Economía

De los datos inflados al círculo virtuoso: el Plan de Estabilidad del Gobierno en siete puntos

El Gobierno envía a Bruselas unas previsiones económicas algo infladas, a la espera de un ciclo virtuoso puesto en duda por los últimos datos de la EPA pero que bien podría ser impulsado por la actuación del BCE.

El Gobierno envió el pasado miércoles a Bruselas su Plan de Estabilización con unas previsiones económicas algo infladas, algunos ajustes públicos poco creíbles en plena carrera electoral, una reforma fiscal poco ambiciosa y ninguna medida contundente para ayudar a corregir el paro.

Y todo ello a la espera de una intervención del BCE, unas metas menos exigentes de corrección del déficit en 2015 y una reactivación del ciclo virtuoso que podría producirse con menos fuerza de lo esperado, máxime después del pequeño jarro de agua fría que han supuesto la última EPA y las cuentas públicas hasta marzo.

Primero, el cuadro macro y el empleo: pese a que Luis de Guindos anunció en un corrillo con periodistas que la Comisión Europea avalará las previsiones económicas del Gobierno, éstas pintan a día de hoy algo infladas. Si bien la afiliación a la Seguridad Social marcha bien y se percibe que se puede crear empleo a tasas del PIB más bajas, la última EPA ha sembrado dudas sobre el vigor de la recuperación. Entre octubre y marzo se destruyó todo el empleo que se había generado entre abril y septiembre. Y semejante hecho plantea hasta qué punto la creación de puestos de trabajo vendrá demasiado marcada por la estacionalidad y la precarización, lastrando en consecuencia la demanda interna.

Por mucho que mejore la contratación a tiempo parcial, todavía cuesta ver en términos EPA esa robusta creación de 200.000 puestos de trabajo en 2014 y 400.000 en 2015. ¿Acaso se vislumbra un sector que pueda tirar tanto del empleo? Es más, esas cifras de ocupación implicarían que el empleo crece prácticamente al mismo ritmo que el PIB y que por lo tanto la productividad no crece. Como explica Jesús Fernández-Villaverde, profesor de la Universidad de Pensilvania, “significaría que el empleo que se consigue es de bajo valor añadido y muy sujeto a los cambios de ciclo. A medio plazo no es algo sostenible”.

Segundo, la mejora de las exportaciones, la inversión y la construcción: de acuerdo con los cálculos del Ejecutivo, las exportaciones crecerán en 2014 y 2015 a ritmos entre el 5 y el 6 por ciento, por encima del crecimiento de los países que son destino de nuestras exportaciones, tal y como reconoce el Gobierno en su documento. Una velocidad de crucero difícil de sostener al tiempo que la zona euro crece tan poco, el euro sigue tan alto y las empresas tienen un tamaño medio que resulta demasiado pequeño para la exportación.

La inversión alcanzará en 2015 un avance del 3 por ciento, según los pronósticos del Gabinete de Rajoy. Diversos economistas de prestigio apuntan que durante la crisis la inversión productiva se ha frenado y marcha por detrás de las exportaciones pese a que históricamente siempre han trazado trayectorias similares. De modo que lo lógico sería que tarde o temprano ésta se recuperase y fuese de la mano con el sector exterior. Un fenómeno que según algunas fuentes gubernamentales empieza a ocurrir si se atiende a la mejora de las importaciones de bienes de equipo, necesarias para la inversión. Además, la llegada de capitales financieros también suele terminar estimulando la inversión productiva.

Sin embargo, ante estos argumentos, otros expertos señalan que en la actualidad existe bastante capacidad ociosa y que por lo tanto lo más probable es que la inversión tarde algo más en recuperarse. En cambio, sí que parece plausible que la construcción retorne a tasas positivas en 2015 tal y como sostiene el Ejecutivo, aunque al proceder de unos niveles muy bajos no generará mucha ocupación.

Tercero, ¿qué sucede con el ejercicio 2015? Para el año que viene el Gobierno prevé un crecimiento del 1,8 por ciento. Sin embargo, esta proyección choca con la del Banco de España, que indicaba hace un mes que la economía avanzaría en 2015 un 1,7 por ciento, pero que este cálculo no contemplaba que había que recortar el déficit hasta el 4,2 por ciento y el efecto depresor que esos ajustes podían causar sobre el crecimiento. Sin embargo, en el Plan de Estabilidad, el Gobierno argumenta que en un contexto de crecimiento y calma en los mercados los recortes no tendrán un impacto contractivo igual al que ocasionaron durante la recesión. Así que el debate está abierto y no es una cuestión baladí, porque como veremos a continuación la clave de estos planes de estabilización se halla en cuánto se crece.

