No habrá intervención

Con el apoyo de EEUU, el Gobierno negocia fondos para la banca a cambio de un plan de ajuste a 2 años

Según fuentes de Bruselas, Alemania está abriendo la mano a esta posibilidad empujada por Estados Unidos, pero a cambio exigirá condiciones que se plasmen en los PGE.

Guindos está intentando negociar que la UE inyecte dinero en nuestros bancos sin que ello conlleve una intervención de las cuentas y por tanto severas exigencias. Según fuentes de Bruselas, Alemania está abriendo la mano a esta posibilidad empujada por Estados Unidos, pero a cambio exigirá condiciones que se plasmen en los Presupuestos del Estado en los próximos dos años. Y todo ello transcurría al tiempo que la prensa internacional desataba la histeria sobre España al interpretar unas declaraciones de Montoro como una petición de rescate.    

El farol del Gobierno de Rajoy con los alemanes está surtiendo efecto. Hace apenas un par de semanas, los populares se veían zarandeados contra las cuerdas. Sin embargo, a fuerza de vaivenes en los mercados y peticiones desesperadas a Europa, han conseguido que el resto de socios del euro aprueben la ayuda a nuestros bancos en cuanto han percibido como un hecho inminente el rescate a España. El mismo Montoro ha lanzado en varias ocasiones una suerte de chantaje que irrita sobremanera a los teutones: “A los tenedores de la deuda española les interesa cobrarla íntegramente”.

Poco a poco, está emergiendo un consenso global en torno a la idea de que España es técnicamente demasiado grande como para ser salvada. Pese a las reticencias de los germanos, el G7 de ayer constató una vez más que no habría dinero para cubrir nuestros vencimientos si repetimos los patrones de intervención seguidos por Grecia, Portugal e Irlanda. Además, las cifras más recientes de producción industrial certifican que la incertidumbre sobre el euro está arrastrando a las economías europeas, y éstas al resto del mundo. Y precisamente de eso se están aprovechando los políticos españoles.  

Los populares han puesto a sus embajadas y ministros a explicar en el exterior que el país está adoptando reformas muy profundas, pero que éstas precisan tiempo. Y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría se encargó de trasladar ese mismo mensaje al secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner. Los norteamericanos celebran elecciones en noviembre y no quieren que la economía europea empantane su recuperación. En Washington, ahora suena mucho mejor que en Bruselas el discurso de que es bueno que los ajustes se hagan gradualmente.

De modo que los estadounidenses han pedido a Alemania que arrime el hombro y aporte estabilidad a la débil recuperación mundial. Los germanos ahora no se atreverán a imponer sobre España nada que pueda parecer una intervención y, por tanto, aleje a los inversores del país y precipite el rescate total.

Según fuentes comunitarias, por esa razón se está preparando una inyección a la banca con unas condiciones que sólo atañan al sistema financiero, algo que se puede pactar con el consejo del mecanismo de rescate permanente, que entra en vigor el 1 de julio. Sin embargo, tanto la Comisión como Berlín pretenden cobrarse por otro lado los favores a España. Presionan para que el Gobierno de Rajoy suba el IVA, adelante el retraso en la edad de jubilación, reduzca las prestaciones por desempleo y elimine la ayuda a la vivienda.

Frente a esto, el Ejecutivo español argumenta que justo ahora atravesamos una recesión y estas medidas deprimirán más la actividad. Montoro es el principal defensor de la tesis de que necesitamos tiempo. Cualquier ahorro estructural, como por ejemplo la redefinición de las administraciones territoriales, requiere un diseño más pausado. De ahí que fuentes europeas apunten a que los ajustes se puedan comprometer en las nuevas cuentas bianuales que Bruselas nos está obligando ya a redactar con el fin de concedernos un año más para estabilizar el déficit. El Gabinete de Rajoy incluiría éstas y otras medidas en esos Presupuestos… Pero al menos podría hacerlo en dos años.

De este modo, España fusionaría en una sola las negociaciones de dos procesos distintos: por un lado, el de la recapitalización de la banca y, por otro, el de la relajación en un año de la meta de déficit a cambio de más iniciativas que aseguren el cumplimiento. 


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