Economía

De visas transparentes a visas black: Así se convirtieron en ilegales

Así es la historia, contada por sus usuarios ante el juez Andreu, de cómo estos plásticos pasaron de ser tarjetas de empresa a un arma de gastos millonarios sin justificación. La frase de Francisco Verdú lo resume todo: "Jamás ví algo igual en 30 años en banca".

Miguel Blesa y Rodrigo Rato.
Miguel Blesa y Rodrigo Rato. EFE

Cuatro días de declaraciones. Veintiséis versiones ante el juez Fernando Andreu sobre la naturaleza de las tarjetas que ex consejeros y directivos de Caja Madrid y Bankia tenían entre manos. Este es el viaje por los interrogatorios que explica la metamorfosis de unos plásticos que empezaron haciendo la típica función de una tarjeta de empresa hasta degenerar en un arma de pago de opulentos gastos injustificados por valor de más de 15 millones de euros. Una minucia frente a la millonaria inyección de más de 23.000 millones de dinero público recibida por el grupo BFA-Bankia. Pero, sin embargo, el mayor ejemplo del saqueo sufrido en las antiguas cajas de ahorros.

En su origen eran "transparentes". El calificativo sale de la boca de Jaime Terceiro, presidente de Caja Madrid durante 8 años (1988-1996). El actual consejero de Bankinter asumió ante el juez Anderu que bajo su mandato se aprobó la concesión de unas tarjetas de representación para los consejeros de la entidad, para compensar gastos en el ejercicio de su función. Corría el año 1988, las cajas de ahorros estaban recientemente liberalizadas, lo que obligó a las entidades a comenzar a equiparar el sistema retributivo con el de los bancos para evitar la fuga de talento.

Fue en ese momento cuando nacen las tarjetas de representación de los consejeros de Caja Madrid, de las que ya disfrutaban los miembros del Comité de Dirección. En sus orígenes estas tarjetas funcionaban como cualquier visa de empresa. Para dar una mínima cobertura a las funciones propias de unos consejeros -"sobre la base del sentido común", ha dicho ante el juez- que sólo percibían dietas de 150 euros por asistencia a cada una de las reuniones del Consejo, con un máximo de 1.800 euros al año.

El funcionamiento de esas tarjetas era "muy simple", y tenían un límite mensual de 600 euros, que se cargaban a la cuenta "Órganos de Gobierno". Según explica Terceiro, el gasto medio mensual por consejero no superó nunca los 250 o 300 euros y que en nueve años no hubo necesidad de subirlo. Además, las visas carecían de pin, por lo que no se podían hacer retiradas de efectivo, como sí sucedió posteriormente.Su control y fiscalización dependía del entonces secretario del Consejo, Ángel Montero, y pasaba un segundo filtro en el departamento de Auditoría de la mano de Manuel Cobo. La austeridad que imponía Montero, según explica Terceiro, llegó incluso a no aceptar facturas de restaurantes por comidas en viernes o justificantes de alojamientos en hoteles con una categoría superior a tres estrellas. Caja Madrid tributaba por estos plásticos al soportar gastos de representación debidamente justificados.

La coloración a 'black' se generó con las sucesivas renovaciones de los contratos de estas tarjetas durante las épocas de Miguel Blesa y Rodrigo Rato. La mayoría de los exconsejeros de la caja, que han declarado a lo largo de esta semana, aseguran que hubo un cambio de naturaleza desde la época de Blesa, cuando las tarjetas comenzaron a utilizarse para gastos personales. Incluso, alguno de los imputados, como Pedro Bedía, llegó a explicar al juez que desde la dirección de Caja Madrid se le "exhortó" a utilizar la tarjeta ante el poco uso que estaba haciendo de ella. "Recibí varias llamadas que me animaron a que la usara", aseveró el ex sindicalista de Comisiones Obreras.

Fue el inicio de la barra libre. De los límites millonarios. A 25.000, 30.000, 35.000 euros anuales, las de menor cuantía. De la falta de control. Ya no era necesario aportar justificantes de los gastos. De la indefinición sobre la verdadera naturaleza del plástico.

Tarjeta de libre disposición para gastos personales. Así lo defienden unos para explicar el porqué aparecen cargos excesivos en ropa, libros, viajes o caros restaurantes. "La tarjeta formaba parte de mi retribución", explicó José Antonio Moral Santín, el político de IU que fundió 456.552 euros durante los años que llevó la black en su cartera.

Este tipo de uso, como complemento salarial, apenas aparece entre las declaraciones del resto. Apenas Francisco Verdú, ex consejero delegado de Bankia, incide en esta vía. Así se lo transmitió Rodrigo Rato -versión que desmiente el ex del FMI- en la conversación durante la que éste le hace entrega de su visa black a Verdú.

Pese a que Verdú se incoporó a Bankia como CEO en junio de 2011, no fue hasta febrero de 2012 cuando recibió la tarjeta. La entrega se produjo apenas un mes después de que el primer decreto Guindos limitará las retribuciones de los consejeros de las entidades nacionalizadas a 600.000 euros anuales. En esta situación se encontraban Rato y el propio Verdú, que veía como su sueldo se reducía a una cuarta parte de lo que aseguraba el contrato rubricado con Bankia. Los 75.000 euros de límite anual de la tarjeta era un 'premio de consolación' para compensar el tijeretazo de Economía.

"En mis 30 años en banca jamás ví algo así", asegura Verdú, que ahora reside en Miami, donde asume su imputación (y fianza) por la salida a Bolsa de Bankia.

A lo largo de la próxima semana, se conocerá el auto de Andreu que detallará sí participarán en la fianza los 19 imputados para los que Anticorrupción ha pedido medidas cautelares. De ser así, estos 19 ex consejeros de Caja Madrid y Bankia participarán de la fianza de 19 millones de euros que ya impuso a los expresidentes de la entidad Blesa y Rato.


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