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Estilo Tony Soprano: una 'mafia' infiltraba espías para garantizar el cártel de los concesionarios

Chris, Fulvio y Paulie lo hacían en los negocios de Tony en New Jersey; los 'chicos' de la empresa ANT, en Madrid y Galicia. Se hacían pasar por compradores de coches, pero eran 'espías' que iban a los concesionarios: a los vendedores que no se sometían al cártel los delataban sin piedad.

Un concesionario de Hyundai, una de las empresas multadas por la CNMC.
Un concesionario de Hyundai, una de las empresas multadas por la CNMC.

Les podemos asegurar que esta historia ni es truculenta ni violenta, no hay rastro de sangre ni casquillos rodando por el suelo, tampoco un Bada Bing al que acudir para brindar por los triunfos o llorar la dura vida del mafioso, y mucho menos nos encontraremos un final tan abierto como el que volvió locos a muchos de los 'amantes' de Los Soprano, la serie de la HBO que magistralmente ideó hace más de tres lustros David Chase.

Pero sí hay similitudes entre el clan mafioso heredero sentimental e intelectual de El Padrino y el que montaron en Madrid y Galicia 45 concesionarios de vehículos y su brazo ejecutor, la hasta ahora desconocida empresa ANT Servicalidad S.L.

Sin la violencia arrabalera de los bajos fondos, más bien al contrario, con buenos modos y mucho guante blanco, se movían los 'chicos' de ANT, la empresa encargada de que el cártel montado por estos concesionarios de las marcas Toyota, Hyundai y Opel funcionara a la perfección.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de imponerles a todos ellos una multa conjunta de 9 millones de euros por "formar varios cárteles, a través de los que adoptaron e implementaron acuerdos de fijación de precios, que mantuvieron ocultos y secretos, y otras condiciones comerciales, además de intercambiar información sensible entre sí", reza la resolución sancionadora.

Los 42 concesionarios, multados con 9 millones de euros, vendían los coches a un precio similar para no hacerse competencia entre ellos

El regulador de la Competencia ha podido demostrar que "los cárteles contaron con la colaboración de una empresa externa (ANT Servicalidad) que controlaba el cumplimiento de los acuerdos adoptados entre ellas", las empresas de concesionarios.

Bajo el paraguas de "empresa especializada en servicios de atención al cliente, estudios de mercado y realización de evaluaciones de 'comprador misterioso' para marcas de automoción" se escondía una grupo de personas (la mayoría de ellos no conocían el objetivo final que perseguían sus jefes) que se dedicaban a visitar, uno por uno, los concesionarios para "evaluar" el grado "de cumplimiento de los acuerdos adoptados" por el cártel.

Se hacían pasar por supuestos compradores y intentaban conseguir el mejor precio y los regalos del ingenuo comercial con vistas a adquirir un coche que nunca compraron. En realidad, lo que hacían los chicos de ANT era recabar toda la información posible para incluirla en un estudio "con cuadros comparativos de los precios y las condiciones comerciales ofrecidas por los concesionarios", para que todos las empresas que formaban el cártel pudieran comprobar quiénes cumplían con las directrices de la 'mafia': precios pactados para evitar la competencia y sufrir bajas rentabilidades del negocio.

Los espías de ANT iban dos veces al concesionario: una para pedir precio y otra para presentar una mejor oferta de anzuelo y poner a prueba al comercial, que si rompía el cártel era delatado

Y, ¡ay! del que no las cumpliese: ANT las llamaba "incidencias". El eufemismo y las palabras vacías siempre han sido un buen parapeto para los mafiosos de guante blanco, sean del sector empresarial, el bancario o el que está más de moda, el político.

Los que se saltaban las normas y ofrecían un mayor descuento del pactado por la organización, incurrían en "incumplimientos" de los pactos y eran penalizados o, en caso extremo, expulsados del cártel, según se ha acreditado gracias a la información (papel y formato electrónico) recabada en la inspección realizada por los investigadores de la CNMC en la sede de ANT.

