Economista ciudadano

Lo que Bankia se llevó

El episodio de Bankia parece que no tiene fin desde un punto de vista jurídico, a pesar de los intentos por pasar página por parte de los gestores actuales, y del propio ejecutivo. Parece que la culpa de todo, según el partido que sustenta al ejecutivo y muchos de los economistas de su corte, la tiene una norma de 1985, que permitió modificar los estatutos de las Cajas y permitir la entrada de “políticos”, pero también de sindicalistas, amas de casa, impositores, etc.

Esta contingencia, y solo esta, ya les dotaban de un carácter de banca pública, demostrando una gran ignorancia de lo que realmente es una banca pública. También es cierto, y nadie lo dice, que muchas Cajas optaron por un modelo profesional de gestión, como la Caixa o las propias Cajas vascas o aragonesas, y huyeron de la propensión al pelotazo y al enriquecimiento rápido, muchas veces a costa de pequeños ahorradores y jubilados.

El modelo perverso de Bankia no fue imitado por otras Cajas profesionales, como la Caixa.

En el caso de Bankia confluyeron varios factores que propiciaron una tormenta perfecta. Por un lado, una parte de la izquierda política y sindical, en connivencia con lo más granado del PP madrileño, léase Romero de Tejada, Esperanza Aguirre, y la tropa empresarial más reaccionaria como Arturo Fernández o el todavía dueño de Martinsa, se aliaron para sostener un modelo económico depredador y muy opaco.

Se produjo entonces, un salto cualitativo y cuantitativo, entre una Caja de Ahorros, Cajamadrid, que estaba bien gestionada por Terceiro, a un fortín de especuladores, cuyo centro de reunión solía ser el palco del Bernabeu, allí donde concejales de todo pelaje, especialmente de IU y PSOE, saboreaban las migajas de la ostentación y el lujo, y se vendían fácilmente por unos canapés al más puro estilo del Pequeño Nicolás. No faltaba nada en este entramado, y así el propio Presidente del Real Madrid también utilizaba la Caja a su albedrio para financiar a crédito las estrellas futbolísticas, siempre en condiciones muy ventajosas para este tipo de operaciones, frente a la soledad y orfandad de quienes querían emprender un proyecto de inversión productiva, innovación o simplemente no estaban dentro del círculo virtuoso del Palco de la Castellana.

En Bankia confluyó lo peor de la política y el poder económico y financiero de Madrid

Este modelo económico, capitalismo de amiguetes se ha llamado, ha sido la tónica en Madrid durante los últimos años, y así ha dejado a la Comunidad de Madrid huérfana de un tejido empresarial e industrial que pueda sustituir al pelotazo urbanístico que ha destrozado la economía madrileña. En este contexto, y con la crisis financiera mundial que se inicia en 2008, las Cajas más vulnerables, y entre ellas Cajamadrid deciden huir hacia adelante con un modelo de integración vertical realmente muy perjudicial, las llamadas fusiones frias o SIP. Aquí se urdió una alianza muy sintomática. Por un lado, un supervisor liderado por una persona que jamás debió llegar a ese puesto, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, que fue impulsado por Pedro Solbes para llenar su ego ante la imposibilidad de ser Ministro, algo que ansiaba y demandada en cada esquina, pero por otro lado, un estamento como la CNMV, también liderada por Julio Segura, cuyo papel en la salida a Bolsa posterior, fue manifiestamente mejorable. Por último, las más prestigiosas empresas de auditoría y las empresas de consultoría y asesoramiento financiero que han vivido muy bien del negocio de las Cajas en régimen de duopolio, sin que el análisis permanente de los balances de las mismas les diera ni una pista para alertar a los órganos reguladores y supervisores.

Los reguladores y supervisores puestos por el PSOE fueron cómplices del desastre de Bankia

Como se puede observar, se juntó la elite progre en materia económica del PSOE, junto al ejército liberal corrupto que ha dominado la escena político-empresarial en Madrid para hundir una entidad financiera que era la tercera en el ránking nacional. En medio, y gracias a las ocurrencias de las entidades que asesoraban al mundo de las Cajas, se les ocurrió comercializar en el tramo minorista, es decir entre pequeños ahorradores, la bomba de relojería que han supuesto las preferentes. Sin escrúpulo, sin pudor, los que están llamados a defender a los más débiles de la cadena, los que precisamente trascribieron la Directiva Mifid, hicieron una clara dejación de funciones en que se cumplieran los preceptos que trabaja de defender dicha norma europea.

La novedad para algunos es que Bankia no sólo estafó a los preferentistas, cuya selección natural fue encargada a los directores de oficina para que utilizasen todos los medios posibles para engañar a miles de ahorradores, cuyo conocimiento financiero y la confianza en la entidad era inversamente proporcional. Con ello, y mientras duró el juego piramidal que suponía la capitalización del banco, se pudo cumplir con las ratios de Basilea III. Pero el juego se torció y hubo que salir a bolsa de forma precipitada, también a instancia del supervisor. Pero claro, las cuentas no permitían una salida Bolsa rápida y solvente, ya que el balance estaba realmente deteriorado por la enorme morosidad y las inversiones fallidas, o simplemente ilegales como la compra de un banco en Florida. Para poder salir, se tuvo que falsificar la cuenta de resultados, hacer un descuento sobe libros de más del 70% y, de nuevo, poner la maquinaria de la red de oficinas a funcionar para que la colocación fuese un éxito. Por arriba, la excelsa Ministra Salgado, presionó a las grandes empresas y bancos para fuesen a la colocación y así permitir al Ex Ministro Rato tocar la campana en la sede de la Plaza de la Lealtad.

Si en los medios de comunicación y otras instancias se hubiese dado altavoz a los que recomendábamos a nuestros clientes y amigos que no se les ocurriese ir a dicha colocación, y la gran masa de ahorradores buscase un asesoramiento independiente, gran parte de dicho fraude no se hubiese producido. Recuerdo cómo en la Cadena Ser en el verano previo a la salida a Bolsa de Bankia recomendaba encarecidamente no comprar acciones de Bankia, precisamente una entidad que patrocina dicha empresa radiofónica. Sé que no gustó mucho mi intervención, pero sin duda mi honestidad como profesional está por encima de unos minutos de gloria en las grandes cadenas de radio o televisión. Lamentablemente, otros no pueden decir lo mismo.

Los medios de comunicación han silenciado a los que recomendaban no ir a la colocación de Bankia

Ahora queda luchar y desmantelar lo que queda de dicho capitalismo, romper las alianzas entre los políticos en Madrid y el entramado empresarial que lideraba Díaz Ferrán o Arturo Fernández. Aunque lamentablemente, mientras el palco del Bernabeu siga albergando toda la corporación municipal y la Asamblea de Madrid, la connivencia entre poder financiero, económico y político en el núcleo  del modelo perverso que nos ha perseguido en los últimos años, nada cambiará. Desde aquí reivindico el papel de las EAFI, entidades de asesoramiento financiero independiente, las de verdad, claro, para que los ciudadanos puedan tener un asesoramiento fiable y no contaminado por la toxicidad de las entidades financieras.


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