Economía

Grecia desangra lentamente al euro y hace sufrir a España un lunes negro

La caja de los truenos parece haber estallado en Europa, con Grecia incapaz de formar Gobierno y la posibilidad de su salida del euro cada vez más cerca. Mientras, en España la reforma financiera, con Bankia al fondo, provocó ayer que nuestro país estuviera en el ojo del huracán como no lo había estado hasta la fecha. Pero los principales estados tampoco se libraban. En Alemania ha causado un gran sobresalto el varapalo electoral de Angela Merkel, que demuestra que la ortodoxia y la austeridad tienen un alto precio político, como comprobará de inmediato la propia canciller al entrevistarse con el francés Hollande.

La sesión fue una auténtica pesadilla en los mercados financieros, con el Ibex liderando las pérdidas en Europa. La prima de riesgo se situó en los 480 puntos básicos y el bono español a 10 años fijó su tipo de interés en el 6,2%, cotas no vistas en la historia del euro. A las demás plazas tampoco les fue mucho mejor. 

Por supuesto, el sector bancario fue el más castigado, aunque no fue el único. Bankia se hundió, después de que la semana pasada dimitiera su presidente, Rodrigo Rato y fuera nacionalizada. Además, el viernes el ministro de Economía, Luis de Guindos, presentó la reforma financiera. Una reforma de la que después presumió ante el Eurogrupo.

Vía de agua

La salida de Grecia del euro es algo sobre lo que se habla ya incluso con cierta frivolidad, pero es un asunto extremadamente grave. Supondría abrir una enorme vía de agua en la línea de flotación del euro y llevaría al resto de miembros a una situación extrema.

Sir ir más lejos, expertos de Banco Banif comentaban ayer que Grecia debe ser capaz de articular “alguna fórmula de última hora que le permita evitar el verse abocada a despeñarse por el precipicio de la Unión Económica y Monetaria”. Las implicaciones para este país serían “muy graves”, en opinión de la firma española.

En primer lugar, sufriría un colapso total del sistema financiero, ya que el país dejaría de contar con el Banco Central Europeo (BCE) como suministrador de liquidez. En segundo, que la inevitable devaluación provocaría un aumento de los costes de financiación externa. Y, por último, la monetización del déficit generaría una gran inflación.

Pero, más importante aun, la salida helena “supondría la pérdida inmediata de la credibilidad de la UEM”, lo que acarrearía ataques adicionales a la deuda soberana periférica: “existe un elevado riesgo de que el contagio pudiese extenderse al resto del sistema financiero europeo, cerrándose aún más los mercados de financiación. Por tanto, que el episodio actual no adquiera tintes más sistémicos pasa por que la solución del jeroglífico griego sea lo menos traumática posible”, concluyen en Banif.

En esas está el Euro, en una crisis de identidad con fuerte contestación social a sus criterios de ortodoxia, austeridad y recortes. Los políticos no dan con la tecla para sacurdirse la crisis de encima. Ni los gobiernos de tecnócratas, ni los ajustes dramáticos, ni los apretones a los bancos (con nacionalizaciones incluidas) han logrado que los datos macroeconómicos afloren alguna mejoría ni, sobre todo, que los mercados otorguen confianza. 

Los inversores, de nuevo, dirigen su mirada, de manera casi suplicante, al BCE, para que detenga la sangría con sus inyecciones de liquidez. También suspiran por ellas los Gobiernos. No en vano, España se vio obligada a colocar Letras ayer a unos tipos demasiado altos. Mientras duró el LTRO (Long Term Refinancing Operation, inyección de un billón de euros de los que la banca española captó casi 400.000 millones) hubo calma en los mercados. Sólo Mario Draghi parece tener la medicina que realmente insufla alivio, aunque se empeña en racionarla. 


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