Economista ciudadano

El COI devuelve a España a su verdadero lugar

El empecinamiento político, que no ciudadano, ha llevado a España a uno de los episodios más negros en las últimas décadas. La apuesta por un proyecto olímpico fastuoso, alejado de las verdaderas necesidades de una ciudad como Madrid, y la escasa confianza internacional que genera España, nos despertó de una pesadilla alentada por una delegación chusca y muy diferente a la de los otras candidaturas.

La euforia despertada artificialmente por la propaganda política, y también por los principales medios de comunicación, con supuestas filtraciones del sentido del voto de algunos miembros, terminó por decantar la nominación hacia una ciudad seria y sin estridencias, propias de un país en vías de desarrollo.

España no tiene peso internacional y se ha notado en la pésima estrategia seguida con los miembros del COI.

Es cierto que el sentido del voto ya estaba decidido antes de la asamblea del COI, pero el espectáculo grotesco de la presentación española por parte de la Alcaldesa de Madrid y el Presidente del COE, con niveles de inglés que recuerda a la España de Paco Martínez Soria, nos han hecho dar una imagen realmente penosa que no ha ayudado en nada, a pesar del voluntarismo de Gasol o el propio Príncipe.

Todo esto demuestra el escaso peso internacional español, la nulidad del servicio exterior y la bisoñez de los políticos y deportistas que creían que los continuos éxitos de los deportistas, serían suficientes para inclinar la balanza. Sin embargo, esta relevancia deportiva se produce a pesar de los responsables políticos, pues es manifiesto el desprecio por el deporte de base, por el deporte escolar y universitario.

Y en esto, Madrid es un paradigma con una escasez de instalaciones populares y abandono municipal y autonómico palpable. Por eso sorprende y genera un cierto asco, ver a todos los políticos actuales, y los anteriores también, llenarse la boca del apoyo al deporte cuando algunos deportistas de elite de disciplinas minoritarias, por no hablar de los paralímpicos, se han tenido que pagar sus viajes, material, etc.

Madrid y España presumen de deportistas a pesar de la pésima política deportiva de base, escolar y universitaria.

Este empecinamiento, por tercera vez, sigue escondiendo la transparencia de los costes reales desde que comenzó esta aventura ruinosa y siguen vendiendo los posibles efectos positivos de la organización, cuando la evidencia empírica es muy discutible y revela que hay pruebas de lo contrario.

Pero la imagen de una país asolado por la corrupción, con una crisis de deuda privada y pública inabordable, ha resultado letal para convencer a un monopolio como el COI que persigue por encima de todo un gran beneficio económico. En este sentido, las instalaciones ya construidas muestran un grado de infrautilización manifiesta, como es el caso de la Caja Mágica que ha costado más de 300 millones de euros y apenas se utiliza 10 días durante el año en un evento privado.

Esto es lo que se destila de todos los grandes estudios realizados en la literatura económica. Lo primero que se constata es que la media de infraestimación de costes, en un trabajo realizado por la Universidad de Oxford, en este tipo de eventos es de casi un 179%.

Los Juegos Olímpicos tienden a infraestimar los costes del evento y provocan la dilapidación de muchos recursos en infraestructuras ociosas

Por todo ello, merece la pena leer y estudiar, algo que no hacen los responsables políticos, los principales estudios y trabajos realizados. Por ejemplo, el trabajo de Baade y Matheson (2002) demuestran que el ayuntamiento de Atlanta y el estado de Georgia gastaron cerca de 1.600 millones de dólares en los Juegos Olímpicos de 1996 creando un máximo de 25.000 puestos de trabajo permanentes.

Es decir, cada puesto de trabajo costó más de 64.000 dólares. Madden (2006) estudió el efecto de los Juegos Olímpicos de Sidney sobre la economía australiana. Aunque tuvieron un efecto positivo sobre el estado que los albergó, el efecto total sobre la economía del país fue negativo.

Los estudios empíricos realizados muestran que el impacto económico es discutible y no siempre positivo a largo plazo para las ciudades y países organizativos.

Otros resultados interesantes se pueden plasmar en la encuesta llevada a cabo por Whaples (2006) entre miembros de la American Economic Association sobre si los estadios deberían recibir subsidios públicos por parte de la ciudad, solo el 5% de los economistas se declararan a favor. Esto probaría de la inutilidad que supone construir y subvencionar infraestructuras para 15 días y luego abandonarlos para siempre, como ha pasado en Montreal, y otras ciudades, y que también se puede ver en Barcelona con el Estadio Olímpico.

Si nos atenemos específicamente al caso de los Juegos Olímpicos, conviene leer el trabajo de Rose y Spiegel (2011), que estudiaron los efectos a largo plazo de su impacto. Los resultados apuntan a que los países que albergaron unas Olimpiadas experimentaron un incremento muy significativo y permanente de su comercio exterior de cerca de un 30%.

Sin embargo, esto no significa que los Juegos Olímpicos fueran la causa de este incremento en el comercio. De hecho, los países cuyas ciudades también optaban a participar en los Juegos obtuvieron un incremento en el comercio de una magnitud parecida. Su modelo permite comprobar cómo este tipo de eventos supone una señal de que un país o una ciudad para convencer al exterior que se han hecho las reformas pertinentes. Esto también explicaria por qué los efectos de organizar unos Juegos Olímpicos es independiente de si son de invierno o verano y tienen magnitudes parecidas en el caso de las exposiciones universales.

El efecto positivo de los Juegos Olímpicos no se debe, por tanto, a las infraestructuras que se construyen para los mismos. De hecho, es difícil argumentar que gran parte de las inversiones necesarias para albergar unos JJ.OO. tendrán repercusiones positivas a largo plazo en la economía de un país. En resumen, hay demasiados intereses creados alrededor de los Juegos Olímpicos y su impacto económico a largo plazo. Dicho impacto es limitado y seguramente el efecto neto sería negativo, dado la enorme cantidad de fondos que se pierden en inversiones inútiles.

En resumen, Madrid ha perdido por su pésima imagen, la situación financiera y la corrupción, lo cual nos ahorrará mucho dinero necesario.

A todo esto hay que sumar la pésima imagen y categoría profesional de la candidatura política que hemos llevado a Buenos Aires. La comparación con Barcelona es odiosa y 30 años después Barcelona sigue siendo una ciudad puntera y Madrid una urbe provinciana, donde los grandes eventos culturales y turísticos pasan de largo. Esperemos que no sigan gastando dinero en un proyecto esteril.


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