Economista ciudadano

Contrato único o despido no causal más barato

La economía española atraviesa una situación de emergencia laboral, tras alcanzar los 6,2 millones de desempleados y una tasa de paro del 27,1%. Junto a esto, una tasa de actividad decreciente, flujos continuos de salida de personal cualificado y el completo abandono de las políticas activas de empleo.

Este conjunto de factores se explican por varios factores, algunos exógenos y otros endógenos. Entre los exógenos, cabe destacar la profunda crisis financiera, que ha generado la quiebra técnica de multitud de entidades bancarias que ha provocado una gran sima en la evolución del crédito al sector productivo. Esto ha gripado el sistema financiero internacional, lo que ha necesitado la intervención directa y masiva de los principales bancos centrales para sostener la deuda y evitar el colapso del sistema financiero internacional.

La actual crisis económica tiene factores endógenos y exógenos que han provocado el colapso en los mercados mayoristas de crédito

La explosión de la burbuja inmobiliaria en un gran número de países y el enorme endeudamiento privado consecuencia de lo anterior han generado una gran bolsa de desempleo en buena parte del mundo occidental, aunque la distribución no es simétrica, por lo que hay factores endógenos que explican las distintas tasas de desempleo y posicionamiento cíclico entre economías.

Los países que han optado por un saneamiento integral y rápido de sus sistemas financieros bancarios, incluyendo a los acreedores entre los que responden con su patrimonio y formalizando quitas de deuda privada, están hoy en mejor posición, como es el caso de Islandia, Holanda o EE.UU. También aquellas economías que han implementado políticas fiscales expansivas están permitiendo mitigar los factores exógenos, incluso a pesar de elevados endeudamiento público o déficit público abultado. Esto se ha demostrado en el caso norteamericano o japonés.

Los países que han optado por saneamientos bancarios equitativos, quitas de deuda privada y políticas fiscales expansivas están saliendo de la crisis mejor

En el caso español se han mezclado también factores endógenos y exógenos. La gran losa del endeudamiento privado, más del 300% del PIB, y las políticas de oferta implementadas, unido a la austeridad expansiva, han destrozado la estructura productiva de una gran parte del empresariado y han expulsado del mercado laboral a más de 4 millones de trabajadores. Entre el flujo de salida, realimentado por la reforma laboral, ya no hay distinción entre temporales, fijos, sector privado o público, jóvenes o mayores de 45 años. etc. La excusa de la crisis está posibilitando una auténtica revolución y purga del mercado laboral, que tampoco responde únicamente a factores de demanda. Y además, los que se quedan ya no tienen capacidad de negociar colectivamente, sus salarios se han visto reducidos más de un 20% de media y las jornadas de trabajo se hacen cada vez más largas.

El mercado laboral español se desangra por la insuficiencia de la demanda interna, agravada por la reforma laboral, con caída de salarios y largas jornadas laborales

Con este panorama, cuyo diagnóstico es claro y se resume en una insuficiente demanda agregada y niveles de endeudamiento privado insostenible, el debate que se ha abierto en España tiene que ver con el tipo de contratación. Este debate fue iniciado por un conjunto de economistas, liderados por FEDEA, que plantearon ya hace unos años la conveniencia de un cambio completo en el sistema de contratación. Consistiría en eliminar todos los contratos vigentes, más de 90, aunque solo se utilizan cuatro tipos, y sustituirlos todos por un contrato único indefinido con coste del despido creciente, en función de la antigüedad. Su diagnóstico es que la causa principal del desempleo en España tiene que ver con la dicotomía temporal-fijo, y no con la estructura productiva o la falta de demanda interna.

Los teóricos del contrato único plantean un solo contrato con coste del despido creciente y sin causalidad, aunque han reculado después

Esta ofensiva, que tiene como cómplice principal al diario El País, ha chocado, inicialmente, con aspectos alejados de la microeconomía laboral y más con la jurisprudencia. Resulta que estos economistas, la mayoría de la corriente neoclásica de pensamiento y muy brillantes, no se habían leído la Constitución española y habían obviado que el despido en España es causal y no es libre, como ellos propugnan. La causa de este despiste puede ser que viven y enseñan fuera de España y sus modelos econométricos no incorporan el ordenamiento jurídico y la mayoría de esos modelos se refieren a economías de corte anglosajón, en las que el despido es libre y no causal.

Superado este desliz, que han solventado diseñando dos tramos de indemnización, una para los despedidos con cobertura judicial efectiva, y otro para los despidos indiscriminados sin causa, la batalla ahora se traslada a la causalidad de la amplitud de los ciclos de empleo y desempleo. El colectivo del contrato único parte del apriorismo que todos los trabajadores son homogéneos, con igual formación y productividad, y que la estructura productiva es endógena. Es decir, que es la tipología de contratación es la que determina las actividades estacionales y con exceso de temporalidad. En esencia, se cargan toda la teoría de las ventajas comparativas de David Ricardo.

Los apriorismos de estos teóricos es que los trabajadores son homogéneos y que la estructura productiva es endógena

En este punto, la lógica nos diría que todo el sector del turismo, con una actividad estacional corta, que va de mayo a septiembre y que luego una gran parte de la actividad cesa hasta el año que viene, tiene esta cadencia temporal por la existencia de una legislación que les permite contratar temporales. Si tuviésemos un contrato único, los empresarios harían fijos a todos los trabajadores y les pagarían todo el año sin trabajar, esperando la apertura de la nueva temporada. Lo mismo ocurriría con la agricultura, cuyas cosechas temporales no influirían en la contratación. Por no hablar de la construcción, claro ejemplo de obra y servicio, automóvil, actividades de congresos, la Feria de Abril, etc. Es decir, casi un 30% de la actividad económica en España es estacional y temporal, por culpa de la contratación y no al revés. Realmente, no se sostiene desde ningún punto de vista.

Según su teoría, la estacionalidad y temporalidad del turismo y otras actividades se debe a la estructura perversa del mercado laboral

Bajo esta nebulosa de culpar a la temporalidad del tipo de contratación, se esconde una opción económica e ideológica de reducir aún más el despido, y quitarle la tutela judicial efectiva a los trabajadores. De ahí el desprecio con el que hablan de la Constitución española en al artículo publicado el pasado domingo en El País. Son muy brillantes, pero en este campo deben estudiar más, especialmente el ordenamiento jurídico español.


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