El modus operandi del brazo ejecutor del cártel era el siguiente: "el objetivo es conseguir la oferta más económica posible de un determinado modelo en un concesionario determinado". Los "evaluadores" o espías hacían "dos visitas": en la primera obtenían una oferta del vendedor y, en la segunda, volvían a este mismo comercial para lanzarle al anzuelo, "una mejor oferta de otro concesionario" que, de ser igualada, haría que la decisión de compra se tomase en este último.

Los que caían en la trampa de esta 'mafia' de guante blanco eran delatados y penalizados, afirma la CNMC en su resolución.

ANT alerta en una nota de la "peligrosidad" de participar en el cártel y recomendaba a todos los involucrados el uso de palabras clave (estudios de mercado, incidencias...) para que no se descubriera la trama

Todo trabajo de este tipo no está exento de "peligrosidad", reconocían los directivos de ANT en su portafolio de servicios, así que la forma de trabajar se basaba en expresiones clave: "hablaremos siempre de estudios de mercado, de ofertas obtenidas y de incidencias detectadas". Los 'espías' hacían su trabajo engañados: "ninguno de nuestros evaluadores sabrá realmente el propósito final del estudio, ellos simplemente van a realizar un estudio de mercado" afirmaba la propia ANT en los años en los que se desarrolló el cártel, de 2007 hasta junio de 2013, según ha podido acreditar el regulador de Competencia.

"Tras la instrucción de los expedientes, la CNMC considera acreditado que las empresas adoptaron sus acuerdos con manifiesta ocultación y secretísmo, y que contrataron a un tercero para que vigilase el cumplimiento de los acuerdos prohibidos, instaurando un sistema de penalización contra los concesionarios incumplidores, elementos todos ellos presentes habitualmente en las prácticas constitutivas del cártel", señala el regulador, que ha constatado "el papel sobre el control de la efectiva implementación y supervisión de esos acuerdos que llevó a cabo la empresa ANT, que realizaba una labor estratégica para el mantenimiento del cártel".

La crisis desató las guerras internas en el cártel: "Quieren tener las manos libres, más ventas, más descuentos, invadir otras zonas, ir a por todas", afirma una nota de situación de ANT

Con la llegada de la crisis económica y la caída de ventas de vehículos vinieron los problemas para el cártel, que empezó a sufrir guerras internas y deserciones de concesionarios. "Dice que no hay nada que hacer, hay quién no quiere hablar del tema. ¿Por qué no quieren? Quieren tener la manos libres, más ventas, más descuentos, invadir otras zonas, ir a por todas", señalaba una anotación de ANT tras contactar con el concesionario AE Llorente, que ha recibido una multa de 167.626 euros.

"No hay nada que hacer y es un auténtico desastre, cada uno va a su guerra, ni siquiera hay comunicaciones entre ellos. Hace unos meses se reunieron y no pudo salir nada de allí", constataba ANT, que alertaba a algunos miembros del cártel del desmoronamiento de la trama que tantos réditos les había reportado.

Finalmente, ANT, a la que la CNMC le ha impuesto una sanción de sólo 14.514 euros, se quedó fuera del cártel, cuyos miembros, con la crisis y la caída de ventas, tuvieron que prescindir de los servicios de los Sopranos de los concesionarios.

"No hay nada que hacer y es un auténtico desastre, cada uno va a su guerra", se quejaba ANT, que finalmente se quedó fuera del cártel

A la desesperada, la empresa se ofrecía en 2012 a trabajar para reconducir "una situación actual de guerra de precios y escasa rentabilidad" por otra en la que se "evitaría la guerra de precios y se homogeneizarían los descuentos máximos y se incrementarían los márgenes comerciales por cada vehículo vendido".

No pudo ser. El caos se adueñó del cártel, se rompieron las reglas anticompetitivas que habían presidido su funcionamiento en los años anteriores y todo saltó por los aires.

Ahora, la CNMC ha concluido los expedientes (hay otras abiertos cuyas resoluciones se publicarán más adelante) y ha fijado las multas para todos ellos. Seligrat de Automoción, con casi un millón de euros (989.541 euros), Talleres Prizan, con 686.026 euros, y Motor Gamboa, con 644.627 euros, son las tres empresas con las sanciones más altas, de un total de 45 concesionarios.


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