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Vandellós II también estudia construir otro minialmacén nuclear por el posible retraso del ATC

Sus gestores comunican al CSN que "se plantean para el año 2015 considerar la necesidad de un almacén temporal individualizado". La planta de Cofrentes es la única que a día de hoy no tiene un ATI o no se plantea ponerlo en marcha.

Central nuclear de Vandellós II, en Tarragona
Central nuclear de Vandellós II, en Tarragona EFE

El temor a un retraso del almacén temporal centralizado (ATC) de residuos nucleares que Enresa construirá en Villar de Cañas (Cuenca) puede propiciar que los almacenes temporales independientes (ATI) de basura radiactiva proliferen como setas en torno a las centrales españolas.

Ahora, es Vandellós II (Tarragona) la que se plantea construir uno. Sus responsables han comunicado a los técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) que, en vista del grado de saturación de la piscina que actualmente custodia sus residuos de alta actividad (está al 77,52% de su capacidad) y ante las previsiones de las próximas recargas del reactor, “se plantean para el año 2015 considerar la necesidad de un almacén temporal individualizado (ATI) en seco para el combustible gastado”.

Así se recoge en el acta de una inspección para comprobar el control de la gestión del combustible gastado y de residuos de alta actividad de la planta tarraconense realizada los pasados días 8 y 9 de abril y que el CSN acaba de publicar.  

Preguntado por este asunto, un portavoz de la Asociación Nuclear Ascó Vandellós II A.I.E. (ANAV), el consorcio por medio del cual Endesa e Iberdrola explotan la planta, asegura que, oficialmente, “ahora mismo no hay un proyecto de ATI porque la piscina tiene capacidad hasta 2020 o, incluso, algo más allá”, pero añade que la construcción de un almacén temporal es un “escenario hipotético” y “posible” que la empresa debe tener previsto, en función de los plazos de ejecución del ATC.

Por su parte, fuentes de Enresa señalan que “en la actualidad no está programado ningún almacén temporal individualizado para la central nuclear Vandellós II” y añaden que a los técnicos de esa empresa pública “no les consta esa necesidad”.

La semana pasada, durante la Junta de Accionistas de Enresa, su presidente, Francisco Gil-Ortega, dijo que el ATC, la mayor inversión pública que va a poner en marcha este Gobierno, se está ejecutando sin “ningún retraso” e insistió en su carácter de “proyecto de Estado”. Por su parte, Cayetano López, director general del Ciemat, principal accionista de Enresa con el 80% (el resto pertenece a la SEPI), dijo no ser “ajeno a las dificultades” a las que se enfrenta un proyecto de estas características.

Hace un mes, el Gobierno admitió que el ATC "lógicamente puede tener imprevistos" al tratarse de un proyecto "para el cual no existe una referencia en el mundo que sea simultáneamente del mismo tipo".

La versión oficial de Enresa es que el ATC "cumple con los plazos previstos" para empezar a operar en 2018

La versión oficial de la empresa es que el proyecto del ATC, cuya parte nuclear está pendiente del preceptivo visto bueno del CSN, “cumple con los plazos previstos para entrar en funcionamiento a partir de 2018”. La empresa también insiste en la "idoneidad" de los terrenos elegidos.

Para acelerar los trámites de autorización, que espera tener listos en marzo del año que viene, el CSN ha contratado a la firma de ingeniería estadounidense URS. A ese permiso se suma otro trámite de suma complejidad, la declaración de impacto ambiental que debe expedir el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Si finalmente Vandellós II (de la que Endesa tiene un 72% e Iberdrola, un 28%) construye un ATI, la central de Cofrentes (propiedad de Iberdrola) va camino de quedarse como la única que no va a tener un almacén de estas características, cuyo coste ronda los 20 millones de euros.

Vandellós se sumaría así a Trillo, que tiene un ATI desde 2002; Ascó, que lo inauguró el año pasado; Garoña (que actualmente está construyendo uno) y Zorita (desconectada en 2006). Por su parte, la central de Almaraz (Cáceres) analiza la construcción de un almacén temporal para “ir por delante de los tiempos” y a la vista de que “todo apunta a que el ATC no estará listo en los plazos previstos”, según explicaban sus portavoces el pasado abril.

Los ATI, como el ATC, los paga Enresa a través del Fondo para la Financiación de las Actividades del Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR). A cierre de 2013, este fondo ascendía a más de 3.860 millones de euros, financiados actualmente por las eléctricas (antes se cargaba en la tarifa).

La solución del ATI es más barata que la del ATC, pero el problema es que sus costes se van a superponer. También es una alternativa más peligrosa porque implica tener desperdigados los residuos en lugar de centralizarlos en un único almacén temporal (por 60 años).

En el sector definen los ATI, la vía defendida también por algunos grupos ecologistas, como “la inversión soñada” para las eléctricas, porque no los pagan ellas, sino Enresa a través del citado fondo. Con esta solución (una nave de hormigón a prueba de terremotos que aloja los contenedores de residuos, los componentes más costosos), las empresas gestionan con más facilidad y menos control administrativo (y además, pagando el Estado a través de esa empresa pública) el combustible gastado.


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