Economista ciudadano

CEOE desempolva el programa máximo

Los países menos desarrollados se caracterizan por competir en los mercados internacionales con medidas contrarias a derecho y que degradan el factor trabajo, como medida estelar. Esta ha sido la práctica en muchas naciones asiáticas, como China, Singapur, Malasia o Vietnam, por no hablar de Bangladesh o la India, lo cual explica su despegue económico y la deslocalización de multitud de empresas multinacionales europeas y norteamericanas.

Una clara señal de subdesarrollo es un mercado laboral degradado en derechos y retribución salarial

Este dumping social, consistente en concebir la mano de obra como una mera mercancía sin derechos, ni capacidad de negociación, se trasladó a los países europeos del Sur en los años 80, especialmente en España, que podía competir en salarios bajos y escasa conciencia ciudadana, a pesar de la presencia de organizaciones sindicales en algunos sectores industriales y el sector público. Con la llegada del boom inmobiliario y la entrada en la UE, países como España dejaron de ser atractivas en términos relativos, y comenzó el éxodo hacia el Este, fundamentalmente de los sectores de manufactura, textil y servicios muy especializados, junto a los llamados call centers.

Con esta diáspora, la industria poco a poco se fue desmantelando, dejando dentro solo aquellos sectores que no se pueden deslocalizar, como la hostelería, construcción y turismo en general, con la única excepción de las maquilas en el sector del automóvil. La excusa siempre era que el mercado laboral era muy rígido y que era imposible ajustar plantillas y salarios para sortear ciclos adversos, como el que nos ocupa. Curiosamente esta premisa se desmontaba observando el sector del automóvil, cuyos gestores y organizaciones sindicales llevan maximizando la flexibilidad de entrada y salida del mercado, con periodos de reducciones salariales temporales. Estos ajustes siempre se han llevado a cabo mediante la negociación colectiva entre las partes.

La supuesta rigidez laboral en España ha empujado a muchas empresas a buscar mercados donde rige la semiesclavitud

Pero en España, a diferencia de otros países, tiene un lobby empresarial, cuyos gestores en muchos casos son únicamente rentistas y lobistas, pero no empresarios, llevan años clamando por una desregulación absoluta del mercado laboral. El argumento es tan débil, como falaz y parte de la premisa que el empleo depende directamente del marco regulatorio e institucional, así como de costes relativos. Para ello, utilizan la fuerza laboral como un bien homogéneo, de formación idéntica, y perfectamente intercambiable entre generaciones, cualificaciones, etc.  Con este apriorismo trufado de rigor académico que le prestan los think tank cercanos al poder, como FAES o FEDEA, han ido redactando, con los diversos gobiernos, las distintas reformas laborales, con el único objetivo de eliminar cualquier vestigio de poder de negociación de los trabajadores, reducir el peso salarial en la Renta Nacional, y así disponer de una mano de obra barata, inerte y sin derechos de ningún tipo.

La reforma laboral, redactada íntegramente por el departamento de estudios y jurídico de la CEOE, con el apoyo de FAES y FEDEA, ha avanzado de forma nítida en este objetivo máximo. El peso de los trabajadores cubiertos por un convenio colectivo de ha reducido drásticamente, más de un 50%, los salarios nominales se han contraído más de un 50%, la conflictividad laboral se ha disparado y por fin, las rentas empresariales han superado por primera a las salariales en la distribución de la renta Nacional. Los trabajadores hoy pueden ver modificada jornada y salario sin ninguna negociación, ni consulta, a pesar de lo cual, más de un 50% de los ERES colectivos han sido declarados nulos.

La reforma laboral, redactada por CEOE, FAES y FEDEA, ha dictado la muerte de la negociación colectiva en España

Por todo ello, la CEOE en este verano tan social en el que se acumulan las recomendaciones para  transformar, aún más, el mercado laboral español en un mercado cercano a una mezcla entre anglosajón y asiática, ha publicado un compendio de recomendaciones que aprobaron en junio. Este documento, muy flojo técnicamente y lleno de lugares comunes y correlaciones espurias, pretende dar un paso más en la desregulación laboral. Proponen que se puedan transformar, sin negociación ni consulta, los contratos a tiempo completo en contratos a tiempo parcial, así como aumentar las horas complementarias del 15% al 30% del total de la jornada pactada en convenio, lo cual supone una reducción salarial encubierta.

La nueva ocurrencia de la CEOE avanza hacia la apropiación absoluta del tiempo y situación personal del trabajador, con la excusa del despido

Estas recomendaciones, que serían irreversibles en caso de que España se recupere, añaden, por tanto, un elemento más de indefensión para los trabajadores, una muesca más  en el camino de la eliminación de la negociación colectiva entre trabajadores y empresarios, lo cual redundará en una merma de la productividad, y una vuelta a las relaciones laborales de tiempos ya superados, y que nos acercarían más al modelo laboral más desregulado como es el anglosajón. Curiosamente, en estos momentos, y según los últimos informes de la OIT, China ha puesto fin al dumping salarial y lleva una carrera de alzas salariales significativas en los últimos años, acompañado de un incremento de los costes de la Seguridad Social. Por ello, hay muchas empresas, especialmente del textil, que han emprendido el camino de vuelta a España porque las condiciones laborales y salariales son ahora más laxas en España y por ende más competitivas, según el criterio de subdesarrollo que atesora, falsamente, la corriente neoclásica del mercado laboral.

Degradar la fuerza laboral, confiscar derechos adquiridos en materia de negociación colectiva,  tratar de competir con salarios bajos y apropiarse del destino y la existencia de sus trabajadores, solo responde a un modelo de empresas que debería erradicarse del mercado. Esto solo será posible si los consumidores, sufridores como trabajadores, se conciencian y boicotean a las peores prácticas laborales. Pero los grandes lobbies se sienten fuertes porque cuentan con el apoyo político de los dos grandes partidos, de las facultades más prestigiosas, los think tank y los economistas floreros que transitan por las tertulias televisivas anunciando libros que obran milagros, como si fueran crece pelo. 


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