El dueño de OHL maneja los resortes de poder que antes de la crisis eran exclusivos del presidente de ACS

El marqués de Villar Mir destrona al príncipe Florentino

Si hay alguien para quien la crisis ha sido un auténtico tsunami ése es Florentino Pérez. El fuerte oleaje provocado por las turbulencias financieras y un buen número de decisiones equivocadas han arrastrado al presidente de ACS y desalojado de un trono privilegiado que ocupó durante los años previos a la recesión. Sin embargo, muy pocos esperaban que ese trono se fuera a mantener y aun menos que fuera a ser ocupado por Juan Miguel Villar Mir, que a sus 82 años de edad puede presumir de vivir su mejor momento como empresario.

¿Quién lidera el primer grupo constructor español por beneficios? ¿Quién ocupa un lugar de privilegio en el consejo de administración del gigante mundial del sector de infraestructuras? ¿Quién es el principal protagonista de las operaciones urbanísticas más singulares de la capital de España? ¿Quién se desenvuelve con una indudable soltura entre la banca? Durante la primera mitad de la pasada década, todas estas preguntas tenían una única respuesta: Florentino Pérez. Cinco años y una gigantesca crisis financiera después, la respuesta sigue siendo única, pero el nombre ha cambiado. Ahora es Juan Miguel Villar Mir.

Pocos se hubieran resistido a mencionar a Florentino Pérez si justo antes del inicio de la crisis se hubiera preguntado por un empresario de éxito en España. En 2007, ACS, la empresa que preside y de la que es uno de los principales accionistas, cerraba el año con un beneficio de 1.551 millones de euros. Pero el grupo comenzaba a tomar dimensiones de conglomerado empresarial. Era accionista de referencia en grandes compañías de sectores tan relevantes como el energético (con un 45% de Unión Fenosa) y el de infraestructuras (en torno al 25% de Abertis donde, además, Pérez ocupaba una de las vicepresidencias).

El nombre de Florentino Pérez estaba por entonces también vinculado con espectaculares operaciones urbanísticas en Madrid, no exentas de polémica por las denuncias que acarrearon. A comienzos de la pasada década, desde el sillón presidencial del Real Madrid, que alcanzó por vez primera en el año 2000, Pérez saca adelante lo que anteriores mandatarios madridistas intentaron y no consiguieron por no contar con los adecuados resortes de poder en los ámbitos político y financiero: la venta de la antigua Ciudad Deportiva del club y la recalificación de los terrenos para levantar cuatro espectaculares rascacielos.

Florentino logró la venta y recalificación de la Ciudad Deportiva que no pudieron hacer otros mandatarios madridistas por no tener resortes de poder en las finanzas y la política

“La presencia de algunos miembros de esa primera junta directiva del Real Madrid que formó Florentino tenía su razón de ser casi única y exclusivamente en conseguir esta operación”, señala una fuente muy relacionada con el Urbanismo en la capital. Se apuntan entonces los nombres de Juan Abelló y Fernando Fernández-Tapias. En total, 500 millones de euros de beneficio para el Real Madrid y cartera de obra para ACS, que se encarga casualmente de la construcción de dos de las cuatro torres.

La fórmula mágica de Villar Mir

Para entonces, Pérez había protagonizado otros destacados desarrollos, como el de los barrios de Las Tablas y Sanchinarro, en la zona norte de Madrid, además de participar en algunos otros, como el de la localidad madrileña de Móstoles junto a un destacado miembro de esa junta directiva madridista: Fernando Martín, con una entonces incipiente Martinsa. “¿Sabéis cuántas casas va a vender Fernando sólo en un año? Diez mil, ahí queda eso”. Florentino presumía de amigo y compañero de junta directiva en numerosas reuniones “futboleras” con motivo de partidos del club y la machada en cuestión pudo ser escuchada en más de una oportunidad.

Pero el tsunami financiero que se inició en el fatídico verano de 2007 con el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime en EEUU y que prosiguió con la quiebra de gran parte de la banca de inversión norteamericana iba a hacer que Florentino Pérez bajara de la mayoría de esos pedestales en los que había estado cómodamente instalado durante los años anteriores.

Probablemente, ni el propio presidente de ACS, que aún en plena crisis se lanzó al asalto de Iberdrola tras deshacer la participación de la compañía en Unión Fenosa, hubiera podido imaginar no sólo que perdería esas posiciones sino que sería Villar Mir quien las ocupara.

En ese 2007 todavía triunfal para Florentino, la OHL de Villar Mir cerraba el ejercicio con 140 millones de beneficio, once veces menos que ACS. Pero el que fuera ministro de Hacienda en el Gobierno de transición de Arias Navarro tenía clara la fórmula para salir como un triunfador de la tormenta que se venía encima: cero exposición al inmobiliario, potenciar la internacionalización y el negocio de concesiones y los justos coqueteos con el complicado y alambicado desde el punto de vista normativo sector energético.

