Infraestructuras

Cuatro planes para una OPA: así cumplió Florentino su compromiso con Moncloa de pelear por Abertis

ACS ha tenido que tirar por tierra tres estrategias para abordar la OPA sobre Abertis ante la dificultad de la empresa y los recelos que ha generado en el mercado. El plan que finalmente ha salido no es el ideal pero ha permitido que Florentino Pérez cumpla con su parte con el Gobierno.

Florentino Pérez saluda al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
Florentino Pérez saluda al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy

Los últimos cinco meses no serán fáciles de olvidar en ACS. El grupo de construcción y servicios ha afrontado una de las operaciones más complicadas de su historia, consistente en articular una oferta para hacerse con la concesionaria de infraestructuras Abertis. Y, lo que aún es más complicado, hacerlo cuando un gigante internacional del sector como Atlantia ha dado primero. El pasado miércoles, Hochtief, la filial alemana de la compañía que preside Florentino Pérez, anunciaba la oferta y el complicado esquema que la rodea. No es el que hubiera querido presentar. Ni siquiera el plan B, sino el D. Todo esfuerzo merecía la pena para no dejar en el aire el compromiso adquirido con el Gobierno de pelear por que Abertis no terminara en manos italianas.

Ante el desafío de reunir más de 17.000 millones de euros para tal empeño, la primera alternativa pasaba por sondear a los grandes fondos de infraestructuras. No todos los días se da la oportunidad de llevarse un activo tan preciado como Abertis, uno de los referentes mundiales del sector. Con una privilegiada posición de liquidez en muchos casos, los fondos aparecían como el instrumento ideal para afrontar la operación.

La forma de llevarla a cabo sería la constitución de una sociedad o de un vehículo de inversión que se encargaría del lanzamiento de la oferta y en la que ACS sería un socio minoritario. A lo que no estaba en ningún momento dispuesto Pérez es que la compañía corriera con el grueso del riesgo de la operación. No quería repetir un episodio como el de Iberdrola.

Los primeros pasos del plan A consistieron en numerosos contactos con los más destacados fondos de infraestructuras internacionales. Desde el primer momento, al frente de la tarea se puso Marcelino Fernández Verdes, consejero delegado de ACS desde mayo, muy habituado a tratar con fondos en todo el mundo como responsable de las filiales internacionales del grupo, Hochtief y Cimic. Las primeras respuestas invitaron al optimismo pero fueron sólo un espejismo.

Algunos no estaban dispuestos a compartir empresa con rivales. O, mejor dicho, sí lo estaban pero siempre y cuando llevaran la voz cantante

Porque la mayoría de los grandes fondos no terminaban de entender la estructura que les planteaba ACS para llevar a cabo la operación. Y, además, algunos no estaban dispuestos a compartir empresa con rivales. O, mejor dicho, sí lo estaban pero siempre y cuando llevaran la voz cantante. Pronto, Fernández Verdes apreció que podría avecinarse un problema de gobernanza que hiciera fracasar el intento de pujar por Abertis.

Pero no fue el único problema. Algunos de los fondos manifestaron su rechazo a apostar dinero por una compañía como Abertis con una cartera de concesiones mayoritariamente madura. Consideraban además que la compañía ya estaba sobrevalorada en Bolsa y no querían entrar en una batalla de ofertas que podían hacer aún mayor la brecha entre el precio de Abertis y la valoración que estos fondos tenían.

Tocaba explorar otros caminos, otras opciones. La B comenzaba a tener en cuenta a Hochtief, toda vez que Florentino Pérez nunca ha querido poner en riesgo la recientemente obtenida y largamente perseguida calificación de deuda con grado de inversión. Así pues sería la constructora alemana, de la que ACS controla un 72%, la que explorara la vía de la financiación bancaria.

La respuesta fue rápida y contundente. Las garantías solicitadas por las entidades financieras ponían en riesgo la operación y la mayoría exigía que Hochtief llevara a cabo una gran ampliación de capital, que ocasionaría más de un problema por las limitaciones recogidas en los estatutos de la empresa alemana.

Agotada la segunda vía, era el momento de explorar acudir directamente al mercado. Es decir, con una ampliación de capital pero de dimensiones más reducidas. Los ingresos contribuirían a financiar la oferta. El plan C contó con el apoyo inicial de los bancos, que aseguraron el dinero de la ampliación, en torno a 5.000 millones de euros. La maniobra se produjo, además, en un momento delicado, cuando en el Gobierno comenzaba a cundir la inquietud por los problemas que ACS estaba teniendo para articular la oferta.

Los inversores estimaban que los títulos de la alemana estaban demasiado inflados y que sólo acudirían a una hipotética ampliación con un gran descuento

Por aquel entonces, Florentino Pérez tranquilizó a sus interlocutores en Moncloa. “No habrá problema, ya tenemos el dinero de la operación”. Pero, en realidad, sólo lo tenían de forma virtual. Las prospecciones de mercado sobre la ampliación de Hochtief arrojaron como resultado un diagnóstico poco halagüeño. Los inversores estimaban que los títulos de la alemana estaban demasiado inflados y que sólo acudirían a una hipotética ampliación con un gran descuento.

El descuento no era problema para ACS, que en ningún caso acudiría a la ampliación, pero sí para las entidades que habían garantizado el dinero. El compromiso no incluía el precio de la ampliación. Al saber que la compañía alemana estaba barajando un descuento próximo al 30%, las entidades financieras dejaron de asegurar el dinero para la ampliación.

Mientras, el tiempo avanzaba, Atlantia iba logrando las pertinentes autorizaciones y tan sólo faltaba la de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), cuya decisión trató de retrasar el Gobierno con el envío de sendas cartas, desde los ministerios de Fomento y Energía, para advertir al organismo supervisor de que la empresa italiana no había solicitado una serie de autorizaciones que el Gobierno sostiene que son necesarias para que se pueda llevar a cabo la compra de Abertis.

La institución que preside Sebastián Albella no tenía el mismo criterio. Sin las autorizaciones, aprobó el pasado 9 de octubre la OPA. Sin tiempo que perder, ACS armó su cuarta estrategia, el plan D: se haría la ampliación de Hochtief pero las nuevas acciones que se emitieran se ofrecerían como parte de la contraprestación al accionista de Abertis. Mientras, JP Morgan, que encabeza la terna de asesores de ACS para esta operación (completada por Lazard y Key Capital), se encargaba de los avales para hacer factible el precio en metálico.


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