Economía

¿De vuelta a la burbuja? El BCE quiere incentivar los mismos productos financieros que originaron la crisis

El BCE y el Banco de Inglaterra estudian cómo desbloquear las emisiones de titulizaciones, precisamente el producto que estuvo en el origen de la crisis porque empaquetaba créditos y ocultaba los riesgos. En la actualidad, este mercado languidece en Europa y sólo representa una cuarta parte del estadounidense.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi.
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi. GTres

El BCE y el Banco de Inglaterra estudian cómo desbloquear las emisiones de titulizaciones, precisamente el producto que estuvo en el origen de la crisis financiera porque empaquetaba créditos y ocultaba los riesgos. En la actualidad, este mercado languidece en Europa y su tamaño sólo representa una cuarta parte del estadounidense.

Justo en el momento en el que el BCE pondera una nueva ronda de liquidez para reanimar una economía europea afligida por el fantasma de la deflación, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han producido un documento conjunto con propuestas para facilitar otra vez el uso de las titulizaciones, ésas que escondían en sus entrañas las tristemente famosas hipotecas subprime.

Los títulos respaldados por activos o Asset Backed Securities por sus vocablos en inglés consisten en empaquetar un conjunto de créditos y venderlos mediante papelitos que además proporcionan un tipo de interés igual que un bono. Esta suerte de emisiones se consideraban muy seguras porque en Estados Unidos se desvincularon de las leyes de quiebras, de forma que en caso de bancarrota el tenedor podía quedarse automáticamente con los créditos y sus garantías sin que se viesen arrastrados junto al resto de acreedores en el largo y oneroso proceso de recuperación de las deudas. Además, en EEUU también se presumían muy seguros porque de ordinario se componían de hipotecas respaldadas por la garantía de la vivienda.

Y semejante sensación de seguridad hizo que se extendiesen sin control a cambio de unos pingues intereses. Por obra y gracia de la magia del mercado, un activo ilíquido se convertía en líquido. Los panes y los peces se multiplicaron. Gracias a la ingeniería financiera, los bancos podían conseguir dinero fresco con el que seguir prestando y de paso descargaban de riesgo sus balances. En definitiva, sin hacer saltar las alarmas, el polvorín se hizo más y más grande.

Pero el problema no se quedó ahí. Muchos inversores aprovecharon unos tipos de interés reales extraordinariamente bajos debido la liquidez masiva que inyectaba China para comprar estos títulos a golpe de deuda. Es decir, podían financiar con deuda a corto inversiones a largo y ganar mucho dinero con la diferencia. Esta práctica también se prodigó igual que un manguerazo de gasolina en el polvorín. Hasta que de la noche a la mañana el mercado inmobiliario se paró y encendió la mecha. Con unas viviendas que valían menos que sus hipotecas, los ciudadanos entregaban las llaves de sus casas, acarreando pérdidas multimillonarias y sembrando el pánico entre los inversores.

Por unas titulizaciones de calidad

Entonces, ¿a qué viene eso de que el BCE y el Bank of England quieran incentivar de nuevo el uso de estos productos financieros? El mercado de titulizaciones europeo se ha desplomado a lo largo de la crisis y en estos momentos aproximadamente equivale a un cuarto del tamaño del estadounidense. Y ello a pesar de que la ratio de quiebras de estos productos en Europa sólo ha alcanzado el 1,5 por ciento, frente al 18,4 por ciento registrado en Estados Unidos.

En opinión del BCE y el BoE, sería recomendable fomentarlo porque los bancos podrían obtener más financiación, desprenderse de parte de los riesgos de sus balances y disponer de más capital con el que brindar más crédito (sic), sobre todo a las pymes.

De hecho, las dos autoridades monetarias destacan que se han dado pasos importantes para mejorar la legislación de estos artilugios de ingeniería financiera. Por un lado, se intenta que los bancos retengan una parte del riesgo de ese conjunto de créditos, lo que ofrece mayor seguridad a los inversores de que las garantías sean buenas. Por otro lado, aunque no todavía en la suficiente escala y mucho más caras, poco a poco se emiten más titulizaciones que identifican los préstamos incluidos en los paquetes con nombres y apellidos.

Sin embargo, el documento concluye que estas iniciativas han resultado insuficientes por cuatro razones. En primer lugar, la nueva normativa bancaria de Basilea penaliza más estos instrumentos financieros que otros similares. Segundo y muy importante, los inversores lógicamente todavía estigmatizan estos títulos. Tercero, las agencias vinculan el rating de estos productos al riesgo soberano y no al de los colaterales que lo respaldan por buenos que sean,  en parte por lo difícil que son de valorar. Y cuarto, hacen falta más reformas estructurales que estimulen el crecimiento y por lo tanto la demanda de crédito solvente.

¿Y qué solución se les ocurre a los bancos centrales europeos ante estas barreras? La de discriminar entre los títulos con pocas garantías y aquellos que ofrecen colaterales muy seguros. Se trataría pues de fomentar las titulizaciones con activos subyacentes de alta calidad, que sean transparentes respecto a los préstamos empaquetados y que sean estandarizados y homologados para que cualquiera pueda entenderlos y valorarlos. Voilà.

El propósito del BCE

En Europa, los Asset Backed Securities o ABS no se han empleado para aglutinar hipotecas. Prácticamente sólo en dos países europeos se recurrió de forma masiva a la titulización de hipotecas, en Alemania y España, y se hizo con las llamadas cédulas hipotecarias o ‘pfandbriefe’, que son distintas de los ABS entre otras cosas porque se avalan con casi toda la cartera de créditos del banco.

De modo que en Europa los ABS se han utilizado fundamentalmente para agrupar créditos al consumo, a pymes o incluso facturas. Y dado que en la zona euro precisamente hay un serio problema a la hora de lograr que la financiación fluya hacia las pequeñas y medianas empresas, no es de extrañar que el BCE quiera fomentar estos títulos respaldados por activos.

Al mismo tiempo, el BCE estudia medidas con las que combatir la baja inflación. No puede comprar bonos soberanos sin que se le acuse de financiar Estados. No puede adquirir cédulas hipotecarias porque sólo beneficiaría a España y Alemania. Así que la mejor opción que le queda son los ABS de préstamos a pymes. Sin embargo, como ya hemos advertido, este mercado es muy pequeño y por lo tanto no permitiría una actuación del BCE a gran escala.

El banco que preside Mario Draghi tiene ante sí un reto descomunal, pues ha de desarrollar este mercado con sumo cuidado. Aunque aún puede tardar varios años, la política de generalización de los ABS que recomienda el documento conjunto del BCE y el Banco de Inglaterra conllevaría sacar de nuevo el riesgo de las entidades para hacerlo circular por el mercado. Y si se vuelve a ralentizar la economía y por entonces estas titulizaciones han proliferado, se correrá el peligro de provocar otro pánico.


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