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Florentino Pérez afronta un intenso semestre: la junta de ACS votará la renovación de su mandato

El presidente de ACS se centra en resolver el problema de la deuda del grupo constructor, que puede incrementarse de forma notable si se ve obligado a volver a consolidar los activos de renovables. Sus apoyos en la compañía están en entredicho.

Florentino Pérez, presidente de ACS
Florentino Pérez, presidente de ACS

ACS ha iniciado el nuevo año con el objetivo de recortar su deuda en la primera línea de su hoja de ruta. El primer semestre del ejercicio no será uno cualquiera, toda vez que la mayoría de los miembros del actual consejo de administración del grupo, incluido su presidente, Florentino Pérez, deberán someterse a la votación de los accionistas para renovar su mandato. Por medio, una serie de procesos de refinanciación y la incertidumbre del artificio contable de la deuda relacionada con sus activos de energías renovables.

Después de atravesar en 2012 la mayor crisis de su historia, con pérdidas cercanas a los 2.000 millones de euros aquel año y amenazas de ejecución por parte de la banca acreedora, ACS se ha alejado algo de las turbulencias pero la situación financiera de la compañía ha quedado resentida y, con ella, el apoyo por parte de los principales accionistas de la compañía al presidente.

La mayor incertidumbre se centra ahora en qué sucederá con la deuda asociada a los activos renovables de la compañía, valorada en algo más de 3.000 millones de euros. ACS barajó hasta finales del pasado año la posibilidad de sacar a Bolsa la sociedad que aglutina estos activos para, de esta forma, desvincularse definitivamente de ellos, toda vez que sus múltiples intentos por ponerlos en el mercado han acabado sin resultado alguno.

Sin embargo, la operación bursátil tampoco llegó a buen puerto. Desde aquel 2012, la relación de Florentino Pérez con los mercados se ha deteriorado notablemente, como prueba el hecho de que también ha tenido que parar algunas emisiones de bonos que tenía en cartera. La única que ha podido hacer, consistente en convertibles en acciones de Iberdrola, ha tenido que ser amortizada anticipadamente, con un coste adicional para la compañía de algo más de 100 millones de euros.

Con la vista puesta en el auditor

El fin ha sido propinar un tijeretazo a la deuda para paliar una posible consolidación de los activos renovables, que engordaría de inmediato la deuda del grupo. ACS sacó del balance dicha deuda hace más de cuatro años con el pretexto de que había puesto a la venta los activos relacionados con ella. Pero desde entonces no ha vuelto a consolidarlos, con la aquiescencia de su auditor, Deloitte, que podría acabar con esta situación ya al verificar los resultados de 2014.

La situación inquieta a Florentino Pérez, especialmente con vistas al apoyo de los inversores institucionales, sobre todo fondos de inversión, a los que el elevado endeudamiento de ACS y los artificios contables para ocultar la deuda real no les gusta nada.

De hecho, el fondo Southeastern, que ostentaba una participación significativa en ACS desde hace un buen número de años, redujo su inversión en la compañía en los últimos meses. También lo ha hecho Corporación Financiera Alba, vehículo de inversión de la familia March, y los financieros Alberto Alcocer y Alberto Cortina, los Albertos.


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