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Alierta negocia en privado con Patterson (BT) un acuerdo urgente en Reino Unido para desplazar a EE

El presidente de Telefónica toma las riendas de la negociación con el consejero delegado de BT para anticiparse al otro operador en discorida, EE, líder en móvil en Reino Unido. Los contactos son directos y buscan persuadir a BT para que se decante por O2.

El presidente de Telefónica, César Alierta
El presidente de Telefónica, César Alierta EFE

El presidente de Telefónica, César Alierta, ha querido tomar las riendas de las negociaciones con BT ante la oportunidad estratégica que supone para el grupo español alcanzar una posición accionarial en la operadora británica.

El ejecutivo aragonés está negociando de forma directa y privada con Gavin Patterson, consejero delegado de BT, para poner en valor su filial móvil, O2, e intentar desplazar a la otra gran compañía en liza, Everything Everywhere (EE), según señalaron fuentes conocedoras del proceso.

BT dejó claro este martes, en su nota oficial al regulador bursátil londinense, que tiene dos ofertas sobre la mesa: "Hemos recibido expresiones de interés de los accionistas de dos operadores de redes móviles del Reino Unido, de los cuales uno es O2, sobre una posible transacción en la cual BT adquiriría su negocio de telefonía móvil”.

El segundo en discordia es EE, primera compañía móvil del país, controlada al 50% por dos gigantes europeos, Orange y Deutsche Telekom, y que al igual que O2 sólo presta servicios celulares.

EE es la primera compañía móvil del Reino Unido y BT ha reconocido negociaciones con ella, lo que ha puesto en guardia a Alierta y a todo su equipo

Alierta quiere adelantarse a su competidor y persuadir a Patterson, con el objetivo de poner en marcha un proceso de negociación con exclusividad, que dejaría fuera a EE, señalan estas fuentes.

Los contactos se están produciendo estos días al más alto nivel y si se alcanzara un preacuerdo, las dos partes abrirían un proceso en el que dejarían en manos de sendos bancos de negocios el diseño de la operación. La “fase preliminar” de la que hablan tanto Telefónica como BT al referirse a la operación “hace que el que mejor se posicione al principio pueda sacar ventaja a su competidor, anticipándose al contrario”, señala un analista.

En este contexto, Telefónica quiere poner en valor los más de 24 millones de clientes móviles de O2 y la estimación de precios que algunos informes de analistas situarían en la horquilla de entre 12.000 y 14.000 millones de euros al cambio actual para la filial británica de la española.

Las conversaciones entre los dos altos ejecutivos son privadas y directas: el presidente de Telefónica quiere que se abra un proceso de negociación en exclusiva, dejando al margen a EE

Por su parte, BT se deja querer y por ahora prefiere no casarse con nadie. La compañía británica quiere aprovecharse de que tanto O2 como EE sólo prestan servicios móviles y necesitarían telefonía fija, banda ancha y TV para competir en ofertas convergentes.

Pero a su vez, BT necesita con urgencia comprar o aliarse con un operador móvil, para poder competir en igualdad de condiciones y con ofertas también convergentes (fijo, móvil, banda ancha y TV) contra Vodafone, Talk Talk y Sky, los otros gigantes del mercado británico.

Un acuerdo de integración de EE en BT sería demoledor para Telefónica en Reino Unido, ya que O2 se quedaría descolgada, sólo como un operador móvil, y tendría que buscar alianzas con grupos como Talk Talk. De ahí las prisas de Alierta por anticiparse en la batalla 'prenegociadora' y tratar de persuadir a Patterson y su equipo.

BT estaría dispuesta a comprar el 100% de O2 mediante un mix de intercambio accionarial y pago en efectivo, operación que ve con buenos ojos Telefónica. El canje accionarial permitiría a la española tomar una estratégica participación accionarial de entre el 15% y el 20% en BT, que actualmente vale en bolsa más de 45.000 millones de euros, a cambio de perder O2.

Adicionalmente, BT estaría en disposición de pagar una cantidad en efectivo que aún está por definir, pero que vendría de perlas a Telefónica para reducir su abultada deuda (más de 44.000 millones de euros) o para reforzar sus inversiones en Brasil, su mercado objetivo.

La mayoría de los analistas apuestan por una operación que será más rápida de lo que la pintan las dos grandes telecos, que sólo hablan de “fase preliminar”.


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