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La caída en desgracia de Abengoa, Indra y Ence tras la abdicación de don Juan Carlos

Don Juan Carlos siempre ha protegido y ayudado a estas tres compañías en sus aventuras nacionales e internacionales, ha velado por sus altos directivos y accionistas, y hasta se ha especulado con que pudiera tener participaciones minoritarias en algunas de ellas. Tras la abdicación de junio, las tres han entrado en barrena. Los inversores han retirado la confianza al grupo de los Benjumea, se recrudece el complot para echar a Monzón y la papelera de los Albertos pasa por sus peores momentos.

Don Juan Carlos, con Barack Obama, en visita oficial a EEUU en 2010.
Don Juan Carlos, con Barack Obama, en visita oficial a EEUU en 2010. EFE

Qué tiempos aquellos, dorados la mayoría de las veces, en los que el mismísimo Obama ponía como ejemplo a seguir a Abengoa en uno de sus discursos presidenciales por mediación del rey Juan Carlos I, Indra volvía cargada de contratos allá donde el monarca iba de ronda oficial o Ence conseguía sortear sus problemas en Latinoamérica gracias a la intermediación de su majestad, amigo íntimo de Los Albertos.

Abengoa, Indra y Ence han sido y son tres grandes compañías, innovadoras en sus áreas de actividad (renovables, ingeniería, 'high tech'...) y con un cariz internacional que les ha reportado renombre y jugosos contratos y adjudicaciones en países de varios continentes, pero sin la inestimable ayuda del antiguo monarca no habrían gozado de la misma estabilidad y protección frente a cambios regulatorios, intervencionismos de algunos gobiernos o asaltos más o menos teledirigidos para desbancar a algunos de sus directivos o accionistas.

Sin embargo, el anclaje del que han gozado las tres en Casa Real ha saltado por los aires, tras la abdicación de junio y la llegada de Felipe VI, poco amigo de mantener, y muchos menos alimentar, las estrechas amistades que durante décadas labró su padre con lo más granado del sector empresarial y financiero español, y que tan buenos y provechosos réditos le ha acarreado para él y toda su familia.

Son tres grandes e innovadoras compañías, pero sin la ayuda del monarca no habrían gozado de la misma protección y estabilidad frente a cambios regulatorios, intervencionismos o ante operaciones de acoso y derribo

Abengoa sufre estos días el ataque furibundo de los inversores, muchos de ellos internacionales, por el intento de sus gestores de maquillar las cuentas para intentar salvar el peor año de su historia. Hoy vale en Bolsa la mitad de lo que valía hace dos días. La compañía ha perdido la confianza de los mercados, pese a que el Gobierno español la ha tratado con mimo, para cabreo de sus competidores energéticos, al salvar sus negocios termosolares de la quema de la reforma eléctrica y los ajustes.

Todo el sector se pregunta a qué se ha debido esa sobreprotección. ¿Qué ha tenido Abengoa que no tiene el resto de compañías renovables para salir tan bien parada del hachazo del Gobierno a los ingresos de estas energías verdes?

Parece evidente que desde Casa Real se ayudó, en la medida de lo posible, a que el escenario de los Benjumea no pintase tan negro como el del resto de grupos renovables. La conexión de don Juan Carlos con la multinacional andaluza es directa y palmaria.

Su conexión con Abengoa ha sido directa, a través de Aza, de su primo Carlos de Borbón y de su estrecha relación con los Benjumea, a los que les abrió todas las puertas en EEUU

Colocó en la compañía en 2011 a su ex jefe en Casa Real, Alberto Aza Arias, como miembro del consejo asesor internacional. Este último se trajo a su hijo, Alberto Aza Custodio, que fue colocado por los Benjumea como consejero la filial de bioenergía. Padre (en 2012 por incompatibilidad sobrevenida) e hijo (en 2013) han dejado sus cargos en Abengoa.

También ha estado en la compañía Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, infante de España y primo de don Juan Carlos, que ha sido durante más de diez años consejero independiente de Abengoa Solar. Dejó el cargo en marzo pasado.

