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Brufau vuelve a encararse con su accionista Pemex y le impone una 'ley del silencio' contra la crítica

Brufau impone una especie de 'ley del silencio' para que Pemex no vuelva a pedir su cabeza o critique su gestión fuera del consejo.También se blinda ante posibles tentaciones de su accionista para segregar las principales actividades.

El consejo de administración de Repsol fue muy largo (empezó a las 10.00 horas) y dio para mucho. Para aprobar el acuerdo con Argentina, las cuentas anules de 2013 (beneficio neto de 1.823 millones de euros) y la convocatoria y orden del día de la junta, que se anticipará al 28 de marzo. Si la unanimidad y lo políticamente correcto se impusieron en lo debatido sobre al acuerdo con Argentina, la fijación del orden del día destapó la caja de los truenos.

El presidente Antonio Brufau, con el respaldo de la mayoría de los consejeros, impuso unos cambios en el reglamento del consejo destinados a meter en cintura al accionista díscolo, el único que se ha atrevido a pedir públicamente la dimisión del ejecutivo de Mollerusa y a criticar su gestión, hasta el punto de convertir la guerra en una cuestión de Estado.

El presidente mexicano Enrique Peña Nieto, que vendrá a España en breve en visita oficial, y Mariano Rajoy trataron el escabroso tema de la guerra abierta en Repsol en Panamá, en lo que supuso el primer paso para la firma de la paz con Argentina. Y ahora Brufau, con fuerzas redivivas, quiere aprovechar el contexto favorable para someter a Pemex, que cuenta con un 9,3% del capital y sólo un consejero, Arturo Henríquez Autrey.

¿Y cómo va a meter en cintura al crítico accionista mexicano? Pues cambiando los artículos 10, 17 y 18 del reglamento del consejo de administración, para que, entre otras cosas, los consejeros tengan prohibido expresar en público "posibles discrepancias y puntos de vista críticos sin haberlos puesto previamente de manifiesto en el consejo".

Repsol prohíbe que se critique al presidente y su gestión en público sin haberlo planteado previamente en el consejo de administación

La nueva redacción queda tal que así: "En cumplimiento del deber de lealtad, el consejero deberá conducirse con la solidaridad y coordinación debidas como miembro de un órgano colegiado. Esta exigencia determina, en particular, la obligación de abstenerse de actuar en las relaciones de la Sociedad con terceros de manera individual, salvo que haya sido mandatado por el Consejo de Administración para ello; Respetar los canales de interlocución de la Sociedad no interfiriendo en las relaciones formales o informales de la Sociedad; Expresar dentro del propio órgano las opiniones y criterios propios en relación con el desempeño de su cargo y abstenerse de hacer público o comunicar a terceros las posibles discrepancias y puntos de vista críticos sin haberlos puestos previamente de manifiesto en el Consejo de Administración, respetando en todo caso, cuando proceda, el deber de confidencialidad”.

El cambio de reglamento, si se aprueba en la junta, es toda una andanada contra la cúpula directiva de la petrolera estatal mexicana, que es el 'brazo extendido' del Gobierno del país para este negocio

La nueva norma es toda una andanada contra su accionista y, por extensión, contra el Gobierno de México, dado que la petrolera estatal es casi como un Ministerio plenipotenciario para los asuntos petrolíferos. Su máximo ejecutivo, Emilio Lozoya, es la mano derecha de Peña Nieto para el negocio petrolero y ha sido el más activo en las críticas directas contra Brufau y su gestión. Él y sus hombre de confianza han criticado en reiteradas ocasiones al presidente de Repsol en los últimos meses y hasta han llegado a pedir su cabeza. Y lo han hecho en comparecencias públicas y mediante entrevistas con medios de comunicación mexicanos y españoles.

Ahora, la nueva norma del consejo de Repsol les impide hacerlo, en lo que representa todo un órdago a la cúpula directiva de Pemex, cuyo consejero, por razones obvias, votó ayer en contra de la propuesta. Fue el único consejero que se opuso.

También quiso Brufau ayer evitar posibles tentaciones de su accionista más beligerante, Pemex, toda vez que Sacyr ya está domesticada tras el intento de golpe de Estado que lanzó, sin éxito, Luis del Rivero.

Se exigirá el 'sí' de tres cuartas partes del consejo para segregar las principales actividades de Repsol, por si algún accionista cae en esa tentación

La junta aprobará un importante cambio en el punto 4 del artículo 10, por el que "la propuesta de realización de cualquier operación (incluida la escisión, segregación a favor de terceros o enajenación) que tenga por objeto o produzca como efecto que la Compañía deje de ser una empresa integrada de hidrocarburos mediante la separación o división de los negocios de Exploración y Producción (Upstream) y/o Refino y Marketing (Downstream) o la liquidación de todos o sustancialmente todos los activos dedicados a cualquiera de los indicados negocios, deberá ser sometida a la aprobación de la Junta general y requerirá para su aprobación del voto favorable de tres cuartas partes de la totalidad de los miembros del Consejo".

En román paladino, que si Pemex, u otro accionista, tiene la tentación de segregar estas actividades para proceder a un expolio de los activos de la compañía, se topará con el consejo y la junta. Repsol sostiene que ésta es la intención de Pemex, pero la mexicana lo niega rotundamente.

Todos estos cambios tendrán que ser aprobados en la junta del 28 de marzo.


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