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El test de idoneidad que Dracon Partners alteraba para vender sus productos tóxicos a clientes no aptos

“Se les entregaban ya rellenados, o si no se alcanzaba la puntuación necesaria, se alteraban los cuadros que hicieran falta”. Vozpópuli ha tenido acceso a una copia del examen que cada cliente de la firma de asesoramiento e inversión investigada por la CNMV tenía que pasar para que se les pudieran vender productos de alto riesgo.

Sara Pérez Frutos, fundadora de la Eafi Dracon Partners.
Sara Pérez Frutos, fundadora de la Eafi Dracon Partners. YOUTUBE / ESTRATEGIAS DE INVERSIÓN

“¿Considera que podría identificar las diferencias entre la renta variable y la renta fija y sus riesgos asociados? ¿Cuántas personas dependen económicamente de usted?”. Estas son sólo dos de las preguntas del total de 18 que cada cliente de Dracon Partners debía responder antes de poder contratar uno de los warrants (productos de inversión de alto riesgo) que la entidad ofrecía dentro de sus asesoramientos como Eafi.

Vozpópuli ha tenido acceso a uno de los test de idoneidad que, obligatoriamente, cada posible cliente de Dracon Partners debía superar antes de que en teoría se le pudiera comercializar ninguna clase de producto. El documento (ver más abajo) consta de cuatro hojas parceladas en cuadrantes que miden el nivel de conocimientos y experiencia inversora de cada potencial cliente, su situación y capacidad financiera, el objetivo que pretende alcanzar con la inversión y su perfil. Cada test debía incorporarse como un anexo al contrato firmado con Dracon.

Las respuestas a cada pregunta daban, en teoría, un resultado numérico que fijaba a cada persona dentro de un determinado perfil inversor. Si sumando todas las contestaciones se superaba cierto nivel, entonces legalmente Dracon podría asesorar y vender ciertos productos de riesgo a sus clientes. Si no se superaba, incumpliría la regulación de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Tal y como han asegurado a este diario antiguos empleados de la sociedad fundada por Sara Pérez Frutos, cuando el cliente no alcanzaba la puntuación mínima necesaria (pero se le había convencido ya para invertir en warrant) el procedimiento habitual era “modificar las respuestas necesarias con tal de que la suma numérica fuera suficiente para que el cliente resultara apto”. En otras ocasiones directamente ya se les entregaba el test de idoneidad rellenado y con el perfil de riesgo adecuado para comprar cualquier producto, por muy arriesgado que fuera.

Esta misma versión respecto a cómo se trastocaban los test de idoneidad la han mantenido testigos y querellantes durante la ronda de declaraciones celebrada a finales de octubre en los juzgados de Plaza de Castilla (Madrid) a raíz del proceso que investiga un posible fraude en la comercialización de productos financieros complejos en Dracon Partners.

Una gestión agresiva de la inversión

La estrategia de inversión determinada por la dirección de Dracon Partners para con los clientes era muy agresiva y buscaba sobre todo el beneficio de la firma dirigida por Pérez Frutos. Tal y como han relatado a este diario antiguos empleados, el modelo de negocio consistía en vender cualquier warrant de un cliente “en cuanto alcanzara una rentabilidad del 15% o el 20%. Así se le podía vender la idea de que nuestro asesoramiento les había sido muy provechoso y se les podía después vender nuevos warrants, de forma que pagaran de nuevo la comisión de apertura del 10% sobre el capital invertido”, explican.

Más lesivo contra los intereses del propio cliente era el modus operandi en el caso de que los warrants presentaran pérdidas, algo que por desgracia para éstos fue muy habitual durante los primeros años de esta década, con los mercados financieros españoles y europeos en el punto de mira. “Si los warrants sufrían pérdidas nunca se ponía un stop [es decir, un límite de caída en el precio a partir del cual el inversor no puede perder más]. Además, cuando uno de estos productos estaba en pérdidas nunca se vendía anticipadamente, como sí se hacía con los que daban ganancias. Así, se daba una patada adelante aplazando lo inevitable y disfrazando las malas noticias; fueron muchos los que lo llegaron a perder todo”, recuerda un antiguo empleado.


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