Berlín y París discrepan sobre si España debe tomar la ayuda

Merkel le pidió a Rajoy que intentase no pedir el rescate para evitar la indignación en Alemania

Guindos irá al Eurogrupo con las cifras autonómicas hechas a toda prisa para mostrar que España cumple. Moncloa baraja que la ayuda del BCE pueda reducir la prima riesgo y así alejar el rescate.

Angela Merkel y Mariano Rajoy, en una rueda de prensa en Moncloa.
Angela Merkel y Mariano Rajoy, en una rueda de prensa en Moncloa. G3ONLINE

El almuerzo de Mariano Rajoy con Angela Merkel en Madrid no resultó tan provechoso como le hubiese gustado al presidente español. Éste pretendía que la canciller alemana fuese más allá de la palmadita en la espalda delante de las cámaras y se comprometiese en privado a brindarle mayores apoyos y menos condiciones. Sin embargo, Merkel esquivó las promesas, insistió en el camino de las reformas y le pidió a Rajoy que intentase evitar el rescate.

Mientras degustaban un pastel de verduras en salsa de puerros y un solomillo al queso de cabrales, la canciller se mostró preocupada porque los contribuyentes alemanes terminen hartos de los continuos desembolsos de ayudas.

Al inicio de la comida, los dos líderes sólo estuvieron en compañía de un traductor de confianza y del jefe de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, cuyo dominio del idioma tudesco impresiona a los germanos. Un poco más tarde, se incorporaron un par de personas más, entre ellos el jefe de gabinete del presidente, Jorge Moragas.   

Sin más rodeos, Merkel explicó que una transferencia de fondos directa a España la colocaría en su país en una situación muy incómoda y que había que demorar el salvamento todo lo posible. La canciller incluso afirmó que, si se llevaban a cabo las reformas, España podía aprovechar la tregua de los mercados auspiciada por el BCE para tomar impulso y escapar del rescate.

De hecho, el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, ya le dijo al titular de Economía español, Luis de Guindos, que la canciller estaba atada de pies y manos hasta las elecciones de noviembre de 2013 y que entretanto había que apañárselas salvando los obstáculos conforme apareciesen. Ayer jueves, el mismo Schäuble dejó muy claro que sería estúpido que España se sometiese a un rescate completo.

No sin ciertas dosis de escepticismo por parte de alguno de sus miembros, la tesis ahora abrazada por el Gobierno español y propiciada por Berlín es la del bazooka, inspirada por el exsecretario del Tesoro estadounidense, Hank Paulson. Al principio de la crisis financiera, éste declaró: “Si tienes un bazooka en el bolsillo y la gente lo sabe, entonces no hará falta dispararlo”.

La idea consiste por tanto en utilizar los recursos del BCE y de los fondos de rescate para amenazar a los inversores con comprar títulos a mansalva y hacerles incurrir en pérdidas si las rentabilidades de la deuda sobrepasan ciertos límites.

El presidente del Banco Central de Chipre y miembro del Banco Central Europeo, Panicos Demetriades, sostuvo el jueves que el BCE podría incluso no tener que adquirir deuda, puesto que la simple amenaza de las compras era suficiente para apaciguar los mercados.

En estos momentos, con el interés pagado por el bono a 2 años en el entorno del 2,8 por ciento, las posibilidades de España de financiarse en los mercados por sí misma ganan muchos enteros. El Frob acaba de emitir sin aviso previo 6.000 millones, y la semana que viene se espera que el Fondo de Liquidez Autonómico solicite al mercado unos 3.000 millones. A este ritmo, algunos expertos auguran que el Reino de España sería capaz de captar los más de 20.000 millones que precisa para cubrir los vencimientos de octubre.

Sin embargo, este ardid no funcionará a la larga si no se avanza en la integración europea y si no hay reformas. Además, algunos críticos destacan que la UE se ha caracterizado por su escasa coordinación para articular respuestas contundentes durante la crisis soberana. De modo que si Europa quiere intimidar a los agentes del mercado, entonces tendrá que apretar el gatillo y dar un tiro, si es posible por sorpresa y con mucho ruido. Sólo eso los convencerá de que el euro es irreversible.

Pero no todos los países comparten esta fórmula. Los franceses se han manifestado más reacios. El presidente Hollande le comentó a Rajoy en la Moncloa que podía esperar y ver hasta la cumbre de jefes de Estado de la UE de octubre. No obstante, el mandatario galo animó a España a tomar el rescate y así poner fin a la incertidumbre y relajar aún más la prima de riesgo.

En cambio, los alemanes opinan que el auxilio a España no está exento de riesgos y que podría desencadenar mayores problemas. A su vez, el Ejecutivo de Rajoy es también consciente de que la petición de ayuda puede abrir la puerta a una espiral de sacrificios según se comprueba que los recortes no surten efectos.

El Gobierno teme que los países de la órbita alemana como Finlandia, Austria u Holanda puedan poner más trabas a cualquier paso que se tome para facilitar una salida a España. Algunas personas del entorno del Gobierno incluso consideran que estos satélites son a veces empleados por Berlín para promover sus intereses al tiempo que evita generar más dudas sobre el euro.

Guindos se reúne este viernes con sus pares de Economía de la zona euro en Nicosia, Chipre, para discutir las condiciones de un futuro rescate. En su cartera, marcha con los datos de ejecución presupuestaria hasta junio de las Comunidades Autónomas, que fueron confeccionados y anunciados ayer a toda prisa por Cristóbal Montoro. Éstos son mejores de lo esperado con un cálculo medio de déficit sin anticipos del 0,9 por ciento, quizás demasiado cercanos al tope del 1,5 por ciento pero lejos del cataclismo presagiado. De este modo, Guindos podrá defender en el Eurogrupo que España transita por el buen camino y que merece una ayuda sin más exigencias.


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