantes humanos, familiares o sentimentales de cada trabajador o trabajadora. El capitalismo es pura supervivencia que no entiende ni concibe que tengas sentimientos, derechos o dignidad. Tu única función es levantarte y los que tienen empleo cumplir la jornada laboral que disponga el que te contrata, en España se hacen más de 3 millones de horas extras sin retribuir, cobrar un salario que en gran medida apenas supera el salario mínimo, y volver al hogar hipotecado. Las sucesivas leyes laborales, y las que restringen los derechos civiles y de manifestación y opinión, están logrando que las protestas, huelgas u otras formas de expresión sean perseguidas, incluso con cárcel, lo que tranquiliza siempre a los mercados financieros.

En esta orgía para el capital, uno observa que sólo el 37% de los ocupados tiene un contrato indefinido y a tiempo completo, lo que va encajando poco a poco la visión de un nuevo lumpen, aquel que ayer era clase media y hoy se acerca al abismo de la exclusión, incluso trabajando. El mundo ya es solo precariedad gritan los adalides de la mercantilización de la fuerza laboral, aquellos que cuentan contratos de horas y días, como gran éxito de la desregulación laboral. Ya se contrata sin crecimiento.

En esta película, mezcla de Orwell y Ken Loach, surge una gran masa silenciosa, los prejubilados y aquellos mayores de 45 años que nunca más trabajarán, porque las empresas no quieren gente con experiencia que cobre más de 600€-700€. Gente maleada por experiencias sindicales, con ERES a sus espaldas y curiosamente, con tanto que aportar. Esa visión miope del mercado laboral es aplaudida por el regulador y el legislador que permite los despidos sin causa de toda esta masa silenciosa que tiene cargas familiares, que tiene ascendentes en casa y que apenas podrá sobrevivir en esta jungla tan liberal y tan desregulada. Estos hombres y mujeres que ahora empiezan a ver y sentir en sus propias carnes lo que se decía siempre: el mercado laboral español es el más protegido y regulado de la Europa Occidental. También escucharon que los salarios en España eran demasiado elevados y que eran la causa del desempleo.

El grupo de excluidos de más 45 años son los grandes afectados de este negro futuro laboral

Todos estos ciudadanos, sin esperanza en muchos casos, son los grandes olvidados, la masa de trabajadores/as con grandes dosis de experiencia y sabiduría que no se pueden ir a Londres o a Berlín a fregar platos, pero que, sin duda, van a ser los que lideren la revolución o revuelta que se está gestando en España. Esta revuelta nada tiene que ver con el auge de Podemos, sino que tiene que ver con la exclusión social, la pérdida de dignidad y el abandono social de sus habitantes.

El ejemplo más claro lo hemos tenido con Carmen, esa anciana con 85 años que ha sido desahuciada de su vivienda por avalar a su hijo en paro que finalmente no ha podido pagar su deuda. Esa mujer abandonada por las instituciones, solo se ha visto rodeada por amigos y por las plataformas de apoyo, como la PAH, quienes son tachados de terroristas por parte de los medios de comunicación propiedad del sistema financiero y por los partidos clásicos. Esta mujer es el símbolo del tipo de país en el que vivimos, sin alquiler social porque eso es estatista y colectivista, sin mecanismos de ayuda municipal o autonómica, porque estamos vendiendo las viviendas sociales a fondos financieros buitres. Esa sociedad que venera a la aristocracia que fallece, que lamenta la entrada en prisión de una delincuente como Isabel Pantoja, pero que es incapaz de ayudar o simplemente reflexionar sobre qué tipo de sociedad vamos a dejar a nuestros hijos.

La anciana desahuciada con 85 años es un síntoma de degradación moral

Ese mundo lleno de individuos que sólo se ocupan de ellos mismos, donde la colectividad debe ser erradicada, lo mismo que la solidaridad intergeneracional, y donde el esfuerzo personal, supuestamente, es la única medicina. Habría que transmitir a Carmen y a todos los despedidos y excluidos que la pobreza y la exclusión social es responsabilidad personal y que no deben transmitir sus problemas a los triunfadores sociales que se esfuerzan todas las mañanas por hacer grandes a las empresas de este país. El problema es que cada vez hay menos y más pobres, especialmente de espíritu.       


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