Economía

En contra de las presiones, el Gobierno prepara un 'plan B' para intentar evitar la petición de rescate al BCE

Las horquillas que maneja el BCE para el rescate de la prima de riesgo española son demasiado amplias. Las condiciones que se impondrían, demasiado duras. Así que, por si acaso, Guindos y el Gabinete de Rajoy buscan la forma de hacer frente a los vencimientos del año que viene sin ayuda, con los deberes hechos por Montoro y la bendición de Alemania.

El Gobierno no tiene garantías de que las condiciones que se les imponga al pedir el rescate al BCE sean asumibles. Según fuentes de Bruselas, las horquillas barajadas ahora mismo por el banco central para la prima de riesgo española resultan demasiado amplias y, por lo tanto, no aseguran que la financiación se abarate tanto como le gustaría al Ejecutivo español. Por todo ello y pese a las múltiples presiones de empresarios, bancos y medios, el Gabinete de Rajoy intenta resistirse e, incluso, busca un ‘plan B’ que le permita aguantar sin la ayuda europea.

Europa se pone dura

El ministro de Economía, Luis de Guindos, insistió hace unos meses en conocer cuáles eran las exigencias si España solicitaba que se activasen las compras de deuda. De modo que el presidente del BCE, Mario Draghi, se las trasladó de forma oficiosa, con el visto bueno alemán. Sin embargo, el Gabinete de Rajoy consideró que dichas condiciones eran del todo punto inaceptables.

Hace unos días, Rajoy conversó con Olli Rehn. Durante esa reunión, el comisario europeo conminó al presidente español a que pidiese el apoyo del BCE. Sin embargo, Rajoy reclamó garantías de que obtendría el respaldo alemán para acogerse al paraguas de Mario Draghi, algo que Rehn no le pudo asegurar.

“Francia está ayudando mucho y Alemania ha flexibilizado su postura respecto al cumplimiento del déficit. No obstante, el Gobierno hace bien al no solicitar el rescate. Los alemanes están obsesionados con hacer pagar a los derrochadores del Sur”, explica una fuente comunitaria.

La bala en la recámara

El Gabinete de Rajoy teme que los tudescos aprieten mucho las tuercas, al igual que han hecho con griegos, lusos e irlandeses. Así que, por si acaso Berlín y compañía se empeñan en imponernos un ajuste muy severo, el Ejecutivo español se plantea fórmulas con las que intentar posponer el salvamento y hacer frente en solitario a los abultados vencimientos de 2013. Una suerte de bala en la recámara. La idea, por supuesto, no desagrada en Alemania.

Por el momento, la banca hispana ha aumentado en un solo año las tenencias de bonos del Estado desde el entorno de los 65.000 millones hasta los casi 200.000 millones.

La liquidez ilimitada del BCE a los bancos ha facilitado que éstos se involucren en la causa patria y adquieran títulos de deuda pública a medio y largo plazo con los fondos prestados a corto por Draghi, un negocio peligroso pero que está apuntalando la viabilidad de las cuentas del Reino de España.   

Por un lado, el ‘plan B’ consistiría en hacer los deberes con el déficit público, tarea a la que se ha entregado Montoro. Y por otro, se trataría de ir granjeándose los apoyos para que las subastas susciten demanda y aguantar hasta que se pergeñe una solución europea.

El Ministerio de Economía se echaría a las espaldas esa misión de mendigar un nuevo esfuerzo, pese a que cada vez se antoje más arduo, máxime con las reticencias encontradas para recabar accionistas del banco malo o para prestar al Fondo de Liquidez Autonómico.

Una posibilidad poco realista

Sin embargo, semejante estrategia se antoja prácticamente imposible de llevar a cabo. Ha bastado una crisis política en Italia para disparar la prima de riesgo española, un hecho que precisamente refuerza al Gobierno español en sus tesis, resumidas en que las dificultades de financiación ocurren por el temor a la fractura del euro.

En este sentido, las veleidades de Berlusconi han supuesto una oportunidad para que Rajoy defienda el próximo jueves en el Consejo Europeo la necesidad de avanzar en la integración.

Si además conseguimos colocarnos junto a Italia en la foto, en ese caso se terminaría rescatando a prácticamente medio continente, lo que obligaría a replantear toda la estrategia diseñada por Berlín.  

Sin embargo, los fundamentales de la economía transalpina son mejores que los de España. Disponen de activos que pueden privatizar; hay un bloque industrial en el Norte tan competitivo como los germanos; las familias cuentan con ahorros; su deuda pública está en buena parte en manos italianas; y el Estado presenta un superávit primario, es decir, generan los ingresos para pagar lo que adeudan una vez se excluyen los intereses.

En definitiva, las medidas que han de adoptar son menos duras que las que precisa España. Y para colmo cuentan con Draghi y Monti, dos exGoldman ahora que este banco ha recomendado la inversión en la periferia por ser el único lugar de Europa donde hay tipos de interés positivos. Lo cual significa que si Roma apela al auxilio, Madrid va por delante.

Tregua efímera

A España sólo se le ha concedido una tregua porque el BCE ha desenfundado el cañón y asusta. Los inversores no quieren exponerse al fuego del banco central comprando deuda y sufrir las pérdidas. Sólo eso ha impedido que la prima se haya desbocado como solía pasar antes del anuncio de Draghi.

El diferencial de la deuda española con la alemana repuntó el lunes muy rápidamente, pero la presión luego amainó por si el BCE inicia las adquisiciones de bonos.

La mala noticia es que la integración en Europa se ha paralizado. Los alemanes han diluido la unión bancaria y no están dispuestos a hablar de mayores quitas en Grecia o de eurobonos, al menos hasta después de sus elecciones en septiembre.

Los italianos podrían acabar con un parlamento fragmentado y vulnerable a los populismos. Si los mercados vuelven a hostigar a los transalpinos, a 500 puntos la prima italiana el gasto en intereses del país aumentaría hasta los 45.000 millones.

¿Y si el rescate no funciona?

Aunque el Gobierno de Rajoy tendrá harto difícil librarse del salvavidas europeo, también habrá de prepararse para la posibilidad de que éste no funcione. Porque podría suceder que el BCE no se muestre dispuesto a intervenir en los mercados con la suficiente contundencia, limitado por los alemanes.

De darse tal escenario, los inversores podrían aguardar a que el BCE suba el precio del bono y, en ese instante, empezar a vender, ganar dinero y reproducir las turbulencias. "Al final, todo dependerá de que Francia se muestre muy intransigente con los alemanes y los deje tan solos que éstos no se atrevan a continuar con la disciplina caiga quien caiga", señalan fuentes de Bruselas. 


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