La buena relación del antiguo monarca con los hermanos Javier y Felipe Benjumea, accionistas de control de la multinacional andaluza, viene de muy atrás. Casa Real ha ayudado sobremanera al desarrollo de Abengoa en Estados Unidos y al acercamiento de la compañía al Gobierno de ese país. Hasta el punto de que Barack Obama, en el famoso discurso presidencial de 2009 en el que ensalzó a España como modelo a seguir en el desarrollo de infraestructuras y renovables, mencionó expresamente a Abengoa como ejemplo de éxito. Fue el entonces Jefe de Estado el que intercedió para que así fuera, señalan fuentes cercanas al anterior Gobierno de Zapatero.

Obama puso a la España de Zapatero como ejemplo a seguir en AVE y renovables y llegó a nombrar expresamente a Abengoa gracias a las buenas gestiones de Casa Real

Si la relación del monarca con los Benjumea ha sido de lo más fructífera, no le va a la zaga la que desde hace lustros mantiene con Javier Monzón, presidente de Indra desde hace 21 años.

Monzón es amigo personal de don Juan Carlos, con el que ha ido de la mano en infinidad de ocasiones en viajes de Estado, consiguiendo para la compañía ahora controlada por la Sepi jugosos contratos internacionales. Tras más de dos décadas en la presidencia de la compañía, tocan tambores de cambio en el grupo tecnológico. Monzón consiguió parar, con la ayuda del rey, el primer envite para echarle del sillón presidencial, en una operación orquestada por el ministro de Defensa, Pedro Morenés, su secretario de Estado, Pedro Argüelles, y Eduardo Serra, ex ministro de Defensa con Aznar. Todo esto fue antes de la abdicación y los impulsores de la rebelión tuvieron que abortar.

Monzón consiguió con la ayuda de su amigo don Juan Carlos parar la operación de derribo orquestada por Serra y Morenés, que ahora vuelven a la carga, a sabiendas de que el presidente de Indra no goza del favor de Felipe VI 

Pero ahora, don Juan Carlos ya no está y la relación de Monzón con Felipe VI es inexistente. De ahí que como informa Vozpópuli, el asalto a la presidencia de Indra se recrudece y Monzón se ha quedado sin su principal asidero, el antiguo Jefe de Estado.

También están en sus horas más bajas Ence y sus accionistas, Los Albertos, que se han visto obligados, de nuevo, a vender otro trozo de la compañía, ahogados en sus propias deudas. Según consta en la CNMV con fecha 7 de noviembre, los amigos de don Juan Carlos, a través de su instrumental Alcor Holding, han vendido un 5% de Ence, reduciendo su posición al 9,9% frente al 15% que declararon en abril pasado.

La operación se produce en el peor momento en años del grupo controlado por Juan Luis Arregui. El hachazo de la reforma energética ha pasado factura a los negocios renovables del grupo, que en los primeros nueve meses del año acumula unas pérdidas de 140 millones de euros.

Los Albertos, ahogados por sus deudas, han vendido otro 5% de Ence, compañía a la que el rey salvó de un conflicto con el Gobierno de Uruguay por una planta papelera

La compañía ha anunciado que tendrá que cerrar la planta de Huelva. Lejos quedan ya los éxitos del grupo papelero y el buen servicio que le prestó el anterior monarca para solventar el problema más grave que sufrió la compañía en su aventura internacional. Don Juan Carlos tuvo que mediar entre los gobiernos argentinos y uruguayo para que finalmente Ence construyera una planta papelera a 200 kilómetros de Montevideo.

Posteriormente, Ence salió del país y vendió los terrenos donde se iba a hacer la planta. El grupo papelero ha sido tradicionalmente uno de los protegidos de Casa Real, no sólo por la estrecha amistad de don Juan Carlos con los primos (sobre todo con Alberto Alcocer), sino también porque se ha especulado con la posible presencia del monarca en el capital de la compañía.


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