Economista ciudadano

Desigualdad salarial transparente en el IBEX

Las grandes empresas del IBEX han sido noticia esta semana por dos cosas relevantes. La primera es por una reunión en Moncloa con Rajoy del autodenominado Consejo Empresarial para la Competitividad, tan irrelevante como exenta de mínima sensibilidad para la gran mayoría de la sociedad y para el papel de la mujer. Y la segunda por la publicación de las remuneraciones de los Consejos de Administración en las principales empresas del país.

Las desigualdades salariales y la ausencia de mujeres en la foto del IBEX con Rajoy, dañan la imagen de la gran empresa

La primera imagen no ayuda a reconciliar la imagen de la gran empresa en España que, salvo honrosas excepciones, ejerce su función en un mundo alejado de la competencia, pegada y apoyada por el Boletín Oficial del Estado, y que apenas crea empleo. Esto se puede observar con las cifras de empleo neto que suman los que fueron a comer y a rendir pleitesía al Presidente de Gobierno. Además de esto, tampoco ayuda la información, que ya se intuía, sobre las donaciones que una buena parte de estas empresas realizan a los dos principales partidos políticos, en un momento particularmente doloroso para una gran parte de la sociedad. Estas donaciones, sin posibilidad todavía de asociarlas a adjudicaciones concretas, ayudan a entender para quien trabajan los legisladores, siendo estas aportaciones una inversión para en un futuro emplear a buena parte de Ministros y Ex altos cargos, en pago a los suculentos contratos, y especialmente a los modificados de los mismos.

Esta gran dicotomía social y económica, una elite minoritaria en creación de empleo, con grandes prebendas y cercanía al poder político, mediante compra de voluntades, contrasta con la gran mayoría del tejido empresarial y laboral, pequeñas empresas huérfanas de apoyo, financiación y reconocimiento social y mediático. Fruto de este divorcio, también es grosero la imagen de ninguna mujer dirigiendo este club de los más poderosos, como si el 50% de la población española no tuviese el suficiente fuste y capacidad para dirigir empresas oligopolísticas.

La figura de la gran empresa se asocia a la escasa creación de empleo, oligopolio y empresa vincula al poder político

Con estos mimbres, y ayudados por la sal y pimienta que siempre ponen los miembros de la CEOE, como el Vicepresidente valenciano, se sorprenden en España del escaso apego a la clase empresarial, y los estereotipos que siempre arrastran sus cabezas más visibles. Es muy complejo ser empresario y vivir de ello, si no perteneces a esta casta que usurpa el papel del empresariado y que arrincona a los que verdaderamente crean empleo y riqueza, que somos los miles de pequeños locos que nos lanzamos a levantar pequeños centros de creación de valor. Sin acceso al crédito, sin apoyos en la Agencia Tributaria, sin posibilidad de créditos fiscales, sin poder donar nada a los legisladores, se nos va la vida persiguiendo un sueño, que es poder crecer y pagar las nóminas de nuestros trabajadores.

Este tejido empresarial está completamente solo en el marasmo administrativo, político, judicial y por supuesto, financiero. Sin poder de negociación en el interior, su apuesta por la externalización o por la innovación es casi una odisea que, en su gran mayoría, acaba en fracaso. Los mecanismos de representatividad, a través de unas organizaciones de autónomos que replican las peores prácticas de casta y vendidas al poder político de las grandes  organizaciones  empresariales, hacen todavía más difícil el quehacer de las microempresas o pequeñas organizaciones.

Las pequeñas empresas están solas, sin mecanismos de representatividad que presenten buenas prácticas, al margen de la casta política

Si esto lo llevamos al campo de las retribuciones, el espectáculo es aún más dantesco. Sin caer en maniqueísmos o falsos discursos de clase que hacen los principales partidos políticos de izquierda, especialmente el PSOE, que participa activamente de esta desigualdad, la dinámica es obscena. En los datos presentados por las grandes empresas, la media de retribuciones en las empresas del IBEX multiplicaba por 75,5 veces la que se pagaba a las plantillas, con datos del 2013.

Sin que se puedan sacar correlaciones, más allá de las espurias, la empresa que lideró la desigualdad salarial, el conocido grupo textil,  su directivo mejor  pagado multiplicó por 366 veces el salario medio de la empresa. La segunda empresa más desigual, causalmente, fue FCC, cuyo ex consejero delegado recibió 7,5 millones de euros, 299 veces el salario medio. Curiosamente, este caso es paradigmático de cómo el blindaje de los altos directivos puede llegar a recompensar una pésima gestión, como fue el caso de la constructora. El resto de grandes empresas apenas superaron en 100 veces el salario medio de las compañías, lo que dice muy poco del papel que pueden jugar los accionistas en la determinación de este vaciamiento de rentas, que de forma legal, hacen muchas empresas.

Las principales desigualdades salariales muestran comportamiento dispares, con buena y pésima gestión en sus principales directivos

Otro dato muy interesante es el nivel retributivo de directivos en fase concursal, o en graves dificultades económicas, como el caso de Fadesa, San José o Codere, con salarios cercanos o superiores al millón de euros, mientras sus plantillas se adelgazan o simplemente se reducen drásticamente sus retribuciones.

Con todo ello, se puede hacer una radiografía de lo qué ocurre en las grandes empresas, incluso en época de crisis. La realidad es que mientras las plantillas sufren los ajustes por menores ventas, las prejubilaciones o despidos a los 45 años, las cúpulas no han hecho más que aumentar sus retribuciones, sus planes de pensiones, incluso a pesar de su pésima gestión en muchos casos. Nada de esto sería así, si hubiese un mayor control por parte de accionistas y trabajadores, como ocurre en Alemania, y si la propia sociedad castigase estas prácticas favoreciendo el consumo en empresas medianas y pequeñas, y penalizase a los oligopolios. Sólo así, se podrá crear una verdadera clase empresarial libre, sin ataduras políticas y sin necesidad de donaciones, que nunca se sabe donde acaban, de momento. 


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