Economía

La vicepresidenta Soraya maniobra para que Álvaro Nadal sustituya a De Guindos al frente de Economía

Sáenz de Santamaría ha iniciado la campaña para que el director de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, tome las riendas de Economía. Sin embargo, esta estrategia presenta un serio inconveniente: en un primer momento Guindos será presidente del Eurogrupo a tiempo parcial y por lo tanto conservará el cargo de ministro en el Gabinete de Rajoy, enfriando la posibilidad de una crisis de Gobierno en esta legislatura. 

Álvaro Nadal y Sáenz de Santamaría en una reunión en Moncloa.
Álvaro Nadal y Sáenz de Santamaría en una reunión en Moncloa. EFE

Soraya Sáenz de Santamaría ha iniciado la campaña para que el director de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, tome las riendas de Economía en sustitución de Luis de Guindos. El movimiento de la vice está diseñado con el fin de reforzar su posición dentro del Gobierno, algo debilitada por el resultado de las elecciones europeas y por las diferencias que mantiene con el grupo de ministros bautizado como el G-5, cuyo denominador común es su relación de amistad con Rajoy.  

Sin embargo, esta estrategia presenta un serio inconveniente: en Economía ya dan por sentado que Guindos se irá en dos etapas. En la primera, será presidente del Eurogrupo a tiempo parcial y por lo tanto conservará el cargo de ministro en el Gabinete de Rajoy. En la segunda, se marchará definitivamente del Ejecutivo al transformarse el puesto de presidente del Eurogrupo en un desempeño a tiempo completo. De cumplirse, este escenario en dos pasos enfría las posibilidades de que los Nadal y compañía puedan repartirse la silla del actual titular de Economía durante esta legislatura. La tan cacareada crisis de Gobierno se vislumbra algo más lejana

Incluso así, Soraya no ceja en su empeño. “La vicepresidenta está promoviendo a Nadal como ministro para ampliar sus apoyos en el Gobierno en un momento en el que está siendo bastante cuestionada por no haber vendido bien la labor del Ejecutivo”, comentan fuentes cercanas al Gabinete de Rajoy.

Y el punto en el que esta maniobra se hizo más evidente fue en la reciente entrevista a Álvaro Nadal en Televisión Española, lanzada por la vicepresidenta apenas unas horas más tarde de que se supiese que Rajoy peleaba por un puesto para Guindos en Europa. Casi en calidad de ministrable, Nadal abandonó su condición de prepotente fontanero de La Moncloa para ofrecer una pose entre melosa y profesoral, bastante alejada del alto cargo que, con cajas destempladas, echa de su oficina a cualquier interlocutor que ose poner en duda su ordeno y mando en pos del interés general. La consigna en el entorno de la vicepresidencia consiste en darlo a conocer, pulir sus muchas aristas y acostumbrarlo a la exposición mediática.

La negociación en Bruselas

Sin embargo, no está nada claro que esta iniciativa de la vice vaya a rendir frutos. Para empezar, porque ésta depende en una primera instancia de que el actual presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, consiga el próximo 16 de julio una comisaría en el nuevo Ejecutivo comunitario, despejando el camino a Guindos. En una segunda instancia, incluso habiendo logrado Guindos el sillón de presidente del Eurogrupo, el puesto aún tendría que convertirse en 'full-time', algo que como ya hemos explicado podría no hacerse hasta más adelante.

Así las cosas, tras vender por tierra, mar y aire sus posibilidades como presidente del Eurogrupo con dedicación exclusiva, el tiro de Luis de Guindos se ha quedado por debajo de las expectativas creadas. El mismo día que el todopoderoso Schaüble acudió al Campus Faes en una suerte de espaldarazo a la candidatura de Guindos, el ministro de Finanzas germano por otro lado declaró en una entrevista publicada en el Financial Times que para Alemania no era una prioridad que se estableciese una presidencia permanente del Eurogrupo. Lo que el teutón dio con una mano, lo quitó con la otra.

Es decir, arrojó un jarro de agua fría a las aspiraciones de Guindos de encontrar un acomodo de prestigio y bien remunerado fuera del Gobierno, un puesto que le sirviese de transición para retornar al sector privado por la puerta grande tan pronto hubiese acabado el periodo legal de incompatibilidades.

De modo que todo apunta a que Guindos habrá de penar un poco más en el Gobierno, a la espera de que el trabajo en el Eurogrupo sea a tiempo completo. Con la urgencia de los mercados relegada a un segundo plano, las directrices de Bruselas cuentan menos. Y eso significa que Guindos cuenta menos. De repente, su Ministerio se le ha quedado pequeño. Una vez zanjada la reforma financiera, el titular de Economía se aburre y está harto, sobre todo de unos enfrentamientos en los que ya no se impone. Todavía inmersos en un proceso de consolidación fiscal, cualquier política ha de recibir el visto bueno del guardián de las cuentas. Y eso conlleva que todo ha de tener el visado de Montoro. Poco a poco y para enojo de Guindos, el ministro de Hacienda se ha erigido en el vicepresidente económico de facto.

Quejas por los 'sorayos'

Pero la cosa no queda ahí. Montoro siente que Rajoy le debe la vicepresidencia económica ahora que la economía mejora y después de haber soportado la larga travesía en el desierto de la oposición a Zapatero. Y a Margallo le gustaría ser vicepresidente como colofón a su carrera. Al más puro estilo de juego de tronos, los pretendientes se prodigan.

No obstante, la vicepresidenta sabe que en esta maniobra se la juega. Nota la presión del partido y de una parte del colegio de ministros que la culpa de no comunicar bien ni la recuperación económica ni cómo se evitó el rescate. Así que se trata de recomponer un poco a su favor el difícil equilibrio de poderes existente en el Consejo de Ministros. Sáenz de Santamaría hace piña con Fátima Báñez y Montoro. Si además entrase Nadal, el grupo ganaría peso. Y podría hacerse incluso más grande de incorporar en algún momento al hermano de Álvaro y secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal. O al hombre de confianza de la vice, Jaime Pérez Renovales. Junto a otros muchos personajes esparcidos a lo largo y ancho de la Administración, constituyen 'el clan de los sorayos', entre cuyos nombres siempre aparecen los de María González Pico, Alfonso Alonso, José Luis Ayllón, Alfonso Senillosa, José María Lasalle, Leopoldo González-Echenique, o Miguel Temboury, entre muchos otros altos cargos. En su mayor parte, este círculo pertenece a los cuerpos de altos funcionarios y pretende encarnar la renovación del Gobierno.

Ahora bien, el problema para la vicepresidenta radica en que el G-5 compuesto por Ana Pastor, Margallo, Jorge Fernández, Soria y Cañete tiene acceso directo al presidente Rajoy. Pueden quejarse y lo hacen a cuenta de la agenda propia que han exhibido 'los sorayos', el desmesurado poder que han cobrado y de las numerosas ocasiones en las que paran proyectos y mangonean.

No en vano, una de las críticas más comunes se resume en que al fusionar la secretaría de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos con la Oficina Económica de Moncloa, Nadal ha eliminado un filtro muy importante, lo que finalmente ha propiciado que todas y cada una de las legislaciones redactadas hayan tenido que reescribirse, si bien es cierto que tuvieron que elaborarse a toda prisa.

Por su cuenta y riesgo, Sáenz de Santamaría ha movido ficha al objeto de recuperar su predicamento en el seno del Ejecutivo. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, no es de extrañar que las tensiones internas se recrudezcan.


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