Economía

El BCE, Alemania y España preparan una encerrona a Varoufakis en el próximo eurogrupo

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, se dirige hacia una encerrona en la que corre el riesgo de sufrir una seria humillación a manos de Alemania y el BCE.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, junto al ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, tras su reunión del pasado viernes.
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, junto al ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, tras su reunión del pasado viernes. EFE

La próxima reunión de los ministros de Finanzas de la zona euro será un auténtico infierno para los nuevos dirigentes griegos. “O cumplen o saldrán muy, muy perjudicados. No se va a aceptar el chantaje de Varoufakis. El BCE ya les ha dado la primera vuelta de tuerca”, explica una fuente al tanto de las conversaciones en las instituciones europeas.

Sarkozy entendía perfectamente que Francia sólo era un país inmune a las turbulencias del euro en tanto en cuanto apareciese en la foto junto a Merkel. En cambio, Hollande quiso salir en la foto distanciado de la canciller, y tuvo que volver a casa para aprobar un plan de ajuste. Así funcionan las cosas en esta eurozona en la que Berlín es el celoso guardián de la moneda única y garante de su financiación a tipos razonables. Cuando teníamos un tipo de cambio propio, el mercado ajustaba por sí solo el valor de la moneda y disparaba la inflación. Pero al tener una divisa común, algunos países pueden ir engordando desequilibrios bestiales ‘sine die’ hasta engendrar la madre de todas las burbujas. Hace falta un vigilante, y ese papel se lo ha arrogado Alemania, el pagano de los créditos que luego ayudan a las economías nacionales descontroladas.

En Grecia, los nuevos mandatarios todavía no se han enterado de lo que les viene encima. Y el momento en el que van a comprobarlo es en el próximo eurogrupo, la reunión de los ministros de Finanzas que se celebrará antes del Consejo Europeo del 12 de febrero y en la que se va a discutir qué hacer con los griegos. Ahí precisamente se necesita una cierta unanimidad y el sí quiero de Alemania. Pero la cosa no pinta bien para los helenos. Este miércoles se dieron tres hechos que ponen en evidencia la encerrona hacia la que se dirigen los nuevos dirigentes de Atenas.

Al igual que hizo con Chipre, España o Irlanda, el BCE vuelve a poner a un país contra las cuerdas para obligarle a atenerse a la disciplina presupuestaria

Por un lado, el BCE anunciaba que no iba a aceptar los bonos griegos como garantía para financiar a los bancos helenos. Las entidades sólo podrán aguantar de pie porque el BCE mantiene la línea de liquidez conocida como ELA por sus siglas en inglés. Aun así, la banca doméstica ya no podrá seguir financiando al Estado, porque no tendría la posibilidad de intercambiar esos títulos por liquidez y se quedaría en sus balances con algo que nadie quiere comprar. Merced a la ELA, el Banco de Grecia sólo podría tomar unos 3.500 millones en bonos según el tope fijado por el BCE. Y esa cantidad se antoja poco para las necesidades de financiación de Grecia.

Al final, sin las compras de bonos de los bancos griegos, Tsipras se quedará pronto sin liquidez y se verá forzado a pedir auxilio. Al igual que hizo con Chipre, España o Irlanda, el BCE vuelve a poner a un país contra las cuerdas para obligarle a atenerse a la disciplina presupuestaria. Ha hecho lo justo para privarlo de fondos sin hundir, por el momento, a la banca. No obstante, tampoco se descarta que en la próxima reunión del BCE se plantee también retirar la ELA, lo que abocaría a la banca griega a la quiebra.  

Al mismo tiempo, Berlín filtraba a la agencia Reuters un documento en el que fijaba su posición de cara al eurogrupo: las deudas se pagan; el salario mínimo y la Troika se quedan donde y como están; hay que privatizar activos por valor de 2.200 millones en 2015; hay que reformar las pensiones para ligarlas a las contribuciones de Seguridad Social; y nada de contratar a funcionarios porque en realidad hay que echar a 150.000 empleados públicos. O sea, ni agua. Bueno, en realidad sí que había una pequeñísima concesión. En lugar del 4 por ciento de superávit una vez que se excluyen los intereses, Alemania concedía un 3 por ciento de objetivo para 2015. Un margen escasísimo y por supuesto del todo punto insuficiente para financiar todos los planes de gasto en pensiones o sanidad.

Sin las compras de bonos de los bancos griegos, Tsipras se quedará pronto sin liquidez y se verá forzado a pedir auxilio

Y tan sólo unas horas más tarde el ministro Montoro mostró su rechazo rotundo a que Grecia no haga frente al pago de sus deudas. "En Europa caben todas las ideologías, pero las deudas hay que pagarlas", declaró el ministro de Hacienda en clara alusión al caso Syriza y a cualquier otro que se quiera dar por aludido.

Con el aliento de Podemos sobre el cogote según las encuestas del CIS, Montoro fue harto expresivo en un foro organizado por Funcas sobre el futuro de la Unión Fiscal: "¿Qué es eso de que me perdonen las deudas?, ¿quién se las tiene que perdonar? La deuda hay que afrontarla. No hay otro camino. No es una política fruto de una ideología. Es fruto de la realidad económica, porque somos socios de un club en el que hay unas reglas y hay que cumplirlas", remachó el titular de Hacienda.

Como se puede apreciar, la posibilidad del acuerdo fácil y rápido que pretendía Syriza sencillamente nunca existió. Los griegos lo van a tener complicado en el eurogrupo, sobre todo porque las primas de riesgo del resto de países están aguantando hasta ahora bastante bien bajo la protección del BCE. El que tiene toda la pinta de salir perdedor de esta lid es Grecia, otra vez.


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