En 2007, ACS multiplicó por once los beneficios de OHL; en 2012, la empresa de Villar Mir ganó más de 1.000 millones y ACS perdió 1.926 millones 

Cinco años después, OHL ha cerrado 2012 como el primer grupo constructor español por resultados, con un beneficio ligeramente superior a los 1.000 millones de euros (bien es cierto que por los extraordinarios de la venta de concesiones en Brasil y Chile). Tras el naufragio en el que ha terminado el intento de abordaje a Iberdrola, ACS concluyó 2012 con número rojos de 1.926 millones de euros.

Y además, ahora el que se sienta en el consejo de Abertis como uno de los vicepresidentes es el propio Juan Miguel Villar Mir ya que ACS tuvo que vender precipitadamente su participación en el líder mundial de concesiones de infraestructuras para tapar los agujeros financieros generados por los empeños personales de Florentino en ocupar nuevas parcelas de poder. El espacio lo ocupó OHL, que adquirió el 15% de Abertis a cambio de sus concesiones en Brasil y Chile.

De abajo a arriba, como el Santander

Pero la historia también habla de que recién estrenada la democracia había siete “grandes” bancos en España (Banesto, Bilbao, Vizcaya, Central, Hispano, Popular y Santander) y que éste último, el controlado por la familia Botín, era el último y el menor de los siete. Podría ser casual, pero Villar Mir se ha apuntado a las grandes operaciones urbanísticas precisamente de la mano del Santander, convertido tiempo después en uno de los mayores de Europa en su sector.

La llamada ‘operación Canalejas’, la venta de la antigua sede de Banesto, llegó a desesperar a un Emilio Botín que se veía incapaz de colocar el inmueble y que comisionó generosamente al más entendido del sector ladrillero en su casa, Luis María Arredondo, ex presidente de Urbis, para que ejecutara la transacción, aunque en vano.

Hasta que Villar Mir tocó a la puerta de Botín. “La venta del inmueble la han acordado directamente los números uno, con un apretón de manos. No había otra forma de hacerlo y así, seguro que ninguno se echa atrás a última hora”, señala quien fuera responsable del área inmobiliaria de una entidad financiera extranjera. La operación Canalejas conllevará la transformación de una manzana emblemática en el centro de Madrid y también, como aquéllas operaciones que protagonizaba Florentino, tiene sus polémicas, sus denuncias y los trámites burocráticos sospechosamente veloces.

Más allá de lo meramente urbanístico, los expertos hacen otra lectura: el predicamento que entre la banca tenía antes Florentino ahora lo tiene Villar Mir que, además, también se sienta desde hace unas semanas en el consejo de administración del Santander porque “favor con favor se paga”. Mientras, ACS pasó las de Caín para refinanciar su abultada deuda durante 2012 y en la mayoría de estas operaciones, numerosas entidades financieras que habían apoyado a la compañía en la concesiones de los préstamos originales decidieron bajarse del tren. Al final, en la más importante de todas, prácticamente el único apoyo que encontró Florentino fue el de Société Générale, donde trabaja un frecuente aliado suyo, Donato González, un habitual (otro más) en el palco del Bernabéu.

Trabajo, religión, familia

Quienes conocen a Villar Mir hablan de una forma física poco habitual en una persona de 82 años, con la tensión perfectamente controlada y que sólo en contadas ocasiones precisa el uso de gafas. En la Torre Espacio, una de las cuatro de la antigua Ciudad Deportiva, aúna las tres constantes de su existencia: trabajo, religión y familia. El inmueble, propiedad del grupo que lleva su nombre y que alberga las sedes de sus principales empresas, cuenta con una capilla y en la parte de arriba dispone de una vivienda que emplea habitualmente.

Con pausa y sin prisa, los factores que le han hecho triunfar, prepara su sucesión para la que en repetidas ocasiones ha señalado a su hijo Juan Villar Mir de Fuentes. Recientemente, los herederos han creado una patrimonial denominada Positano Inversiones, con un capital de 185 millones de euros, aunque desde el entorno del grupo se asegura que no se trata de la lanzadera de un family office sino que se trata de un vehículo para inversiones personales.

Mientras Villar Mir se sienta en el consejo del Santander, Pérez ha perdido gran parte del favor que poseía en la banca

Y así, bien puede decirse que el marqués de Villar Mir, título concedido por el Rey Juan Carlos en 2011, ha destronado al príncipe Florentino en todo. El único resorte florentiniano al que no ha podido acceder ha sido la presidencia del Real Madrid. Villar Mir derrotó a Pérez en las elecciones merengues de 1995, como parte de la candidatura liderada por Ramón Mendoza, un proceso en el que hubo múltiples indicios de amaño. Florentino tomó buena nota para las siguientes, que sí ganaría, y Villar Mir no tardó en darse cuenta de que Mendoza no había jugado limpio con él, al prometerle una sucesión que nunca llegaría.

Ante las elecciones a la presidencia del club que han sido convocadas recientemente, el presidente de OHL aclaró públicamente que no se presentaría pero que “si lo hiciera, ganaría seguro”. Quizá lo haga con la misma socarronería con la que comenta, entre íntimos, que alguna de las grandes constructoras puede terminar quebrando. 


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