El Gobierno renueva pactos con el sector tabaquero para sostener la economía

Mientras los mensajes de Sanidad buscan arrinconar el consumo, Tejerina se fotografía con directivos de las grandes tabaqueras para afianzar sus compras de 60 millones de euros.

Plantación de tabaco en Extremadura

La bipolaridad con que el Gobierno se enfrenta al fenómeno del tabaco ha vuelto a ponerse de manifiesto esta pasada semana. El Ministerio de Sanidad saca pecho de los buenos efectos de la ley 28/2005, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad. Esta ley, de la época del Partido Socialista, "ha venido produciendo una reducción en el consumo", tal y como reconoció Sanidad en un último informe sobre consumo de drogas.

Sin embargo, la ministra de Agricultura Isabel García Tejerina no tiene reparos en firmar compromisos bilaterales con Japan Tobacco Internacional, dueña de Camel o Winston y tercera compradora de tabaco en el campo español, y en fotografiarse con su principal directivo en Europa Occidental, Vassilis Vovos, a quien recibió en la sede ministerial de Madrid para sellar una alianza que garantiza que la multinacional compre 4.000 toneladas anuales al campo extremeño, en las comarcas de los valles Tiétar, Alagón y Jerte.

En la firma también estuvo presente Guillermo Fernández Vara, presidente extremeño, quien defendió que "es imprescindible que los jóvenes vean en el cultivo de tabaco un futuro para su proyecto de vida".

En esta imagen puede verse a Tejerina firmando el acuerdo con Vovos.

Philip Morris e Imperial Tobacco, la segunda y primera compradora de tabaco español, inyectan con la intermediación de las empresas transformadoras -como la semipública Cetarsa- y junto a JTI algo más de 62 millones de euros en los productores tabaqueros, "unas 20.000 familias". Son cálculos de Ricardo Miranda, director técnico de la Mesa Interprofesional del Tabaco, que habla con Vozpópuli desde Navalmoral de la Mata. 

"Si vendemos 30.000 toneladas, o 30 millones de kilos, con un precio del kilo de tabaco virginia a 2,25 euros, nos salen entre 62 y 63 millones. Ahora Philip Morris y JTI ya han dicho las cantidades de tabaco que van a comprar en las próximas campañas, pero estamos esperando a Imperial Tobacco -propietaria de Altadis- que es el que más compra en el campo español". Imperial ha anunciado a este diario que anunciará cuánto compra en Extremadura en las próximas semanas. "Aún no está decidido". Por su parte, PMI sí ha anunciado que mantendrá en 6.500 toneladas las compras al campo español, aunque en su caso no lo hacen mediante la firma de acuerdos plurianuales sino año tras año. El gigante norteamericano compra un 50% más ahora que hace 5 años.

"No tenemos casi paro"

Tras el cierre de la fábrica que Altadis tenía en La Rioja, Santa Cruz de Tenerife alberga la principal factoría de cigarrillos en suelo español que queda, propiedad de JTI. Así que la actividad industrial es casi inexistente. Pero no así la producción agrícola. Teófilo Moreno, delegado de UPA en el sector tabaquero extremeño, asegura que "las comarcas tabaqueras tenemos una tasa de paro que es la mitad de la media en Extremadura. Son 4 comarcas y se nota mucho los pueblos del tabaco y los pueblos que no son tabaqueros. La siembra empieza ahora, en marzo y acabamos a finales de noviembre, con la recolecta que se hace sobre el 20 de julio. El tabaco nos permite una salida económica digna para miles de personas, que hemos creado un modelo de desarrollo rural que envidian en otros países". España es el tercer productor de tabaco de la UE después de Polonia y de Italia. 

Gráfico del Ministerio de Sanidad

Con su visión sindical-agraria, Moreno critica la "hipocresía" respecto a un producto del que se nutre la hacienda española obteniendo un 5% de todos sus ingresos, unos 9.100 millones de euros para que gestione Cristóbal Montoro sólo en 2016. " Nuestro cultivo es legal, un cultivo centenario y agrícola que no es de ayer. Mi bisabuelo era criador de tabaco, como toda mi familia desde entonces". Pese a todo, es consciente de que los gobiernos seguirán arrinconando el consumo, que tiene daños comprobados sobre la salud. Y no sabe qué futuro le depara a su producción. "Tal vez el tabaco que se calienta y que no se quema y que es menos nocivo sea la solución". Los productores tabaqueros presionan a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que reconozca la importancia del cultivo de esta planta de origen americano.

El modelo australiano, en el horizonte

En realidad todos los que trabajan en el negocio tabaquero (donde los españoles gastan 12.000 millones al año de forma legal, más una cantidad también millonaria e indefinida de contrabando) tienen esa cierta sensación de estar viviendo la recta final de un modelo y el lento cambio hacia algo nuevo, que podría llevar incluso hasta su desaparición. Las nuevas cajetillas que Bruselas ha impuesto y que en España comenzaron a comercializarse en mayo pasado, con menos espacio para las marcas y más para los mensajes sanitarios y las fotografías ilustrativas de los efectos del tabaco, pueden ser solo un paso más.

El modelo australiano planea sobre el horizonte. Esto es,  unificación completa de todas las cajetillas, sean de la marca que sean, con un color único y sin utilizar las grafías propias de sus marcas, con lo que apenas se distinguen, un estilo así:

Este es un futuro que aterra al sector productor, tal y como certifica Miranda: "Si nosotros trabajamos para unas grandes multinacionales que nos compran un producto de gran calidad, y luego cuando este producto llega al consumidor, no pueden hacer uso de su marca comercial o colores corporativos, lógicamente esto nos perjudica a todos". La especial regulación del tabaco, un producto que ha ido perdiendo espacio público después de muchas décadas en los que la publicidad trataba de asociarlo con valores aspiracionales como el glamour, impide que se sueñe en informar al consumidor de donde procede el tabaco que está fumando, o más concretamente si este tabaco fuera español, como se aspira a hacer en el caso de la leche. Por tanto, sólo las empresas saben en los pulmones de qué fumadores acaba anidando el tabaco extremeño.

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