Mercados

La excesiva influencia de Draghi en los mercados genera críticas en España

El 5 de julio hundió a España con un discurso conscientemente duro. Ayer, disparó al Ibex, que se anotó la mayor subida en dos años. Nadie ha influido tanto en los mercados. El peso específico del presidente del Banco Central Europeo (BCE) en los mercados despierta recelos. 

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. EFE

¿A qué viene ese cambio de discurso y por qué ahora, cuando ya algunas empresas han tomado unas decisiones dramáticas ante el cierre de los mercados? Tal vez el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, no olvida su pasado en Goldman Sachs y lleve en su adn el deseo de influir en las cotizaciones. Lo cierto es que si en su tan aireado mandato está el conseguir "la estabilidad del sector financiero", no es precisamente estabilidad lo que se desata cada vez que habla. El pasado 5 de julio provocó una tormenta que hundió a España. Ayer, apareció de nuevo para detonar la euforia, con un discurso diametralmente opuesto al de principios de mes. Entre ambos hitos, la economía ha sufrido lo indecible, las Comunidades han pedido auxilio financiero y algunas compañías se han visto forzadas a adoptar medidas de urgencia que ya no tienen marcha atrás. El mosqueo es considerable.  

Tras la intervención del pasado 5, en la que bajó tipos de interés al 0,75% y retiró la remuneración a la facilidad de depósito, el Ibex se hundió un 3% y la deuda repuntó entre 30 y 40 puntos básicos en función de los tramos, para continuar con la sangría los dos días siguientes. Mario Draghi mandó la deuda por encima del 7% y dio una nueva vuelta de tuerca a la agonía española. Su discurso era ansiosamente esperado, ante las altas rentabilidades a las que había llegado la deuda. Pero sorprendió a todo el mundo al hablar exclusivamente del control de la inflación.

¿Inflación? En la actualidad, ese problema no existe en ninguna economía de la Eurozona. El mensaje se interpretó como un gesto de gran dureza hacia Italia y sobre todo España. El BCE no iba a aplicar ninguna medida que permitiera al Tesoro español financiarse mejor. La negativa a comprar en el mercado secundario o implementar algunas medidas extraordinarias para facilitar el acceso a la liquidez a las entidades financieras tuvo un resultdo demoledor. Puso una alfombra para que caminaran sobre ella los bajistas: Draghi le dijo que por mucho que presionaran, no corrían riesgo de quedarse atrapados por una acción concertada de bancos centrales, como temían, a tenor de los planes de recompra de deuda del Banco de Inglaterra o la reedición de la operación twist de EE UU.

Si el 29 de junio, Mariano Rajoy y Mario Monti efectuaron un plante en el Eurogrupo para que los mecanismos de rescate apoyaran la compra de deuda, con un tenso beneplácito de Ángela Merkel, Draghi parecía volver a poner las cosas en su sitio, de acuerdo a la ortodoxia deseada por Alemania, Finlandia, Holanda…

Tu presidente te hunde

El asunto fue un varapalo para España: el presidente de su propio banco central no sólo le dijo que no pensaba socorrer a su economía sino que encima cerró definitivamente con sus palabras el acceso a la financiación del país. No sólo del Tesoro: las grandes corporaciones han tomado durísimas decisiones después de ese día ante el cierre definitivo de los mercados de capitales. Repsol ha tenido que poner como garantía una participación en Gas Natural para obtener líneas de liquidez y Telefónica suspendió su dividendo, asegurándose los vencimientos de los dos próximos ejercicios pero sufriendo un durísimo golpe reputacional.

La sociedad española al completo se resignó a una caída del país; a un rescate, suspensión de pagos, intervencion, etcétera. La petición de ayuda financiera que solicitó Valencia era un primer paso. Hasta aquí había llegado la capacidad del Gobierno de Mariano Rajoy, aparentemente.

Pero en esta semana se han escuchado voces que han ido de manera rotunda en dirección favorable al apoyo de España. El ministro de finanzas de Luxemburgo; Schauble se unió a Luis de Guindos al reclamar que se implementaran con urgencia los acuerdos del 29-J, Nowotny dijo que el ESM tendrá ficha bancaria y por fin, un enigmático “haremos lo que haga falta para que el Euro no caiga y no tengan duda de que será suficiente” hizo estallar al alza los mercados. Esas escuetas palabras, sin ninguna promesa concreta, se tradujeron en histeria alcista.  

Las cifras llegan a asustar. El Ibex se anotó la mayor subida en dos años, pero Telefónica, que se hundía más del 8%, repuntó un 14% desde los mínimos del día, hasta acabar un 3,35% al alza. La generación de valor fue de más de 6.000 millones de euros en la operadora, que acabó recuperando la cota de los 40.000 millones de euros de valor total en Bolsa.

El bono a 3 años redujo su rentabilidad en 75 puntos básicos, hasta el 6,32%. El 10 años, en 46, hasta el 6,92%, lo que estrechó la prima de riesgo hasta 559 puntos. No en vano, Alemania también sufrió ligeramente. Es inevitable que con semejantes movimientos, haya suspicacias con las intervenciones públicas del italiano. Nadie ha sido capaz de influir tanto. 

Cambio de sesgo

El cambio de guidance de Draghi disparó las cotizaciones, sólo dos días después de la prohibición de cortos en España e Italia, lo que multiplicó el efecto alcista. El presidente del BCE “es el que ha movido todo”, decía un gestor de carteras, que destacaba que “lo sorprendente es que todo lo dice con el mercado abierto”. Nadie sabe por qué mantuvo ayer esa actitud. El 5 de julio o se esperaba el anuncio de un nueva LTRO masiva, habría bastado con que dijera que mantendría una actitud vigilante. Pero, conscientemente, no lo hizo. 

Draghi, como hombre de mercados, sabe del peso específico de sus palabras, en un momento como el actual, en el que encima hay poco volumen de negocio, posiciones fuertemente especulativas y castigo de los inversores que afectan directamente al futuro financiero de las grandes corporaciones. Seguramente, debería ser más prudente con sus palabras. Resulta inevitable que asalten dudas sobre si las pronuncia casualmente. Un analista comentaba ayer “si supiera qué va a decir, vendería hasta mi casa y tomaría posiciones”.

Draghi es el máximo dirigente de una entidad que ahora se plantea que sea el máximo supervisor europeo. Pero este ex Goldman demuestra una capacidad excesiva de influir en los mercados. El motivo del cambio de su discurso es, de momento, secreto para los mercados. 


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