Cuarto, el enjuague del gasto a fuerza de crecimiento del PIB. La idea del Ejecutivo consiste en que no hará falta recortar el gasto total para poder rebajar el déficit. Habrá que recortar en unas partidas como los salarios o los consumos intermedios para compensar el alza de otras como las pensiones o los intereses de la deuda, que subirán en tanto en cuanto la deuda en circulación siga aumentando. Así, la remuneración de asalariados se rebajará a razón de unos 1.600 millones en 2014 y otros 1.300 millones en 2015, simplemente con la no reposición de los empleados jubilados. Pero en su conjunto tan sólo basta con que los desembolsos se moderen al tiempo que la economía crece, de forma que el crecimiento diluya el gasto público en relación con el PIB sin que hagan falta mayores esfuerzos presupuestarios. De ahí que en la narrativa del Gobierno sea esencial que el crecimiento se consolide de verdad.

Por otra parte, según los cálculos que ofrece el Ejecutivo, hay que dar un tijeretazo de más de 6.000 millones en 2014 y de más de 4.000 millones en 2015 con el fin de neutralizar los repuntes de otras rúbricas. Sólo que está por ver que eso se consiga inmersos en un año electoral. De momento, gracias a la autorización de Montoro, los ayuntamientos podrán invertir los remanentes obtenidos en 2013 en inversiones y en contratar de cara a los comicios municipales, por lo que difícilmente se podrá contar de nuevo con esos 4.000 millones que obtuvieron de superávit. Por no hablar de que ya en los dos primeros meses del año las Comunidades Autónomas han duplicado su déficit respecto al que acumulaban el año pasado.

Quizás por eso, en varias ocasiones el Plan de Estabilidad recoge que se exigirán nuevos ajustes a las CCAA en el próximo Consejo de Política Fiscal y Financiera. Por si acaso, como tareas pendientes para las Autonomías entre 2014 y 2015, Hacienda les asigna en el Plan de Estabilización un ajuste de unos 4.000 millones por el lado de los gastos y de otros 3.000 millones por la parte de los ingresos. Un ajuste que se antoja francamente complicado con unas elecciones de por medio. Y para los ayuntamientos fija un recorte de 4.500 millones en los desembolsos y un incremento de ingresos de 2.000 millones, muy probablemente ligados a otra subida del IBI tal y como sugirieron los expertos de la reforma fiscal.

Quinto, el agujero de las pensiones. Los números que tienen una justificación más difícil son los de la Seguridad Social, cuyo desfase presupuestario se reduce en 2015 hasta el 0,6 por ciento del PIB a pesar de que las cotizaciones caen y los gastos se elevan empujados por la demografía y unas prestaciones nuevas cada vez más altas. Por un lado, la congelación de las revalorizaciones de las pensiones al 0,25 por ciento únicamente ahorra unos 600 millones en 2014 y otros 900 millones en 2015. Y por otro, pese a que se creará empleo y que se han adoptado medidas para aumentar los ingresos en 1.000 millones en 2014 y en otros 1.000 millones en 2015, el dinero en caja por cotizaciones apenas repunta unos 1.000 millones en 2014 y otros 2.000 millones en 2015. En principio, se trata de unas cantidades insuficientes para poder rebajar el déficit cuando a fecha de abril el crecimiento proyectado de la nómina de las pensiones supera los 3.000 millones anuales.

Sexto, una reforma fiscal poco ambiciosa. Respecto a los ingresos tributarios, éstos engordan un 4,6 por ciento hasta marzo incluso con una inflación baja. De mantenerse ese ritmo, se recaudarían unos 8.000 millones más, por debajo de los 12.000 que se pretenden obtener para reducir el déficit al 5,5 por ciento del PIB. No obstante, el Gobierno espera que durante el segundo y tercer trimestre la actividad se acelere y eso se note en la caja. La dificultad más bien reside en el 2015, año en el que habrá que aumentar la tributación ingresada en unos 11.000 millones a la vez que se rebajan impuestos.

