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Reino Unido sí rechaza la alta velocidad que España es incapaz de hacer rentable: “Es demasiado cara”

Un informe de la Cámara de los Lores desaconseja la segunda línea de alta velocidad en Reino Unido, en la que el Gobierno británico pretende invertir 50.000 millones. Según un estudio de Fedea, ninguna de las líneas de AVE en España es rentable.

La rentabilidad del AVE vuelve a ponerse en entredicho
La rentabilidad del AVE vuelve a ponerse en entredicho

El país que vio nacer el ferrocarril mira con escepticismo el negocio de la alta velocidad. El proyecto del Gobierno de Reino Unido para invertir hasta 50.000 millones en una segunda línea de AVE en el país ha recibido la negativa de la Cámara de los Lores, que considera que se trata de un gasto desproporcionado que el país no puede permitirse. España ha invertido una cantidad muy próxima a ésta en su red, la mayor de Europa, pero ninguna de las líneas es rentable, de acuerdo con un informe publicado por Fedea.

El trabajo realizado por el 'think tank' fundado por el ex gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo ha vuelto a poner encima de la mesa la polémica sobre la apuesta de los sucesivos gobiernos por tejer la actual red de alta velocidad, a la que es imposible sacarle rentabilidad con el actual número de viajeros que presenta.

La notable inversión que ha hecho España en el AVE, que supera los 47.000 millones de euros, no ha generado en ningún momento el debate que se está dando en Reino Unido por la construcción de una segunda línea de alta velocidad. Los planes del Gobierno están contando con la oposición de numerosos colectivos y, desde hace unas horas, también de las instituciones.

En concreto, el Comité de Asuntos Económicos de la Cámara de los Lores ha rechazado la propuesta del Gobierno al considerar que el propósito de construir una segunda línea de alta velocidad, esto es, mejorar la conexión entre la capital y la zona norte del país, puede llevarse a cabo con un plan más barato.

Pero el citado comité ha ido más lejos y ha cuestionado precisamente la rentabilidad del proyecto. “La inversión en la mejora de las conexiones ferroviarias del norte de Inglaterra debería reportar beneficios económicos por unidad de coste mucho mayores”.

Un fracaso económico

Cuestiones que, indudablemente, no se tuvieron en cuenta en España, como prueba el informe elaborado por Fedea, que concluye que ninguna de las líneas de alta velocidad en España es rentable desde el punto de vista económico.

El estudio, tras realizar una proyección de cuatro corredores AVE en los próximos cincuenta años, indica que los ingresos que previsiblemente generará el AVE Madrid-Barcelona cubrirán el 45,9% del coste de su construcción y mantenimiento.

En concreto, el informe augura que este AVE generará ingresos de 5.094,9 millones en los próximos cincuenta años, frente a los 7.541,22 millones que ha costado su construcción y los 1.630,52 millones que supone su mantenimiento.

De esta forma, los usuarios de los trenes de este corredor sólo cubrirán con lo que pagan por sus billetes 45,9 euros de cada cien que costó la infraestructura, que “recaerá sobre los contribuyentes”.

El porcentaje de amortización de costes del AVE a Barcelona desciende hasta el 11,37% en el caso del corredor AVE a Andalucía y al 9,6% en el AVE a Levante. El Corredor Norte arroja incluso un porcentaje negativo del 1,41%, lo que implica que su funcionamiento requiere subvenciones públicas.

Modelo envidiado pero inasumible

El modelo de alta velocidad español ha despertado el interés de numerosos países, que no han dudado en conocer de primera mano el funcionamiento del servicio. Pero también es cierto que muchos de ellos se han llevado las manos a la cabeza cuando ha conocido el coste de los trabajos y las dificultades para rentabilizarlos, por lo que han decidido paralizar los planes que tenían para desarrollar el AVE a sus países.

El ejemplo más conocido es el de EEUU, cuando Ray LaHood, el que fuera responsable del Departamento de Transportes, aseguró a José Blanco, por entonces ministro español de Fomento, que su país no podía permitirse una inversión de este calibre. Tratándose de la primera potencia económica mundial, la confesión de LaHood debería haber conducido, al menos, a una profunda reflexión. 


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