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De cómo el gran especulador Soros rescató a la glamurosa empresaria de la construcción

En la historia de la deuda personal de Esther Koplowitz faltaba George Soros. Y acabó apareciendo y con un papel clave. El inversor capaz de tumbar la libra esterlina y de levantar uno de los mayores fondos especulativos del mundo, con 28.000 millones bajo gestión, cambió su disfraz de malo de la película por el de rescatador de damas en apuros.

Esther Koplowitz, tras recibir la medalla de oro al trabajo
Esther Koplowitz, tras recibir la medalla de oro al trabajo

George Soros y Esther Koplowitz parecían condenados a terminar formando pareja de baile en FCC y a fe que lo han conseguido. Es la tercera vez que el nombre del multimillonario estadounidense aparece como clave para solventar los problemas financieros de la principal accionista del grupo constructor y de servicios y, por el momento, parece ser la definitiva. Si todo sale como está previsto, Soros, otrora especulador capaz de tumbar la libra esterlina en los mercados, aparecerá como el gran salvador de Koplowitz y, al mismo tiempo, su nuevo socio en la empresa, el último de una larga lista que inauguró su hermana Alicia.

En realidad, Soros ya había acudido al rescate de Esther Koplowitz hace algo más de un año, a finales del pasado 2013, cuando la empresaria se vio obligada a vender un 3,8% de FCC para obtener liquidez y cumplir con sus acreedores, BBVA y Bankia.

Por entonces, el multimillonario estadounidense de origen húngaro adquirió buena parte de ese paquete y permitió a Koplowitz respirar hondo. Aunque sólo fue una “patada hacia adelante”.

Su segunda aparición se produjo en plena negociación de Koplowitz con la banca para reestructurar su deuda personal, valorada en algo más de 1.000 millones de euros. En uno de los momentos de mayor tensión entre las partes, Soros planteó una solución: comprar a BBVA y Bankia la deuda de la empresaria y convertirse en su acreedor.

La elección de un socio

Pero las entidades financieras no aceptaron las notables quitas planteadas por el inversor norteamericano y la opción terminó por diluirse.

No fue un “adiós” sino un simple “hasta pronto”. A medida que se perfilaba una solución que pasaba por que Koplowitz vendiera sus derechos en la ampliación de capital de FCC para obtener liquidez y cumplir con la banca, la figura de Soros cobraba relevancia como aquel que compraría esos derechos y se convirtiera en nuevo socio de la empresaria en la compañía.

Obviamente, la accionista mayoritaria de FCC no quería que cualquiera pudiera comprar esos derechos, como en su día se opuso a que su hermana Alicia vendiera su participación en la compañía a alguien que no fuera de su agrado.

Alicia, Vivendi, Ibersuizas, Peugeot...

Hace 16 años, Alicia y Esther Koplowitz controlaban algo más de un 56% de FCC a través de una sociedad instrumental en la que participaban a partes iguales. Cuando Alicia decidió desinvertir, Esther le pidió intervenir en el proceso de elección del comprador, toda vez que se convertiría en su socio en FCC. Alicia se negó y Esther decidió cortar por la sano: sería ella misma la que comprara el paquete de acciones para después salir a la búsqueda del socio.

Por aquel entonces, Esther Koplowitz pagó algo más de 820 millones de euros por las acciones de su hermana, que equivalían a algo más del 28% de FCC. Dos años después, las vendió a la francesa Vivendi por unos 700 millones. Aquella operación fue pilotada por su entonces presidente, Jean Marie Messier, convertido ahora en asesor personal de la empresaria. Un precio similar al que pagará Soros, 14 años después, por controlar el 25% de la compañía.

La compañía gala salió en 2004 con unas jugosas plusvalías cercanas a los 220 millones de euros. Koplowitz nunca llegó a tener socios tan estables. El hueco de Vivendi fue rellenado por Ibersuizas y las familias Peugeot, Aguinaga y Martínez (propietarios de Bodegas Faustino).

Una nueva estructura accionarial

Los dos primeros vendieron su participación en un buen momento de para los mercados, lo que llevó a Esther Koplowitz a recomprar sus paquetes de acciones sin buscar nuevos socios. Un esfuerzo económico realizado poco antes de que la crisis comenzara a mostrar sus síntomas virulencia y que le ha terminado por costar muy caro.

Tan caro que la suspensión del dividendo de FCC a finales de 2012 puso a la empresaria contra las cuerdas frente a sus acreedores. La llegada salvadora de Soros dará inicio a una nueva etapa en el accionariado del grupo constructor y de servicios. Por primera vez, el socio estable de Esther Koplowitz no formará parte de su instrumental B 1998 aunque, eso sí, apoyará su gestión. 


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