De ahí que el Gobierno vaya a plantear una reforma fiscal mini. Por el momento, según aseguraron fuentes de Hacienda, sólo se sabe que el efecto neto de la rebaja del IRPF en las cuentas de un año ascenderá a los 2.500 millones, esto es, lo que la Agencia Tributaria dejará de captar teniendo en cuenta tanto la bajada como los efectos de segunda ronda en la actividad y, por ende, en mayores ingresos. Es más, fuentes conocedoras mantienen que se aplicará una rebaja que oscilará entre los 4.000 y los 5.000 millones en un año, la cantidad mínima para que la reducción de impuestos sea perceptible por el votante.

En Sociedades, el efecto neto del recorte se calcula en torno a los 2.500 millones entre 2015 y 2016. Sólo que todas estas rebajas de impuestos se compensarán en parte con subidas como la tasa Tobin, las alzas de cotizaciones antes mencionadas, impuestos verdes, el IVA sanitario que incluye gafas y lentillas, y quizás más IBI. A juzgar por los números que se ofrecen, también cabe deducir que se deja igual Patrimonio y Sucesiones y Donaciones.

Al contrario que Francia, que ha aprobado un recorte del gasto brutal a cambio de una gran rebaja de cotizaciones, España no optará por la devaluación fiscal pese a lo beneficioso que podría resultar para el empleo, sobre todo si se concentra en los salarios más bajos y sensibles a los costes. Como gato panza arriba, el Ejecutivo no quiere hacer experimentos y sostiene una y otra vez en el texto que ya está poniendo en práctica un reequilibrio de la imposición de modo que tengan más peso los indirectos, escamoteando todo lo que ha subido Renta, cotizaciones o Sociedades. Esgrime la recién estrenada tarifa plana para justificar que ha recortado las cotizaciones y que por lo tanto ya ha implementado una suerte de devaluación fiscal. Sin embargo, la Comisión ha sido crítica con esta tarifa y plantea que se haga una aminoración más generalizada y sin condiciones como la de mantener el empleo dos años. En definitiva, Hacienda no quiere arriesgarse y planteará una reforma fiscal bastante más cicatera que la propuesta por los expertos de la Reforma Fiscal.

Séptimo, el ciclo virtuoso.Cristóbal Montoro siempre recuerda que el ajuste que se emprendió en 2012 era inaplazable ante la presión de los mercados. Pero que durante 2013 la ralentización de los ajustes ha sido imprescindible para recuperar el crecimiento. El siguiente paso se basa en asegurar un círculo virtuoso fomentado por una mejora de la financiación y las expectativas.

Por ejemplo, en 2002, con el mismo número de ocupados que hay ahora, unos 16 millones, se compraban unos 1,8 millones de turismos al año. En cambio, ahora únicamente se adquiere la mitad. Si bien es cierto que en la actualidad los hogares y empresas están más endeudados y que los salarios bajan, también cabe esperar que en cuanto regrese la confianza haya una mayor renovación del parque móvil. Y así podría ocurrir con otros tantos productos, generando una espiral de crecimiento.

Las alzas sobre los parqués también desempeñan un papel fundamental, ya que elevan sustancialmente la riqueza de las familias y recapitalizan a las empresas, que a su vez disponen de mayor crédito y tienen más facilidad para invertir. Si a ello unimos que se espera que pronto intervenga el BCE en los mercados, facilitando la liquidez, aliviando la subida del euro y provocando algo de inflación que haga más llevadera la carga de la deuda, entonces el panorama puede dar un giro sustancial, máxime cuando en 2015 por primera vez repuntará el crédito en cuanto acaben los test de estrés.

No obstante, este círculo virtuoso seguirá enfrentado a obstáculos como el efecto de los ajustes públicos y privados, el excesivo endeudamiento, la inflación baja, el retraso de la inversión, la precarización del empleo, la caída de la población activa ligada al envejecimiento y un paro alto y con un elevado componente estructural y, por ende, permanente. De la fuerza que logre tomar ese ciclo de reactivación dependerá que el Plan de Estabilización realmente se cumpla. Por el momento, está un pelín cogido con alfileres y podría beneficiarse de que Francia no cumpliese con su ambicioso plan de recortes, lo que acabaría provocando una nueva ronda de relajaciones de las sendas de consolidación fiscal.


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