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La saturación de residuos en Garoña complica su reapertura: su piscina está al 96% de su capacidad

La planta ha pedido permiso para construir un almacén que albergue provisionalmente la basura radiactiva, pero su puesta en marcha llevará tiempo. Un eventual retraso del ATC dificultaría más el proceso si Iberdrola y Endesa deciden reabrirla.

Piscina de combustible gastado de Garoña.
Piscina de combustible gastado de Garoña.

La acumulación de combustible gastado en la piscina de la central de Santa María de Garoña (Burgos) puede suponer un serio impedimento para la apertura de la planta, siempre que Iberdrola y Endesa decidan ponerla en marcha finalmente. Las dos eléctricas, que siguen deshojando la margarita a este respecto, han condicionado ahora su decisión a lo que depare el enésimo cambio regulatorio que prepara el Ministerio de Industria en el marco de su interminable reforma eléctrica, relativo esta vez a la bolsa mayorista del mercado (conocida como ‘pool’).

Pero, según varias fuentes consultadas, hay un elemento que puede jugar en contra de las propietarias de Nuclenor (la sociedad que explota la central) si finalmente optan por volver a arrancar la planta, parada desde diciembre de 2012 con el argumento de que las nuevas tasas impuestas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy, vigentes desde enero del año pasado, la hacían inviable: la piscina que custodia los residuos nucleares de Garoña está prácticamente llena.

Nuclenor ha pedido permiso al Ministerio de Industria para construir un almacén temporal individualizado (ATI) como el que ya tienen la antigua central de Zorita (desconectada en 2006), la de Trillo (cuya piscina no daba para más) y el que construye Vandellós (Almaraz también se plantea poner en marcha uno). Nuclenor quiere depositar ahí "parte" del combustible del reactor, un proceso que, asegura, no supone un paso más hacia el desmantelamiento de la planta porque el ATI se habría solicitado también en el escenario de continuidad.

El ATI, ha explicado, sería una especie de plataforma intermedia a la que se llevarán los residuos antes de su traslado al Almacén Temporal Centralizado (ATC) que Enresa construirá en el municipio conquense de Villar de Cañas.

La piscina de combustible irradiado de Garoña necesitaría 135 posiciones libres para que la central vuelva a operar, pero está llena

Lo cierto es que, según el Documento Oficial de Parada de la central, fechado en julio del año pasado, a 31 de diciembre de 2012, unas semanas después de la parada de Garoña, existían en su piscina “2.505 elementos combustibles”, lo que supone “un grado de ocupación del 96,01%” y un total de 104 posiciones libres.

Según fuentes del sector, “la piscina de combustible irradiado de Garoña necesitaría 135 posiciones libres para que la central vuelva a operar, pero está llena y el Almacén Temporal de Combustible Irradiado (ATI)”, cuyo estudio de impacto ambiental acaba de salir a información pública, “no estará disponible como muy pronto hasta 2016”.

En opinión del líder de Equo y exdirector de Greenpeace España, Juan López de Uralde, pueden pasar “varios años” hasta que el ATI de Garoña y la piscina “no tiene capacidad suficiente para que la planta vuelva a entrar en funcionamiento”.

Sin embargo, desde Nuclenor aseguran que la central, antes de su parada, tenía capacidad para operar hasta 2019 y añaden que, de esos 2.505 elementos que actualmente se custodian en la piscina, 400 volverían al reactor y quedarían libres para una eventual recarga en caso de que volviera a ponerse en marcha. “Hay espacio”, subrayan.

Una reciente inspección del CSN constató la acumulación de andamios y otros materiales colocados indebidamente alrededor de la piscina por unas obras

“Otra cosa es que no lleguemos a 2019 si no sacamos antes los residuos”, remachan. De ahí la importancia de que el ATI esté listo a tiempo y, sobre todo, de que el ATC entre en funcionamiento en la fecha prevista, 2018. Un eventual retraso del almacén conquense complicaría todo el proceso, coinciden todas las fuentes consultadas. En principio, el plazo para solicitar la reapertura vence el próximo julio.

Mientras, la central, que actualmente emplea a 276 personas, prosigue su peculiar actividad, con todo el personal acudiendo a la planta a diario (salvo los que se han jubilado desde su parada) para mantenerla “en perfectas condiciones”, aunque lleve más de un año sin verter un kilovatio a la red. En Garoña, que el año pasado fue objeto de un expediente sancionador de la antigua Comisión Nacional de la Energía (actual CNE) por el proceso de parada por el que Iberdrola ha dotado una provisión de 30 millones, la actividad continúa.  

Así lo atestigua una reciente inspección del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en la que los técnicos del regulador se encontraron con que “se había apilado junto a la piscina de combustible una gran cantidad de plataformas y postes, de los que se usan para la construcción de andamios”, con motivo de los trabajos para reforzar la grúa que deberá sacar los residuos del reactor.

Un espacio “en el que no se deberían almacenar, acopiar ni depositar materiales y equipos durante el tiempo que durasen los trabajos”, según el responsable de la inspección. La incidencia ha quedado debidamente “justificada”, zanjan en Nuclenor.


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