Economía

El PIB habría caído un 0,4% en el primer trimestre de no haber subido el consumo público un sorprendente 4,4%

De acuerdo con el análisis del Instituto de Flores de Lemus, el Producto Interior Bruto habría entrado en terreno negativo si no fuese porque el sector público ha tirado de la economía. Los analistas destacan que el consumo de las Administraciones no se había disparado así desde hace 20 años.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. GTRES

La economía española creció entre enero y marzo de 2014 un 0,4 por ciento, el doble que la media de la eurozona. Y hasta ahí las buenas noticias, porque otros datos no se antojaban en cambio tan positivos. De hecho, según el Instituto Flores de Lemus, el PIB habría caído un 0,4 por ciento de no ser por una “sorprendente” subida del 4,4 por ciento en el consumo público, un incremento que no se había dado en las series desde hace unos 20 años y que representaba un aumento del gasto de las Administraciones en torno a los 2.200 millones de euros en tres meses.

El dato podría ser coherente con el hecho de que el empleo de las Administraciones Públicas según la EPA haya aumentado en 11.000 personas. Y semejante alza ocurre después de que a finales de 2013 el consumo público se desplomase un 3,9 por ciento trimestral. Si al cierre de 2013 el gasto se recortó muchísimo y a principios de 2014 el gasto se disparó muchísimo, entonces resulta fácil concluir que se están trasladando desembolsos de un año a otro. Así que los partidos de la oposición enseguida se lanzaron al cuello de Montoro, acusándole de trilerismo con las cuentas públicas por aplazar facturas.

¿Significa esto que el PIB está cocinado y que se están maquillando las cuentas públicas? En lo que respecta al crecimiento, la variable principal que hay que examinar es el empleo. En contabilidad nacional, con los guarismos desestacionalizados y por lo tanto sustraído el efecto del calendario, la ocupación trimestral aumentó un 0,1 por ciento en puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo. Por afiliaciones a la Seguridad Social, el empleo aumentó un 0,6 por ciento trimestral. Ambas cifras se antojan coherentes con un avance del PIB del 0,4 por ciento. Según algunos expertos consultados, el dato de crecimiento marcha en consonancia con la evolución de la mayor parte de los indicadores. A todas luces, una reducción del empleo privado de sólo el 0,1 por ciento como la que se ha registrado en el primer trimestre de 2014 no casa con una caída del PIB del 0,4 por ciento tal y como sugiere el Instituto Flores de Lemus, pues eso significaría ni más ni menos que el empleo se comporta mejor que el PIB y que por lo tanto, por esa regla de tres, se podría incluso crear empleo con la economía cayendo. O sea, imposible.

El problema más bien radica en que los datos de consumo público suministrados por la Intervención tienen un difícil encaje con el resto de indicadores. La explicación oficial del Ministerio consiste en que el año pasado se empezaron a contabilizar los gastos corrientes de las Comunidades mes a mes, en una suerte de proceso de desestacionalización. Así, en lugar de esperar al final del ejercicio para anotar muchas de las partidas libradas por las Autonomías, Hacienda comenzó el año pasado a distribuir el gasto de las Comunidades uniformemente a lo largo del año, imputándolo sin esperar a que se lo comunicasen hacia el cierre del curso presupuestario tal y como era habitual antes. En este sentido se explica que la Comunidad de Madrid se quejase de que su déficit estaba engordado porque les contabilizaban desembolsos en los que todavía no habían incurrido.

La idea es que ahora el cómputo se reparte a lo largo del año y por lo tanto la contabilidad obedece a una evolución presupuestaria más normal: cuando se acaba el ejercicio no hay dinero y por consiguiente ya no se gasta, pero cuando se reinicia el año presupuestario sí que lo hay y se vuelve a tirar con alegría de la chequera.

No obstante, este hecho requiere una explicación detallada por parte de Hacienda y la Intervención. Y en cualquier caso, el repunte del gasto público parece una mala noticia en un contexto de consolidación fiscal.

Con un alza del 0,7 por ciento entre enero y marzo, la demanda nacional tomó el relevo de la internacional, que descendió un 0,2 por ciento. Por un lado, un euro fuerte, la pérdida de fuelle de los emergentes y el frenazo de las economías de Francia e Italia han perjudicado a nuestras exportaciones, que disminuyen trimestralmente un 0,4 por ciento. Por otro, el consumo de los hogares crece un 0,4 por ciento, aunque lo hace a costa de una poco saludable caída del ahorro.

Y si bien la inversión se recortó un 0,6 por ciento en el trimestre lastrada por una construcción que volvía a ajustarse, la compra de bienes de equipo se elevó un 2,4 por ciento, lo que supone una señal de que las empresas se están preparando para una mejora de la economía, hecho que a su vez explica parte del fuerte avance de las importaciones. Es más, la economía española siempre ha necesitado aumentar las importaciones para exportar más.  

Entre las malas noticias, el PIB nominal de España, ése que se registra después de la inflación y que es fundamental para pagar la deuda, todavía no se encuentra en tasas positivas. Así las cosas, la mejora de la economía aún ofrece ciertas dudas sobre su solidez. 


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