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Dermoestética y Suescun, dos iconos de la burbuja que emprenden discreta retirada

La empresa llegó a valer más de 400 millones. Su fundador presumía de family office, yate, sicavs... Todo, en clave valenciana. Pero están plegando velas. Acaba de anunciar la recompra de su empresa, que vale 6 millones. En 2005, parecía imparable. 

Uno de los centros de Corporación Dermoestética en Madrid.
Uno de los centros de Corporación Dermoestética en Madrid. G3ONLINE

Esta semana se ha anunciado la exclusión bursátil de Corporación Dermoestética, uno de los mejores símbolos de la burbuja: una empresa con salida a Bolsa mediática, dedicada a la cirugía estética (fiel reflejo de los años irreales vividos), perteneciente a una fortuna emergente (José María Suescun)… y valenciana. Hoy, no queda nada de aquello.

Corporación Demoestética deja la Bolsa después de mucho tiempo siendo la compañía más pequeña de todo el mercado. Su presentación en 2005 tuvo todos los ingredientes de empresa de la burbuja, en especial por una presentación en la que estuvieron 50 de azafatas vestidas de 'enfermeras sexis', lo que motivó una furibunda queja por parte de la número dos del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ante el Colegio de Enfermeras.

La compañía tuvo su momento de gloria a mediados de 2007, cuando superó holgadamente los 11 euros por acción. Pero luego… se ha tenido que despedir a 0,33 euros por acción. Sólo opera ya en España y algo en Portugal, después de aventuras que rozaron lo dramático en Reino Unido e Italia.

Suescun está reduciendo perímetro con toda la discreción posible. Lanza la OPA de exclusión, recomprando el 41% que no posee de la compañía por un importe testimonial, cuando el día de su lanzamiento alcanzó un valor de 434 millones de euros, después de repuntar un 20%. Llegó a superar posteriormente los 500 millones de euros de valor total. 

Paradigma

El empresario era otro paradigma de la rentabilidad, como también lo fue su compañero Enrique Bañuelos. Por supuesto, constituyó su family office, Suver Inversiones, en el que integró una potente sicav de 50 millones de euros de capital máximo. Al frente de todo, fichó como director de inversiones a uno de los principales ejecutivos de la antigua Safei, Antonio Sánchez Rodado.

Eran tiempos en los que todo alto patrimonio que se preciara debía demostrarlo a lo grande, no sólo con sus actividades empresariales, sino constituyendo su banco privado propio e incluso su propia fundación. Lo mismo vale para su yate: en Valencia, decían que era el más grande.

La sicav (Inversiones Siena) mantiene más de 20 millones de euros de patrimonio, pero también está de retirada. Recientemente, ha comunicado a la CNMV su intención de convertirse en SA, por lo que ya no se podrá ver trimestralmente su patrimonio ni su cartera.

Asimismo, Dermoestética vendió el pasado mes su participación en Adquiera, empresa de servicios financieros integrada en el Banco de Valencia. Suescun tenía su patrimonio en Arcalia, después en Nordkapp (entidades valencianas que poco a poco han ido desapareciendo) y ahora, poco más se sabe del otrora millonario imparable de la cirugía estética.

La caída del consumo ha hecho estragos. El auge falsos millonarios antaño se está purgando con dureza. Esos estandartes de los tiempos de la burbuja dejan claro que dinero de verdad tienen muy pocos en este país. Son los de siempre: los Botín, Koplowitz, Ortega… e incluso estas familias sufren los embates del mercado. Pero, al menos, no estaban híper apalancados. 


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