Economista ciudadano

Bankia no era un banco público

El enésimo escándalo alrededor de Bankia vuelve a poner en discusión el carácter de banca pública de aquella institución, lo que desacredita a quienes sostenemos que dichas Cajas no responden al concepto de banca pública que merece tal acepción.

Bankia en ningún caso responde a un modelo real de banca pública

Un banco público como tal debe buscar, ante todo, el bien común, son propiedad del Estado, Comunidad o Municipio al que pertenecen. Son entidades que son viables económicamente, y que operan bajo reglas transparentes clásicas. Por supuesto estas entidades no están dirigidas por  políticos, ni  gestores ajenos al negocio bancario, sino por profesionales del sector, de titularidad pública, sin una estructura de incentivos sobre operaciones especulativas o de riesgo elevado o sobre volumen de crédito. Estas instituciones machean operaciones de activo y pasivo a largo plazo, y su función objetivo es llegar a financiar a aquellos agentes económicos y sociales que no son financiados por el sector privado.  

La banca pública no está gestionada por personas sin experiencia en el sector, ni por políticos

Con todo esto existen muchos errores de concepto que parten de premisas que son falsas, o no contrastadas. Por ejemplo, que la banca pública es más arriesgada que la banca privada. Esto es falso porque la banca pública real no invierte en activos tóxicos, como lo hace la banca privada. El problema es cómo se reparten los dividendos. Otro elemento de discusión es si la banca pública compite deslealmente con la banca privada. De nuevo aquí la experiencia no está contrastada. En EEUU hay ejemplos de banca pública real, como es el caso de Dakota del Norte, donde la banca pública local tiene programas de partneship con la banca privada y apoya al sector privado local, financiando proyectos de inversión pioneros, apoya a los nuevos emprendedores o ayuda a formarse a muchos ciudadanos.

Hay ejemplos de banca pública modélica como el caso de Dakota del Norte

La situación actual del crédito en España muestra como hay un gran vacío en materia de financiación cuando el sector privado está en serias dificultades y por tanto se echa de menos la existencia de una verdadera banca pública que pudiese cubrir los nichos de financiación que podrían evitar la quiebra de muchos agentes. Esta ruptura del canal del crédito, básicamente por un problema de solvencia que no de liquidez, demuestra que hay fallos de mercado y externalidades que la inexistencia de otra forma de banca o sistema de financiación podría solucionar.

Con estos elementos produce cierta hilaridad que se haya considerado a las Cajas de Ahorro un modelo de banca pública como el que se ha descrito o sobre el que hay mucha literatura escrita. Estas entidades tenían exactamente la misma función objetivo que la banca privada, las mismas condiciones de financiación y competían en captar a los mismos clientes, fundamentalmente la financiación de compra de vivienda, despreciando la financiación de sectores que no podían captar financiación por parte del sector privado. Competían con las entidades supuestamente privadas en la captación de financiación mayorista e invertían en activos tóxicos, especulativos y atesoraban una morosidad, fruto de su mala selección crediticia. A esto hay que añadir que estaban gestionadas por verdaderos ineptos, salvo excepciones muy honrosas, que en nada respondían a lo que debía ser un gestor público. Carecían de formación y experiencia en la gestión y su única misión era expoliar las entidades y financiar proyectos inútiles, beneficiando a grupos de constructores o financiaban sus propias instituciones, como partidos políticos, sindicatos u organizaciones empresariales.

La historia de las Cajas de Ahorro, salvo excepciones, ha sido un modelo de rapiña y apropiación de rentas

En esencia la banca privada se financia en los mercados financieros y tiene que crear valor para el accionista privado a corto plazo, mientras que la banca pública podría ayudar a reducir la carga impositiva porque sus beneficios son reinvertidos en la colectividad. Así, las obras públicas financiadas por la banca pública pueden ver reducidos sus costes, porque no existe carga de intereses, lo que reduciría el coste final en casi un 50%. Un ejemplo de banca pública real se puede encontrar en Dakota del Norte. La banca pública surge en 1919 y este Estado es el único con superávit público, desempleo bajo, mejor rating que el resto y se especializa en financiar proyectos de muchos tipos que benefician a la colectividad, especialmente el educativo.

Todo esto contrasta con el espectáculo y la rapiña que ha asolado Bankia desde que un grupo de sindicalistas, políticos de la supuesta izquierda en Madrid y el PP se aliaron para descabalgar a un gran gestor como Jaime Terceiro. Aquí empezó la campaña de acoso y derribo a la institución y vino la época más negra que empezó con Blesa y acabó con Rato. La connivencia entre los dos grandes partidos en Madrid ha sido siempre fructífera y  se basaba en comprar favores políticos a cambio de grandes sumas de dinero que se embolsaban personas que con dificultad podrían leer y escribir que llegaron a ser incluso vicepresidentes de la antigua Caja Madrid. Eran gloriosas las sesiones en el Comité Regional del PSM cuando algunos criticábamos duramente la gestión en Caja Madrid y la ausencia de cualquier objetivo de ser una verdadera banca pública. La defensa a ultranza de Blesa por algunos dirigentes del PSM ante el Presidente Zapatero dan muestra de hasta qué punto está podrida la política en Madrid, algo que también ha ocurrido en otras latitudes con sus Cajas homónimas. Estos incentivos perversos, básicamente para comprar voluntades políticas, han servido para estafar a muchos preferentistas o tantos avales cruzados que se otorgaron en Madrid a muchos inmigrantes que perdieron su casa, sin que esta casta hiciese absolutamente nada.  

Ahora Bankia ha sido nacionalizada con dinero público y mantiene la misma función objetivo: sigue financiando a sectores no siempre productivos en igualdad de condiciones que la banca privada, invirtiendo en activos especulativos, y sin ninguna mejora comparativa para el bien común. 

Bankia fue tomada al asalto tras la destitución de Terceiro, un buen gestor

La sociedad es verdad que ha mirado para otro lado  y que sigue votando y militando en organizaciones políticas, sindicales y empresariales que avergüenzan solo a quien tiene vergüenza, pero tal vez el asunto de las tarjetas fantasmas sirva para purgar estas organizaciones que ya no responden al bien común. Como dice la letra de la Internacional: “Agrupemonos todos en la lucha final” y desterremos de una vez por todas a esta lacra que nos ha estado estafando durante tantos años. Queda margen para la regeneración y para el establecimiento de una verdadera banca pública.    


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