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Arias Cañete propuso a Carceller entrar en Deoleo como parte de la solución española

El presidente de Damm fue tanteado a mediados de febrero para formar parte de la deseada 'solución española' en Deoleo. Demetrio Carceller mostró su buena disposición al exministro, pero pidió más tiempo, para solucionar sus cuitas en Pescanova. Los Hernández Callejas, dueños de Ebro, habían iniciado su marcha de la aceitera porque sabían que no podían contar con sus socios de Damm para hacerse con ella. Esa habría sido la operación española lógica. 

El entonces ministro de Agricultura, Alimentación y Medioambiente, Miguel Arias Cañete, propuso a mediados de febrero entrar en la operación de compra de Deoleo a Demetrio Carceller, presidente de Grupo Damm y empresario con larga trayectoria en alimentación, con presencia en la cervecera citada, Pescanova, Rodilla o, especialmente, Ebro Foods, en la que tiene una fuerte presencia, junto a sus socios alemanes de Dr. Oetker.

El empresario le mostró su buena predisposición al ministro, aunque le pidió algo de tiempo para arreglar los contenciosos que tenía en Pescanova, que finalmente no se han solucionado y han terminado con la compañía en poder de los bancos. Así lo aseguran fuentes cercanas a la operación. 

En este contexto, Carceller era una opción inmejorable. Ebro, líder mundial de arroz y pasta, ya estaba presente en Deoleo, con un 10%, participación adquirida cuando la compañía (entonces Sos Cuétara) precisó de una ampliación de capital para sobrevivir. Ebro acudió al rescate, previa garantía de que le venderían el activo soñado: la marca arrocera Sos.

Pero los Hernández Callejasiniciaron la marcha de Deoleo a principios de febrero, lo que desató el cajón de los truenos (corporativos) en la aceitera. Con el calentón bursátil, pudieron deshacer su posición en Deoleo con plusvalías y volver a sus cuarteles de invierno, con Sos a buen recaudo. Sin Carceller, no iban a meterse en grandes operaciones corporativas.  

¿Un gran campeón?

Con Carceller y los Hernández Callejas podía soñarse con un gran campeón nacional alimentario, con peso en cerveza, pescado, arroz, pasta, aceite y distribución, en el que estarían también los Oetker e incluso los March. 

Deoleo, principal productor de aceite del mundo, estaba llamado a cambiar de manos sí o sí, ya que Bankia y Banco Mare Nostrum habían puesto a la venta sus participaciones en el grupo, debido a las imposiciones de las autoridades europeas en materia de desinversiones sobre las entidades financieras con ayudas públicas.

Ambas entidades contrataron a JP Morgan, para que encontrara comprador a sus paquetes accionariales. A dicho mandato se acogieron La Caixa y Kutxa, sumando en conjunto algo más del 31% del capital. Estas dos firmas estaban en Deoleo por los paquetes ‘heredados’ de Banca Cívica y Caja Sur y eligieron salir conjuntamente para maximizar en lo posible el precio de salida.

OPA obligatoria

No en vano, quien comprara, debería lanzar una OPA, al superarse con la compra de ese paquete el 30% del capital de la empresa. 

Deoleo estaba en una situación compleja, con un elevado endeudamiento derivado del agujero generado por sus antiguos administradores.

La compañía, más allá de un cambio de manos, precisaba también de una inyección de capital. No se trataba tan sólo de una OPA y nuevo control, sino un nuevo impulso a la compañía. Eso era uno de los factores claves para que se buscara desde el Ejecutivo un comprador español con suficiente músculo financiero. No bastaba un simple 'caballero blanco'. Carceller reunía todas las condiciones, pero no estaba disponible. 

Icono de la marca España

La posibilidad de que el líder mundial del aceite, todo un icono de la ‘marca España’ pasara a manos del fondo soberano italiano, de algún operador internacional o de un fondo buitre, preocupaba en el Ejecutivo.

Inmediatamente se pusieron en marcha determinados resortes: aparecieron informaciones que hablaban de la SEPI comprando acciones de la aceitera, así como de un posible pacto con La Caixa o la Kutxa para que ‘se salieran’ del paquete que intentaba colocar JP Morgan.

En todo este maremágnum, el presidente de Hojiblanca (ahora, Dcoop), Antonio Luque, maniobró todo lo que pudo, ya que intuía la posibilidad de hacerse con el control de la compañía sin poner dinero: con una entrada de la SEPI, junto a la participación del 10% de Unicaja y su otro 10%, podía estar en disposición de controlar el grupo, por pura lógica, ya que Hojiblanca podía ser considerado un grupo industrial cercano al poder.

Fueron insistentes las llamadas de Luque al ministro Miguel Arias Cañete, incluso excesivas. Pero finalmente ha sido el fondo CVC quien se ha quedado con la compañía, para enfado del propio Luque, que acusa de engaño a casi todo el que tiene a su alrededor: Gobierno, accionistas relevantes...

Intervencionismo

La sombra del intervencionismo político sobre las operaciones corporativas volvía a perfilarse. Es cierto que la SEPI ha comprado este año el 20% de Indra que poseía Bankia, pero ello era debido a que la compañía tecnológica es la operadora del cielo aéreo y de la vigilancia de fronteras y, por tanto, es estratégica para la defensa del territorio. Pero ¿es estratégico el aceite?

Más tiempo

Damm era un socio industrial aparentemente ideal para esta operación, pero Carceller le solicitó algo más de tiempo; “un mes o dos”, hasta que terminara de solucionar sus problemas en Pescanova.

Sin embargo, sus problemas no se han solucionado: al contrario. Damm y Luxempart han entregado el control de Pescanova a los bancos, pero Carceller ya llega tarde a cualquier operación sobre Deoleo.

Habrá que ver si el empresario sigue con ganas de emprender aventuras de corte industrial en el futuro o se centra en sus negocios y simplemente se dedica a invertir su patrimonio con posiciones financieras, después de los avatares sufridos en Pescanova o incluso anteriormente en Sacyr. 


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