400.000 españoles firman una hipoteca cada año. Y va a más. La recuperación económica e inmobiliaria hace que esta cifra haya crecido en los últimos años, aunque todavía se está lejos de los casi 2 millones que se daban en el pico de la burbuja del ladrillo.

A diferencia de entonces, los compradores de pisos a crédito tienen ahora un dilema: contratar una hipoteca a tipo fijo o tipo variable. España ha sido históricamente un feudo de las hipotecas a tipo variable. A pesar del auge del tipo fijo en los últimos años, el 96,6% de las hipotecas en vigor actualmente son a tipo variable. Pero este porcentaje va a menos, ya que hablando exclusivamente de la nueva contratación, el tipo fijo ha pasado del 15% en 2010 al 50% el año pasado.

¿Qué diferencias hay entre ambos productos?

Con el tipo variable la cuota hipotecaria del cliente varía en función de lo que haga un índice, casi siempre el euribor. Es el mejor momento para estos créditos, ya que el euribor ha caído durante la crisis hasta situarse en negativo.

Pero que ahora sea un buen momento para los que contrataron hipotecas a tipo variable hace años no quiere decir que lo vaya a ser en el futuro. Si sube el BCE sube los tipos de interés, como parece que así va a empezar a ocurrir en 2017, el ritmo de vida de los nuevos hipotecados con este producto empeorará.

Frente a esta alternativa, surgen las hipotecas a tipo fijo, con las que el cliente sabe lo que pagará desde el principio hasta el final del crédito. A priori, el que la contrata sale perjudicado, ya que paga tipos más altos que si tuviera una a tipo variable.

Pero a largo plazo puede ser más rentable. Hay una tercera alternativa con la que hay que ser precavidos: las hipotecas mixtas, que son a tipo fijo durante los primeros años y a tipo variable el resto. A priori pueden ser las peores para los clientes, ya que les pone un suelo cuando el euribor está en negativo y se convierte en variable cuando hay perspectivas de que suban los tipos.

Los expertos aconsejan asesorarse y estudiar bien las distintas alternativas. La conveniencia de un tipo fijo o variable dependerá del plazo del crédito, el dinero que se pida y los intereses que ofrezca cada entidad. También hay que tener en cuenta las comisiones de apertura y de cancelación.


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