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Guindos se enfrenta a Bruselas para evitar que BMN, CEISS y Caja 3 acaben nacionalizadas

La Comisión pretende la inyección directa de capital para cortar por lo sano con los equipos gestores. Economía y el BdE defienden la vía de los 'cocos' para que las entidades devuelvan las ayudas europeas de hasta 1.500 millones.

La siguiente etapa de la reestructuración financiera ha aumentado las discrepancias entre Bruselas y las autoridades españolas. Los planes de Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea, y Luis de Guindos, titular de Economía, para la recapitalización de BMN, Caja 3 y CEISS (la ficha bancaria de Caja España-Duero) son diametralmente opuestos. Mientras desde Bruselas se aboga por la inyección directa de capital de estas entidades, a cambio de un volumen de ayudas públicas por valor de 1.500 millones, lo que supondría prácticamente la nacionalización de todas ellas, tanto Economía como el Banco de España defienden la vía de un préstamo con un interés anual del 8%.

Las autoridades españolas llevan semanas defediendo la opción de los 'cocos' frente a medidas más contundentes. La nacionalización de una entidad conlleva indefectiblemente su posterior subasta en un proceso competitivo, lo que grava más el presupuesto del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), debido a las ayudas que este instrumento otorga a los compradores. La venta del Banco de Valencia a La Caixa es la última prueba. La operación puede llegar a suponerle al FROB un desembolso de hasta 6.100 millones.

La intención de Economía y el Banco de España es que estas tres entidades se recapitalicen vía 'cocos', participando de esta manera en su rescate mediante el pago anual de un interés del 8%, y queden totalmente saneadas mediante la transferencia de su ladrillo tóxico al banco malo. Esta indepedencia les exime de tener que ser subastadas, aunque su futuro casi les obliga a la unión con otra entidad. En estas operaciones, a diferencia de las subastas de las nacionalizadas, no existe participación del FROB, por tanto desembolso de los contribuyentes.

El MOU obliga a toda entidad nacionalizada a que sea subastada. Se impide así la independencia de las antiguas cajas que es lo que pretende Economía y el Banco de España

Sin embargo, en Bruselas defienden la inyección de capital, y por tanto la toma de control de la entidad, porque cualquier otra vía supone "dar un patada hacia adelante y no solucionar realmente el problema". "Hay que cambiar los equipos de dirección que han llevado a las entidades a la actual situación. No cabe otra posibilidad que pierdan el poder de los nuevos bancos", explican fuentes comunitarias.

Esta imposición del Memorando de Entendimiento (MOU, en inglés) ha generado otro enfrentamiento entre la Comisión y Luis de Guindos. El titular de Economía español intenta sortear que entidades sanas como La Caixa, Unicaja o Kutxabank, que no han recibido ningún tipo de ayudas públicas, tengan que perder el control de sus bancos, como exige Bruselas.

Para ello, el Gobierno prepara un anteproyecto de ley, según informaba el pasado domingo El País, en el que las fundaciones que controlarán los bancos de las antiguas cajas de ahorros puedan poseer "una participación superior al 50% en la entidad de crédito o que les permita el control de la misma". De confirmarse esta intención, el Ejecutivo desobecería una de las cláusulas del MOU.La respuesta definitiva se conocerá el próximo 20 de diciembre, fecha marcada por Almunia para conocer el desenlace de los planes de recapitalización de BMN, Caja 3 y CEISS. Mientras, Liberbank no necesitará de ningún tipo de inyección de ayudas públicas. Su saneamiento únicamente se circunscribirá a la cesión de sus activos inmobiliarios problemáticos al banco malo.

La sombra de la nacionalización lleva meses planeando sobre CEISS al no conseguir cerrar la fusión con Unicaja. Mientras, los directivos de Ibercaja amenazan a su futuro socio Caja 3 con la nacionalización en caso de no aceptar, antes del próximo 17 de diciembre, el severo ajuste laboral presentado. Ayer, los sindicatos mayoritarios de las tres cajas que integran Caja 3, cuya red despierta el interés de Sabadell, La Caixa y Kutxabank, decidieron rechazar de plano un ajuste que contempla la destrucción de 592 empleos, el 23% de la plantilla total.


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